Nos hemos despedido ósculos dándonos (II)

Ángel Sáez García|

Publicado el 15/04/2021 a las 10:04

(Sigue.) A renglón seguido, le he comentado que las memorias no dejan de ser una relación de hechos rememorados y, a veces, la memoria nos falla o falta a la verdad, pues sumamos en una sola jornada, un hito, sucesos diversos ocurridos en días distantes y distintos; que son una versión aproximada, subjetiva, de la verdad vivida e interpretada; que, aunque unas muestran más y otras menos, todas son incompletas y que son variopintas por la complejidad y contradicciones que es capaz de acarrear una mente y amparar un corazón humano. Hay memorialistas que dicen que lo cuentan todo, sin tapujos, pero solo desde su personal e intransferible punto de vista o perspectiva y hay quienes dejan en el tintero aquello que puede dañar innecesariamente a sus seres más allegados. Hay quienes vierten en ellas hasta sus secretos más oscuros, que llevan ocultando en su caja fuerte, bajo llave, desde la niñez. Me ha manifestado que deseaba arrancarlas con la confesión de un episodio injusto, negro, triste, este, que había sido violada (necesitaba contarlo para dar al resto la misma apariencia de credibilidad y verosimilitud) en su adolescencia por un primo suyo, pero que se daba asco, que sentía náuseas cada vez que intentaba volver a recordar aquel infierno, las renuentes sensaciones dolorosas de antaño que, velis nolis, tuvieron que padecer inicuamente sus tiernas e inocentes carnes. Le he propuesto que probara a hacerlo de un modo literario, como si hubiera sido un sueño que hubiera tenido recientemente o uno repetitivo y que le urgía narrar sin falta, de una vez para siempre, para, así, con un solo tiro, poder conseguir el doble propósito de pasar página y facilitar cuanto antes su olvido. Ni siquiera había terminado de formalizar mi propuesta cuando he atisbado que ella iniciaba el esbozo de una sonrisa. Nos hemos despedido dándonos sendos ósculos (¡llevamos tanto tiempo echando de menos abrazos y besos! que es normal que soñemos que no fingimos ni simulamos que nos los damos, porque la realidad nos lo impide por culpa de la dichosa pandemia del bicho). Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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