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Patrimonio

Desde el Palacio Real de Pamplona, recuerdos de Navarra

El Palacio Real de Pamplona es un gran desconocido. Lo que de él queda, nos espera agazapado bajo el conjunto monumental levantado por Moneo e inaugurado en el año 2003 en la plaza de San Fermín de Aldapa. Sus paredes reconstruidas albergan hoy la sede del Archivo Real y General de Navarra. Al entrar en este espacio, casi sin darnos cuenta, nos topamos doblemente con la historia: la que se escribió en este espacio y la que hoy guardan con mimo los profesionales de la documentación que habitan el antiguo palacio

vídeo Archivo de Navarra
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Archivo Real y General de Navarra, antiguo Palacio Real de Pamplona.
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  • Conocer Navarra
Actualizada 19/03/2021 a las 11:34

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº49 con fecha diciembre de 2017. Textos de MAITE OTERMIN Y FÉLIX SEGURA y fotografías de KIKE BALENZATEGUI)

 

En el año 2003 se inauguraba la nueva sede del Archivo de Navarra en un enclave excepcional: el solar que ocupó el Palacio Real de Pamplona, oculto en el ruinoso Palacio del Virrey-Capitanía.

Su estética rupturista causó un gran impacto por que no se ajustaba a las líneas acostumbradas en los edificios oficiales y, especialmente, ante un entorno tan modesto como antiguo. Sin embargo, en cuanto se arreglaron los alrededores, el Palacio fue integrándose en las murallas del siglo XVI, destacó por su sobria monumentalidad y volvió a dibujar con la Catedral y San Cernin el triángulo de edificios singulares que tiene desde el XII su eje en el Camino de Santiago.

La unión de lo que quedaba del viejo Palacio y el Archivo componen un gran conjunto que firman Moneo&moneo. El primero es el arquitecto de fama internacional que ha hecho de la Historia su punto de partida y sello de identidad y el segundo, el verbo que el latín utilizaba para recordar y advertir como hace la Historia en su perfil más pedagógico. Arte y maestría combinados en un palacio fortaleza de la Memoria sobre un paisaje que asume su edad por millones de años y un Archivo que guarda nuestra memoria escrita desde hace diez siglos y prepara la futura cada día más presente.

 

ENTRE TERRAZAS Y BARRANCOS

Pamplona, la vieja Iruña, presume de catedral en lo más alto de la calle Curia, consecuencia lejana de lo que nació como refugio y fue creciendo hasta ser ciudad en esta terraza tallada por el Arga. Desde el Redín lo seguimos desde Aranzadi donde delinea infatigable su caprichosa curva y vemos a los peregrinos inclinados bajo sus enormes cargas subir las rampas del portal de Francia. Su célebre Camino a Santiago sigue abriéndose paso entre lo que fueron relieves, hoy calles del Carmen y Navarrería que suben y bajan, cruzan y llevan a plazas encantadoras como la de San Fermín de Aldapa, sin distinguir si es cima de una colina o, tal vez, otra terraza.

Allí se alza un gran edificio que conjuga una parte vieja de piedra rugosa, una nueva con piedra lisa y cristal, un escudo con águila prestado de otro castillo y un cielo cada vez menos gris y más azul en pleno cambio climático.

En el dintel de la puerta se puede leer Archivo Real y General de Navarra, pero nada que diga “Palacio Real”.

Hemos llegado.

 

PAMPLONA NOS RECIBE

En forma de impresionante maqueta, una pequeña Pamplona, una Iruña “txiki” de madera nos recibe en el zaguán presumiendo de magnífico cinturón fortificado, con su Ciudadela pentagonal y seis puentes levadizos a modo de hebillas. El saber hacer y sensibilidad de Koldo Sarasola nos cuentan cómo era la ciudad hace escasos cien años. Vista así, no nos parece tan pequeña.

Sin darnos cuenta jugamos a las “añoranzas” buscando nduestra casa, nuestra calle, rincones de tiempos y vivencias, las primeras nociones sobre Pamplona con la catedral, el ayuntamiento, los burgos, el Camino de Santiago, la Plaza del Castillo... La Historia nos divierte y damos con detalles inexactos, licencias que facilitan nuestra comprensión.

En el patio cerrado con un muro-vidriera, tres robles anuncian que es hora de entrar a lo que fueron cocheras en tiempos de Capitanía. Extraña a cuantos cumplieron aquí el Servicio Militar oir que esta parte fuese el Palacio Real, cuando sólo se nombraba los de Estella y de Olite…. “¿y cuándo se dice que se construyó?”.

