Pamplona, tristemente sucia

La calle Estafeta, a las 8 de la mañana del domingo, con restos de la fiesta de la noche anterior: botellas, cartones de comida, cristales y copas
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La calle Estafeta, a las 8 de la mañana del domingo, con restos de la fiesta de la noche anterior: botellas, cartones de comida, cristales y copasIrati Aizpurua
La calle Estafeta, a las 8 de la mañana del domingo, con restos de la fiesta de la noche anterior: botellas, cartones de comida, cristales y copas

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Juan de los Ángeles Cirauqui

Publicado el 20/04/2026 a las 05:00

Corresponde a quienes habitamos Pamplona que no sea una papelera gigante: basura por doquier. Si no me creen, recorran una calle (solo una) en cualquiera de sus barrios y cuenten residuos. Si eligen una zona verde, no las hay sin latas. Si se detienen en los alcorques de los árboles, son los nuevos ceniceros. Desde luego esto no lo hace el Ayuntamiento ni la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, pero algo tendrán que guisar si no quieren que la ciudad siga convirtiéndose en un lugar lleno de basura, con la que transigimos cada vez más porque cada vez tenemos la manga más ancha para el incivismo (social, institucional y técnicamente hablando).

Pongamos la Taconera: donde están las estatuas reales traídas de Sarasate. Justo al frente hay varios arbustos de gran tamaño: dentro de todos ellos existe cantidad ingente de plásticos, bolsas, cartones, una maleta, ropa y algún excremento humano. Son también restos del naufragio social y político del sinhogarismo: en ese lugar duermen varios de ellos. Hace poco se quemó una parte del boj alto que hace las veces de pared, se puede ver todavía (como todo lo demás). Y justo tras las estatuas, en las escaleras que bajan a los fosos, hay más acampados sinhogaristas. Si esto sucediera con un partido conservador, la progresía pondría el grito en el cielo. Asiron y el resto de la corporación se limitaron a anunciar 7,5 millones de euros en inversión para jardinería. Los tulipanes y la fuente de Sarasate quedan preciosos: pero son fachada, postureo, fake, que solo esconde suciedad. Suciedad que nadie limpia porque ¿quién debería?

¿El servicio de jardinería? No estará entre sus competencias. ¿El de limpieza? No recorre las zonas verdes, se dedica a las máquinas limpiadoras con fruición. Aunque la pregunta real está en los despachos: ¿Quién organiza una limpieza tan precaria e insuficiente? ¿Quién no pasea por la ciudad con cierto espíritu crítico? A UPN se le afeaba machaconamente “pisar solo moqueta”. Ya se sabe: la paja en el ojo ajeno. Malos tiempos para una ciudad que fue limpia y ejemplar en zonas verdes. Los árboles siguen cayendo talados sin ton ni son; se replantan matitas que tardarán 50 años en crecer en el mejor de los casos (en el más probable y realista no sobrevivirán los Sanfermines). Nos llenan las esquinas de pantallas de plasma con anuncios (me recuerda a cuando Arnaldo Otegi afirmaba en el documental 'La pelota vasca' que McDonalds jamás llegaría a Gipuzkoa: no sé qué pensará hoy del que hay en pleno Boulevard en San Sebastián). Porque a Bildu antes le venía bien el sinhogarismo, la defensa a ultranza de las ciudades naturalizadas, la supuesta moquetafilia de UPN, el posicionamiento contra la publicidad en cacharros tecnológicos que usted y yo pagamos. Sobre los 7,5 millones de euros en tulipanes, hubieran dicho que era algo obsceno con tantos sin techo. Hoy es como si fuera una pésima broma. Pero suerte están teniendo: llovió tanto en febrero y está haciendo tan bueno que la hierba resplandece, echando una mano a los tulipanes. Veremos cuando el verano la deje marrón y los árboles (¡los que se hayan salvado!) estén secos. Pero entonces ya será el inicio del curso y no tendremos tiempo para lo que debería ser prioridad: el entorno natural urbano, o sea, nuestra calidad de vida.

Tampoco es que ahora hagamos mucho: transigimos con una ciudad sucia a rabiar y unos mensajes de pura demagogia. Votamos para que alguien vele por ello, pero los hechos dicen que solo hacen cuentas para desalojar sillones y ocuparlos ellos. Eso sí: con tulipanes.

Juan de los Ángeles Cirauqui

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