Aprendamos

Carlos Andreu Pintado

Publicado el 15/11/2021 a las 07:47

Vivimos tiempos de indignados. De tener que pedir disculpas antes de que suene el despertador porque alguien se ofenderá por cualquier cosa que digas, por la compañía para la que trabajas, por aquello en lo que crees, o por lo que representas.

En USA esto es normal desde hace mucho. Pero -creo- que por la pasta. Resbalas en la esquina de Lexington Ave con la calle 49 y te llueven tarjetas de abogados que van a reclamar al Ayuntamiento de NuevaYork, al contratista que arregló la esquina, al fabricante de las baldosas y al mismo Cielo por haber hecho que lloviera esa mañana. Bronca, odio y enfrentamiento al alcance de la mano. Por un puñado de dólares.

Pero un día, alguien mete mal una marcha, pisa el acelerador de uno de esos coches grandes, ostentosos que dirían los amantes de la ofensa, y mata a una niña. De cinco años. Y los padres que la pierden, que tendrían todo el derecho del mundo, ellos sí, todo-el- derecho-del-mundo, a estar ofendidos, no lo están. No anuncian demandas, no condenan a nadie, no lanzan su ira contra nadie. Ni contra la conductora, ni contra el Ayuntamiento, ni contra la marca de coches, ni contra el fabricante de la caja de cambios. No. Perdonan. Y no sólo eso, sino que consuelan a la conductora. Y nos dejan mudos, abrumados, con la marcha cambiada.

Es imposible ponerse en la piel de ellos. Imposible. Enterrar a un hijo no es natural. Pero su ejemplo nos remueve, nos devuelve la esperanza en una humanidad acostumbrada a preparar el cadalso ante el más mínimo roce. Aprendamos -y yo el primero- de su ejemplo. Gracias.

Carlos Andreu Pintado

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