No se sabe exactamente. Sólo que 1189 se empieza a hablar de él, unos años después de cambiar de nombre el reino.

 

EL XII, UN SIGLO DE NOVEDADES

Al morir Alfonso “el Batallador” en 1134, los reinos de Aragón y Pamplona, juntos desde 1076, volvieron a separarse. Hasta 1162 el de Pamplona no recuperó plenamente su condición de reino y para ello hubo de cambiar de nombre. Ocurrió con Sancho VI “el Sabio”, quien pasó a denominarse Rex Navarræ y no pampilonensium rex, introduciendo un concepto nuevo basado en la territorialidad. Ante este nuevo contexto el rey navarro quiso construir un palacio en la capital, entonces gobernada por los obispos, cuyo poder era cada vez más abusivo tanto sobre los burgos como la propia Navarrería.

Aquí era célebre la familia Almoravid desde fines del XI por su valor luchando contra los musulmanes. Uno de ellos, Eneco, se unió a los vecinos descontentos con el poder episcopal y ofreció a Sancho VI por medio de una permuta un terreno en un espacio sin edificar de la Navarrería mientras los vecinos de la Navarrería le regalaron otro colindante. La primera parte miraba hacia el río y la segunda, al burgo. Sobre ambas piezas, Sancho VI construyó su palacio desde donde, con una corte permanente y muy próxima a la catedral controlaría el poder episcopal.

Los documentos que leemos nos lo cuentan desde 1189; las paredes, la estructura y las estancias acaso algo antes. Podemos comprobarlo todavía después de tantas alteraciones por las circunstancias, necesidades y gustos propios de sus moradores.

 

UNA PLANTA CON FORMA DE “ELE”.

Entramos en el tiempo del románico, cuando la Iglesia era la gran promotora de catedrales, ermitas, monasterios… no es raro, por tanto, que los recios sillares que observamos nos recuerden un semiclaustro.

En el lado que mira hacia San Cernin, o del Jardín, los contrafuertes pandean contra un suelo sin cimientos, y en el lado norte, o del Río, se alinean perfectamente rectos, indicando la solidez del asentamiento. Este efecto de los contrafuertes contrasta con los toscos pilares rectificados y recrecidos que aún conservan marcas de los canteros. Unas zapatas de madera los coronaron soportando un porche, de cuyo armazón son testigos los mechinales de los muros. En su lugar, un techo de hormigón pintado en purpurina con la impronta del encofrado de tabla nos protege.

Desde este semiclaustro, franqueando unas puertas enmarcadas por sillares y grave tímpano curvo sobre el dintel accedemos a dos amplísimas salas formando la “ele” que hace singular a esta planta. En la primera, dedicada ahora a Salón de Actos – exposiciones temporales, pudieron celebrarse las Audiencias. En la segunda, donde los investigadores estudian los documentos, pudo estar el comedor. En ambas estancias, la presente adecuación ha dado protagonismo al espacio y la luz con los altos ventanales y una decoración leve y funcional.

Al final del primer corredor, una puerta sin tímpano nos lleva a la torre de esquina, que da paso a la Sala de Consulta y al piso superior, donde una reorganización de las antiguas dependencias son ahora despachos de los técnicos y la biblioteca, dispuesta en dos niveles. Adornan el segundo corredor tres arcas de hierro, preciosas, procedentes de la Cámara de Comptos, donde se guardarían dineros… documentos... Destaca la primera por su decoración, los candados en forma de corazón y las “cintas” de hierro con que un día se amarraron a las paredes.

Una cortina de cristales rectangulares enmarcados en madera nos protege de la climatología y muestra el recoleto patio interior con los tres robles.

Asoman unas escaleras y las bajamos con cuidado. También podemos ir en ascensor, pero nos perderíamos la sensación de frescor y humedad que nos preparan la entrada a otro tiempo. La pared antigua acaba bruscamente y un viejo arranque sostiene el suelo de la parte moderna. Una vez abajo, un gran ventanal enseña dos modos de trabajar la piedra correspondiendo a dos épocas muy diferentes: el románico, donde hacía función de soporte, y hoy, donde es decorativa en una fachada ventilada.

