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Dictadura y libertad a la carta

  • Javier M. Elizondo Osés
Publicado el 01/08/2021 a las 08:53
Me veo, una vez más, sorprendido por la actitud (y escasa aptitud, todo sea dicho) de los grupos políticos para no decir las cosas de forma clara, respecto a las dictaduras, y para usar la libertad en función de sus intereses (si esta fuera persona de entendimiento y no una mera expresión de principios, estaría en una isla desierta, alejada del ser humano, desde el principio de los tiempos). Ya no te digo nada respecto al manoseo del concepto “democracia”. Náuseas da oírlos.
No somos idiotas, creo, y estamos hartos de aguantar tantas elucubraciones en los manejos lingüísticos “para llevaros el pienso a vuestro morral idealista”, pues sois corriente de opinión que -por la posibilidad directa que tenéis para salir en cualquier tipo de medio de comunicación, sin restricciones- creáis una nefasta influencia en la base social, cualquiera que sea, que, desgraciadamente, tiende a creeros de modo directo sin pararse a pensar o informarse debidamente del devenir de la Historia contemporánea que, al menos en el último siglo XX y éste, gracias a periodistas e informadores, así como escritores independientes, que se han jugado literalmente la vida (muchos de ellos la han perdido), podemos tener una base real para tomar nuestra propia opinión, al margen de manipulaciones tendenciosas de nuestros dirigentes, sean del signo que sean, hayan estado/estén o no, en responsabilidades de gobierno.
Una dictadura, a mi racional entender, es la imposición de un régimen de gobierno por el cual se atiende exclusivamente a un interés definido y nítido, abocado a la perpetuación en el poder, a través de cualquier medio que conlleve a que la población, en general, se aborregue o se adapte, sin fisuras, al “ordeno, mando y tú, pequeño mortal, acatas, o te atienes a las consecuencias”. Imposición derivada normalmente por la vía militar (en formato revolución o directamente castrense), aunque, desgraciadamente, tenemos muchos casos, hoy en día, en los que un supuesto régimen democrático, sobrevenido -supuestamente- de las urnas, deriva hacia el mismo concepto a través de personajes oscuros (negros en su materia gris, como demuestran sin sonrojo con la exposición de sus incompetencias humanas y profesionales -en cualquier ámbito-) de tendencias nocivas hacia cualquier tipo de oposición o criterio discordante, da igual que se pongan las odiosas etiquetas de derecha, izquierda, centro o “rebotados”. La pared del frontón en el que juegan todos, es la masa social, y depende del “pelotari” para que los golpes los reciba el ámbito de pared que les interesa. Y comoquiera que hay una zona de pared que queda exenta de los golpes, esta se alegra de los golpes que recibe la otra, sin querer darse cuenta que habrá cambios de “pelotaris” y que lo que sufre, realmente, es toda la pared… hasta que pueda llegar a caerse.
Detrás del discernimiento de una dictadura, estarán las razones que se quieran esgrimir de porqué se ha llegado a eso, de las responsabilidades - normalmente repartidas en función de lo que a cada cual le interese- y de las consecuencias. Pero estas son siempre las mismas: estás abocado a marcharte de tu país (si tienes suerte de verlo venir a tiempo, y medios para ello -o sin medios cuando no queda otra-) o ir a parar a una cárcel, o perder la vida, si no te adaptas a la situación y muestras “fervor patriótico”… y, siempre y cuando, no seas denunciado por cualquier interés ajeno, muchas veces muy cercano a ti, ya que un pilar de las dictaduras se basa en el concepto de masa social que actúe como vigilante directo (la forma más económica que existe, y a la cual se prestan infinidad de personas, a coste nulo para ellos, y muy alto para sus denunciados).
Lo dicho, tiene ejemplos - sangrantes- en todos los colores, y en todo tiempo. Así que no me vengan con historietas a la medida de cada cual.
Javier M. Elizondo Osés
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