Barbacoas en Sorogain

Juan de los Ángeles Cirauqui

Publicado el 23/07/2021 a las 08:01

Euskera, árabe y castellano con indudable acento de Latinoamérica se escuchaban el sábado 3 de julio en las barbacoas de Sorogain. Daba gusto la multiculturalidad y el multilingüismo acompañando a las viandas en un entorno idílico. Al mismo tiempo sorprendía la cercanía del fuego con las hayas en un mes en el que los incendios son ya invitados probables. En mi camino hacia el albergue, llamé a Emergencias para cerciorarme de que estaban permitidas y me confirmaron que allí sí, que en otros sitios no. ¿No lamentaremos un día no muy lejano la permisividad de la legalidad? Las ramas evidentemente quemadas de las hayas próximas a las barbacoas, sobre todo de las del lado más cercano al boscaje y no al riachuelo, lo avisan. Y como historia reciente, febrero de este año: nadie pensó que Baztan, una zona tan verde y fresca, de más que abundante pluviometría, podría ver llamas en Erratzu, Arizkun o Alkurruntz. Pero así fue. Y el fuego es como la inconsciencia humana: una vez que prende, se inflama y devora, ciego y sordo, con el ímpetu implacable de la destrucción. En el Vedado de Eguaras lo estamos viendo, por si nos quedaba duda.

Rezan las notas de prensa del Gobierno de Navarra sobre las campañas contra incendios que se activan “con la incorporación de personas contratadas en parques de bomberos”, “que refuerzan dispositivos humanos y amplían los efectivos”. Muy necesario, pero ¿y la prevención? Por aquello de que es peor lamentar. Otro ejemplo de actualidad: el botellón, chispeante polvorín del covid. Si las autoridades hubieran hecho cumplir la normativa, la quinta ola no se hubiera dado de esta manera. Los perjudicados, que somos todos y sobre todo, hostelería y turismo, hubiéramos estado más resguardados con unas instituciones expeditivas con la ley: beber en la calle es una infracción. Pues que se note. Pero el talante pseudo-progresista -la dejación rasa vestidita como la mona: de postureo y seda-, lleva a las autoridades a la laxitud.

Entiendo que las barbacoas sean buen plan en unos meses en los que poco se puede hacer para escapar de la pesadilla covidiana, pero no lo son medioambientalmente. Y la naturaleza no es nuestro decorado, sino la única casa que tenemos. En Alemania y China, por desgracia, lo saben con las riadas. Pero hasta que el agua, o el fuego, no llaman a la puerta, no va con los políticos. Y entonces solo caben lamentos y promesas de exhaustivas investigaciones que jamás tienen consecuencias reales, seguidos de brindis (ahora se llaman “planes estratégicos”) por lo excelentemente que se reconstruirá o repoblará.

Porque en el fondo, los políticos buscan una salida en un laberinto que no entienden: la gestión de la cosa pública natural/rural. El 20 de julio la presidenta Chivite presentaba el autobús de la repoblación rural (¿no recordaba a las caravanas de hombres y mujeres de hace 50 años?). La iniciativa incluye, atención, rural proofing: “Pionera a nivel estatal, para identificar y proponer modificaciones en la legislación actual de cara a impulsar el desarrollo de las zonas rurales”. Apunte entonces el Gobierno mi contribución al rural proofing: hay opciones más cabales, con menos ínfulas, muy inmediatas y mucho más baratas para el contribuyente que sus parafernalias. Como revisar si las barbacoas en determinados sitios no son tan legales como tremendamente peligrosas. Ojalá Sorogain y Navarra sigan siendo espectaculares, sin devenir en un remedo histriónico, quemadas y taladas, a las que el Gobierno solo sabe tachonar con iniciativas de terminología inglesa tan pedante y vacua como ellos. ¿Rural proofing? Sorogain’s barbecues. La ignorancia sobre lo que sucede en la tierra que se gobierna no se camufla con inglés, dear distinguished & disgraced politicians.

Juan de los Ángeles Cirauqui

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