La tortura de la burocracia

Fernando Alvira Iraizo

Publicado el 02/08/2021 a las 07:54

¡Qué difícil es volver a España! U1, nóminas, impuestos, P45, P60, teléfonos sin agente al otro lado, páginas web llenas de jerga legal, inútiles caminatas de unas oficinas a otras y otros tantos documentos y gestiones que ni siquiera recuerdo, sumado a lo innecesariamente tediosa que resulta la burocracia en este país, hace muy complejo volver.

Sé que suena a tópico, pero es cierto, la burocracia en España es una auténtica tortura para el ciudadano.

Yo soy científico y he trabajado en el Reino Unido durante los últimos 3 años. Créame que allí he sido feliz y he tenido muy buenas experiencias, pero tampoco es el paraíso. Eso sí, en cuanto a la realización de gestiones públicas, nos llevan una seria ventaja. Allí pedir el paro es sencillo, pero hay que ir cada dos semanas a demostrar que estás buscando trabajo. Allí vender un coche es sencillo y no hace falta pagar tasas a tráfico, porque al fin y al cabo es mi coche y hago con él lo que me da la gana y ustedes no tienen porque llevarse ni un duro de lo que yo haya comprado con mi dinero. Allí pedir cita para vacunarse se hace en 3 minutos, aquí llevo 10 semanas esperando y, decenas de llamadas después, sigo sin la segunda dosis. Allí llamas por teléfono al servicio de empleo y alguien te atiende mientras que aquí la oficina está vacía, y se ve que lo de tele-trabajar no ha arraigado de la misma manera. Pero repito, aquello no es el paraíso y España tiene grandes cosas que, a pesar de todo, me han hecho volver a casa.

Curiosamente, los gobiernos se hinchan de orgullo cuando hablan de los científicos que se forman en España y de lo importante que es recuperar el trabajador cualificado que, por falta de trabajo, ha tenido que irse a otro país. Sin embargo, llegado el momento, se nos hace casi imposible tener un retorno sencillo. Yo he venido a España con una intención clara, encontrar un trabajo digno de científico. Para ello, necesito optar a la prestación por desempleo para tener tiempo de buscar en las mejores condiciones. Sin embargo, no tengo derecho hasta que trabaje al menos un día en España. Estará conmigo en que esto es de lo más absurdo y que esa prestación me la he ganado por derecho propio. Y este es sólo un ejemplo de muchos.

No se sorprendan si los científicos, ingenieros y enfermeras no quieren regresar a España, hacen muy difícil la vuelta, y la vida es demasiado corta como para pasarla entre las ventanillas A y B o lidiando con los formularios rojo y azul...

Espero que esto sirva de algo.

Fernando Alvira Iraizoz

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