El siglo de la superinformación

Carlos Amat Larraz|

Publicado el 16/04/2021 a las 08:08

Vivimos en el siglo de la superinformación. Estamos sometidos a un continuo bombardeo de noticias. Somos víctimas inocentes de unos programas masivos de manipulación intelectual del individuo. Parece que, de momento, continuaremos expuestos e indefensos, ante esta especie de ciclón de noticias que están llegando, en algunos casos, a modificar nuestra existencia y nuestros hábitos.

El otro día, dos vecinos mayores me decían, risueños y naturales, tras sus mascarillas:

- “Nosotros ahora cenamos antes para poder ver las declaraciones de la Rociíto, en televisión”.

Las redes sociales también parecen ser víctimas de unos intereses creados a través de sibilinas estrategias de manipulación e incluso en muchas ocasiones de una intencionada tergiversación de la realidad. Frecuentemente, se vislumbran verdaderas batallas en las redes, entre distintos intereses políticos y comerciales muy oscuros.

El desconocimiento por parte del ciudadano, en general, de los verdaderos problemas que en realidad nos acucian a nivel nacional y que podrían tener unas implicaciones muy nefastas en su futura existencia y la de su familia, es casi total. Todo porque cada día cuesta más el hacer una selección lógica y fundamentada de entre el maremágnum de noticias que nos llegan. Que la basura informativa está a la orden del día, es algo que aunque admitimos todos, todos le damos oxigeno y vida con nuestra lectura y propagación.

Pondré un ejemplo de laguna informativa y sobre lo que nadie habla: está muy claro que estos días hay un muy alto porcentaje de población perfectamente informada de las desavenencias de la cantante Pantoja con su hijo. También, sobre las confesiones de la Rociito, que causan fervor en las televisiones y en las llamadas redes sociales.

Pero quién es consciente -en plena campaña de la naranja- de que mientras los cítricos españoles se hunden irremisiblemente, la producción marroquí aumenta año a año y ya tiene previstas importantes campañas de distribución para el año próximo en Europa del Este, EEUU y Canadá. Cuántos ciudadanos conocen que estos problemas de nuestro sector agrario español no vienen de un año, si no que provienen de unas reformas agrarias que no terminan de llegar y de una falta absoluta de planificación, por parte de nuestras autoridades agrarias.

Son cuestiones estas absolutamente desconocidas para un ciudadano cuyas motivaciones vienen por otros derroteros más televisivos y pachangueros. Todo ello dentro de esa ceguera nacional que no nos permite percatarnos de que si nuestras empresas y productores españoles no venden, no habrá recursos para pagas, ni para ayudas o subsidios.


Carlos Amat Larraz

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