Peatones y perdonavidas

Jon Guergué|

Publicado el 13/08/2020 a las 08:16

Si te acostumbras a utilizar tus piernas para desplazarte con frecuencia por la ciudad, necesariamente transitarás por esos pasos de cebra tan evidentes y bien pintados para ti, pero invisibles para bastantes incondicionales de los rallies urbanos. De rally para ir a trabajar porque llego tarde; de rally porque mi ex se enfada si dejo a los niños a y cuarenta y seis en lugar de a y cuarenta y dos; de rally por Iturrama porque una lesión en el dedo gordo del pie me impidió llegar a profesional y brillar en las 24 horas de Le Mans. Excusas. Lo sé, no es un tema nuevo -quizás estoy sensible porque últimamente tiro más de piernas que de gasóleo y no quiero morir en un paso de cebra- pero no deja de sorprenderme. Se han puesto guardias dormidos, han fallecido personas por atropellos y se han rebajado los límites de velocidad en tramos urbanos; a pesar de todo ello, el perdonavidas del volante, además de estar crecido, sigue siendo una especie en crecimiento -el confinamiento no le ha abierto la válvula de la reflexión, pero sí la de la hipertensión-. El ejemplar es más fácil de identificar que una seta en primavera. En ningún caso hay que acudir al tópico del joven con coche tuneado, alerones hiperbólicos, vinilos con llamaradas de fuego y ventanilla bajada con hits de casete de gasolinera. Basta ya de tópicos. El perdonavidas del volante no sabe de oficios, religiones, sexo, clase social u orientación sexual. Es una especia transversal a la diversidad de hábitats humanos y por ende difícil de erradicar.

El perdonavidas del volante es aquel que circula por tramo urbano como si no hubiera un (...) paso de cebra en toda la ciudad. Aquel que luego acusa al peatón de haberse lanzado a la carretera -aunque sea un anciano con tacataca, chaleco reflectante y lleve un cono en la cabeza adornado con luces de Navidad-. El perdonavidas del volante frena en el último suspiro, quitándose las gafas y pidiéndote con su mirada dramática que le des las gracias por permitirte vivir. Porque ser responsable de que el perdonavidas del volante pierda cinco segundos de su vida es cuestión de estado. Su vida es tan preciada y sus actividades y quehaceres diarios de tal importancia para la humanidad, que tu irresponsabilidad por asumir que como peatón tienes preferencia en un paso de peatones debería ser constitutiva de delito.

Ante este panorama, no es de extrañar ese gesto cada vez más habitual por parte de peatones, de agradecer con un saludo la actitud de aquellos conductores que frenan con antelación cuando se acercan a un paso de cebra. Más allá del origen cortés del gesto, que también, está el factor de admiración por ver un conductor relajado. A este paso haremos la ola o la genuflexión al conductor que divisa con antelación al peatón. También se la haremos al perdonavidas, ¿cómo no? En este caso como señal de agradecimiento por permitir seguir viviendo a un peatón.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora