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Tradiciones de Navarra

Alzando el Mayo en el valle de Améscoa

Varios pueblos de Navarra festejan la llegada de la primavera con el alzado de un árbol cortado en el bosque. Es el caso, entre otros, de Zudaire, San Martín y Larraona, en el valle de Améscoa (Tierra Estella).

Vídeo Mayo
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Alzando el Mayo en el valle de Améscoas.
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  • Conocer Navarra
Actualizada 30/04/2021 a las 13:17

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 50 con fecha marzo de 2018. Textos JOSÉ ANTONIO PERALES y fotografías de MONTXO A.G. y J.A. PERALES)

 

"Arriba, Mayo, tente tieso, que yo me caigo”. Con estas palabras, animan las mujeres de Larraona a los hombres que levantan el árbol primaveral el primer sábado del mes de mayo. Una vela bendecida en Jueves Santo, dos espadas cruzadas, una rama de olivo y un gallo de hojalata son los adornos que lleva el Mayo en la punta.

La fiesta del Mayo o Maiatza consiste en cortar del bosque un tronco de árbol de entre 20 y 30 metros y plantarlo en el centro del pueblo o en los alrededores. Se trata de una fiesta muy antigua que se celebraba en muchos lugares de Europa hasta mediados del pasado siglo.

 

UN RITO ANCESTRAL 

“Traer de los bosques un pino adornado con violetas y tiras de lana es semejante a la costumbre popular moderna del árbol Mayo o árbol del Verano”, señala el antropólogo británico George Frazer en su libro La rama dorada. Aquel viejo ritual indogermánico pasó luego a la antigüedad clásica dando lugar a la fiesta de Attis (el 22 de marzo) en la que se colocaba un árbol cortado ante el templo de Cibeles. Finalmente, la mayoría de los pueblos europeos heredaron aquellas fiestas que serían asimiladas por el cristianismo.

En el valle de Améscoa, la restauración del Mayo se inició a finales del pasado siglo, gracias en parte al trabajo de un grupo de etnógrafos e historiadores vinculados a la zona: Emilio Redondo, José María Jimeno Jurío, Aguirre Sorondo, Luciano Lapuente y Balbino García de Albisu. Todos ellos ayudaron a poner en valor esta festividad que sintoniza especialmente con los valores tradicionales de la montaña estellesa.

Carboneros, mitxarreros (cazadores de lirones), perretxikeros (recolectores de setas), mieleros, y otra suerte de pequeños oficios eran habituales en el valle de Améscoa, antes de la industrialización. En la posguerra, además, varias familias encabezadas frecuentemente por viudas, y por otras personas en situación de necesidad, sobrevivieron en parte gracias al reparto de dinero que hacían los municipios y concejos tras vender la madera del monte. “A veces, llegaban a las 30.000 pesetas por familia, lo cual en aquellos años de la postguerra era una cantidad respetable”, señala el concejal de Larraona, Miguel Sáez de Jauregui. Hoy la madera del monte, ya no vale apenas dinero, pero la gente de estos pueblos encuentra en esa vinculación tradicional con el bosque un rasgo de identidad. Es en este contexto, en el que se produce la reinvención de la fiesta del Mayo en el valle de Améscoa.

La primera localidad que recuperó el Mayo en la comarca fue Larraona. Aquí se celebra desde 1997 después de 45 años de no alzarse. Nueve años después, se recuperó en San Martín y al año siguiente en Zudaire, capital del valle. El ejemplo de la vecina población de San Vicente Arana (Álava), donde este ritual se conservó sin interrupción, ha servido de referente para los amescoanos deseosos de mantener la tradición.

 

UN HAYA ALTO Y RECTO

Antaño, en Larraona era costumbre elegir mediante sorteo los mozos que iban a cortar el Mayo y los estayes al comunal de la sierra de Lóquiz. También se elegía a una segunda pareja encargada de traer los troncos con bueyes hasta el lugar determinado para plantar el Mayo. Esta faena se hace ahora habitualmente con un tractor. En San Martín, sin embargo, el tronco – un haya recto y largo cogido en el barranco de San Briz– se guarda en las afueras del pueblo, y es arrastrado el mismo día de su colocación hasta la iglesia con la ayuda de una caballería.

