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Esos insolidarios jóvenes

  • Carlos Amat Larraz
Publicado el 22/07/2021 a las 07:54
Como padre de familia, con dos vástagos ya graduados y adultos, me gustaría poner de relieve la gran carencia de formación humanista que se da tanto en los colegios, como entre los graduados universitarios. Esto es algo que, a día de hoy, esta perfectamente aceptado dentro de la lógica de rentabilización de esfuerzos y de tiempo, encaminados a la obtención de unos conocimientos técnicos que han de servirles para el ejercicio eficaz de la profesión para la que se están formando.
Sin embargo, apenas se tiene en cuenta el hecho de que vivimos en medio de una civilización en la que nuestra convivencia, sistemas políticos, leyes e, incluso, nuestro propio idioma, provienen de una concepción del mundo profundamente judeocristiana. También que a veces la relación futura de un profesional con sus clientes-pacientes no será nunca fácil sin una preparación previa más humana.
Pero me gustaría también, en un ejercicio muy poco común en los últimos tiempos, el entonar un mea culpa hacia mí mismo y hacia otros muchos padres de mi generación. Y reivindicar que estos jóvenes solo son una consecuencia directa de nuestras propias enseñanzas. El mínimo esfuerzo, la abdicación sistemática ante muchos antojos y el bajo nivel de exigencia (tanto en labores del hogar, como en las de fuera de casa) ha sido la tónica imperante, desde hace mucho tiempo.
Ahora, durante el desarrollo de la actual pandemia que sufrimos, se ha puesto de relieve la insolidaridad manifiesta de grupos de jóvenes (de entre 12 y 30 años), así como su total ausencia de empatía y consideración ante las desgracias ajenas e, incluso, hacia las propias. Algo que ya esta provocando una inesperada quinta ola pandémica y más muertes. Sus descontrolados botellones, relaciones masificadas, “fiestorros” que tienen lugar mientras cientos de personas luchan por su vida en las UCI de los hospitales, desde hace meses y muchas personas adultas se la juegan a diario en atenciones -médicos , farmacéuticos, enfermeras, cuidadores … -.
Seguramente con un poco más de exigencia y disciplina, por parte de padres y educadores, así como unas mayores dosis de responsabilidad y de trabajo solidario, se hubiese podido atenuar en alguna medida este talante tan pasota que lucen muchos de nuestros jóvenes (esta claro que no todos y que siempre existirán muchas excepciones). Y como decía al comienzo, también una mayor formación humanista, podría ser de gran ayuda para los sacrificios futuros a adoptar por estos jóvenes en el desarrollo de las labores propias con las que han de lidiar en su vida de adultos. Algo que cursaría con un mayor grado de empatía y cercanía con sus conciudadanos. Y de paso, les ahorraría a estos mismos jóvenes, más de un disgusto, pues como dice un buen amigo mío: “...los cachetes que no han recibido en casa, los han de recibir en el exterior, multiplicados por diez en su nivel de contundencia”.
Para terminar y puestos a arreglar cosas a futuro y a soñar: A lo mejor así también podríamos aminorar en algún grado la endémica corrupción que contamina muchas de nuestras instituciones y empresas; a la vez que ayudar a proveer de más dosis de humanismo a algunas profesiones estatales al servicio del ciudadano. Todo ello pensando en que serán estos jóvenes nuestros los que han de redirigir, en un próximo futuro, este mundo nuestro.
Carlos Amat Larraz
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