Antes del alzado, en San Martín y en Larraona, se colocan en la parte superior del Mayo un gallo, dos espadas de madera y un ramo de laurel o de olivo. “Las espadas significan la defensa, el laurel y el olivo la cosecha que el Mayo protege, y el gallo lo que hay que comer”, señala Javier García de Eulate, vecino de San Martín. En Zudaire, en cambio, no se colocan adornos, sino que se dejan algunas ramas verdes del propio árbol cortado. Más allá de los detalles y del significado de la fiesta, sujeto siempre a interpretaciones diversas, lo interesante del Mayo es el acto de creación colectiva , y en definitiva la capacidad de emocionar que ha tenido siempre este viejo ritual

 

TODOS A UNA

En Larraona, los hombres realizan el alzado del Mayo con la ayuda de unos estayes (palos) y unas horquillas de madera. “Arriba mayo, tente tieso que yo me caigo”, gritan las mujeres de Larraona a cada movimiento de alzado del tronco. Poco después, cuando el tronco está casi alzado, cambian el contenido de la cantinela: “Arriba, Mayo, mira al cielo y bendice nuestros campos”. En San Martín, por su parte, además de los estayes y horquillas de madera, se utilizan una polea y un cable conectados a la torre de la iglesia. Esta fórmula sirve de garantía frente a posibles accidentes.

Para levantar el Mayo, hacen falta no sólo brazos jóvenes, sino también la sabiduría de los más veteranos. En los tres pueblos de Améscoa, se ocupan del alzado equipos de entre veinte y treinta hombres. Por eso, principalmente se ha cambiado la fecha de celebración tradicional del uno de mayo al primer, segundo y tercer sábado del mes, respectivamente. De este modo, se asegura la asistencia de los jóvenes que viven fuera y la presencia de brazos suficientes para levantar el árbol primaveral.

Benjamín Sagasti es, con 79 años, el encargado de coordinar desde hace años, el alzamiento del Mayo en Larraona. “El bamboleo del tronco cuando está a medio alzar, es difícil de gobernar”, dice. Por ello, es importante levantarlo siguiendo un método. Todavía se recuerda en Améscoa, el accidente que tuvo lugar en Eulate en 1721, cuando el troncó causó la muerte de un vecino al caerle en la cabeza. “Murió de repente, sin que hubiese lugar de administrarle los sacramentos de la Eucaristía y Extremaunción”. Así quedó registrado en el Libro de Difuntos de la parroquia de Eulate.

 

DESTINO DEL ÁRBOL PRIMAVERAL

En Larraona, el Mayo permanece en pie todo el año hasta Jueves Santo. Antaño, se subastaba y se vendía al mejor postor. En algunas localidades, como en San Martín o en San Vicente Arana, el Mayo se retira en el mes de septiembre. Hoy, en casi todos los pueblos, el tronco se reutiliza, generalmente dos o tres años, hasta que se tuerce o pierde.

 

ARRASTRE DE LA TXARA EN SAN MARTIN

En San Martín de Améscoa, la festividad del Arbol de Mayo dejó de celebrarse en 1931, y se ha recuperado en 2006. Antaño, lo mismo que ahora, la fiesta comenzaba días antes del primero de mayo con la elección y tala del haya que se iba a cortar. Generalmente, eran el alcalde y el montero los encargados de elegir el ejemplar en el monte Limitaciones. Debía ser una haya recta, alta y fina, de 20 metros de altura, aunque luego, debido a la rivalidad con otros pueblos, se levantaba cada vez de mayor altura: 22 metros e incluso 26.

Posteriormente eran los mayordomos de la Sociedad de mozos, quienes se encargaban de organizar primero la tala y la poda de la txara (a la que se cortaba la punta), y el traslado del tronco arrastrándolo hasta el pueblo con una pareja de bueyes. Tras su recuperación, han cambiado algunas cosas: en lugar de bueyes se emplea una caballería, y en lugar de mozos jóvenes, son los más veteranos del lugar –la mayoría jubilados y retornados al pueblo después de haber trabajado en las industrias de las ciudades– quienes se ocupan de la organización y desarrollo de la fiesta.

 

RITOS JUNTO AL MAYO

En San Martín, una vez alzado el Mayo la niña más pequeña que ha hecho la comunión en el año, suele colocar un ramo de flores al pie del mismo. Se trata de una reminiscencia de un ritual paralelo (la fiesta de Mayas o reina de Mayo) que tuvo también en San Martín un particular arraigo. Cuando había más niños en el pueblo, las chicas escolares elegían mayordoma y recorrían el pueblo llevando una imagen mariana de la virgen de los Remedios, con la que hacían cuestación para celebrar una merienda. Hoy, esta parte de la fiesta queda reducida a la citada ofrenda floral. Terminado el ritual, los asistentes participan en un aperitivo por cuenta del concejo, tras lo cual algunos suelen hacerse fotos delante del tronco, o trepan por el mismo como si fuera una cucaña.

 

UNA TRADICIÓN REINVENTADA

La fiesta del Mayo o Maiatza se celebraba antaño en muchas localidades de Navarra. Además de en el valle de Améscoa, la fiesta se ha recuperado en varios pueblos de Sakana, como Etxarri Aranatz, Ziordia, Bakaiku e Iturmendi. “En este último pueblo, Maiatza dejó de celebrarse en 1962 y se recuperó en 1977”, recuerda el investigador local Nicolás Arbizu. Iturmendi puede considerarse por tanto, pionero en la recuperación del Mayo en Navarra. Antaño, el alzado se realizaba la víspera del ocho de mayo, como preludio de la fiesta de San Miguel. Ahora, se celebra siempre el uno de mayo por la tarde, y concluye con un aperitivo, en el que en el que se sirve queso, jamón y vino en tacitas de plata. Participan en esta fiesta alrededor de 400 personas.

Últimamente , el Mayo se alza también en varios pueblos de la zona Media y de la Ribera, como Murieta, Mirafuentes, Mues, Barillas y Cintruénigo. En esta última localidad, el Mayo se planta delante de la casa del capitán de los Ballesteros, los cuales celebran este día su tradicional desfile de la Cruz de Mayo.

 

 

GUÍA PRÁCTICA

 

 

  • Cómo llegar: El valle de Améscoa (tierra Estella) está situado entre las sierras de Urbasa y de Lókiz, a unos sesenta kilómetros de Pamplona. Para llegar hasta allí, desde la capital se recomienda ir por la A-12 hasta Estella , y tomar aquí la carretera local NA-718 que lleva a Zudaire, centro administrativo del valle. Desde aquí, podemos desplazarnos por la NA-7130 hasta los pueblos de San Martín y Larraona.
  • Qué hacer: El alzado del Mayo se celebra el primer sábado del mes en Larraona, el segundo en San Martín y el tercero en Zudaire. En este último pueblo, se coloca el Mayo junto al aparcamiento que hay detrás del ayuntamiento; en San Martín delante de la iglesia, y en Larraona, junto a la báscula municipal, en un paraje conocido como Saldusina. Tras el alzado del Mayo, siempre a mediodía, se ofrece a los asistentes un aperitivo, a base de queso, txistorra y vino. En Iturmendi, el alzado tiene lugar el día 1 de mayo, por la tarde. Y en Bakaiku y Etxarri Aranatz, el mismo día 1, sobre las 12 de la mañana.
  • Dónde comer y dormir: En el valle de Améscoa hay varias casas rurales, un refugio juvenil, un camping y un hotel. También encontramos restaurantes en Artaza, Eulate, Zudaire, Baríndano y Baquedano. 
  • Para saber más: Jimeno Jurío, José María ( 2010): “El Mayo en las Améscoas”, en B. García de Albizu (coord.), Conociendo el pasado Améscoano (II), Pamplona: Lamiñarra, 2010, pp.325-327.

 

 

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