 

LA SALA PROTOGÓTICA: BODEGA, CRIPTA …

Nos paramos ante la fachada antigua donde vemos un arco gótico con sus dovelas superiores ligeramente desprendidas. La puerta, como las anteriores, obra de Moneo, se inspira en diseños medievales para las manillas y goznes. Sobre ella se abren tres mechinales de un balcón. Al entrar, la moderna escalera con sus rampas laterales y cómodo tramo central, ha conferido un nuevo significado a la estancia que fue la bodega. Sencilla, elegante, extrañamente alta para su emplazamiento, nos hace pensar en usos de fines más elevados. Entonces recordamos los tiempos en que se pagaban los tributos en especie y nos convencemos de su uso como bodega. Para muchos también parece una cripta por su ubicación y por la forma prismática de las mesas. El suelo, novísimo, oculta el anterior y la calefacción radiante que amortigua el frío y humedad constantes. La oscuridad se difumina por la luz de las seis saeteras y de las vitrinas que para Moneo también representan antiguos escritorios.

Los gruesos muros se abren con características saeteras románicas bajo cubierta apuntada y un abocinamiento escalonado. Sin encuentro entre pared y cubierta, se confía la importante altura a potentes muros y contrafuertes de donde parten los arcos formados por dovelas en cuña. Una vez en la bóveda no se utiliza clave en la crucería sino un ensamblaje que sugiere un modelo previo en madera (excepto cuando se ve un romboide). En suma, una arquitectura de transición donde no se emplean ni columnas y pilares.

Bodega, almacén, champiñonera, plató de cine en los setenta (Robin y Marian, con Sean Connery y Audrey Hepburn), refugio en la Guerra Civil y de gente “sintecho” durante el abandono. Se encendieron hogueras, se acumuló porquería y zarzas y la sorpresa fue su conservación. Sólo fue necesaria una buena limpieza con chorro de arena y las adecuaciones mínimas para el acceso al público. Como en el arco gótico de entrada, tampoco fueron rectificadas las dovelas superiores del arco de medio punto rebajado que se observa únicamente desde el interior.

Una sala impresionante, única conservada entera del que fuera Palacio Real de Pamplona que merece una visita por la originalidad que sin duda la envuelve.

 

EL ARCHIVO REAL Y GENERAL DE NAVARRA

Visto cuanto queda del interior del palacio y mientras salimos, nos fijamos en la otra “ele” que cierra el cuadrado del edificio. Corresponde a la ampliación del edificio en el siglo XIV y hoy es donde se ubican las instalaciones exclusivas para archivo. La más importante es la espectacular torre cuadrada, recuerdo de las torres antiguas romanas. En sus doce alturas recorridas por una rampa, veintinueve depósitos estancos alcanzan en torno a los cuarenta kilómetros de estantería. Allí se custodian fondos documentales navarros desde el siglo XI, incluyendo mapas, fotografías, fondos de Comptos, protocolos notariales… accesibles a todos bien en su consulta, bien a través de la red.

Próximo a la torre se ubica Digitalización y el Laboratorio de Restauración, éste cuidadosamente estudiado para aprovechar al máximo la luz natural.

Como antes se ha apuntado, esta nueva parte es radicalmente diferente a la anterior y su construcción tiene como materiales el hormigón, el acero, el cristal y la piedra ahora como fachada ventilada, como elemento de continuidad con el edificio inicial y evitando riesgos de incendios, humedades...

 

EL EXTERIOR

La fachada se organiza en tres elementos muy diferentes.

A nuestra izquierda, la parte antigua que corresponde a donde acabamos de estar, se alza un frontis con tejado a dos aguas, que alberga la biblioteca distribuida en dos niveles. La piedra deteriorada ha sido restituida con piedra nueva asemejada a la antigua o bien con piedra del propio edificio. El cuerpo central lo compone en realidad un gran arco escarzano que vuelve a enmarcar otra puerta semejante a las anteriores. Por todo adorno, observamos entre pináculos herrerianos, el escudo imperial del castillo de Fernando el Católico (hoy Diputación) labrado en tiempo de Carlos V y llevado en una visita de Felipe II (1591). El tercer elemento es la torre de Archivo.

Desde la Cuesta del Palacio o la calle del Dos de Mayo, el aspecto es imponente aunque no inspire un palacio. La vista frontal con la torre de San Cernin nos sitúa en aquel contexto medieval. Ante él, la renovada plaza de San Fermín de Aldapa nos mostró durante unas excavaciones una villa romana, un anillo-sello de su posible dueño y la base de un importante torreón que precedía al palacio ahora archivo. Pero ahora vamos a situarnos en la parte posterior.

La elección de un lugar para un palacio no era una cuestión menor. La altura confería una sensación de poder incontestable, por lo que los edificios más importantes se situaban en los puntos eminentes. En Pamplona correspondía a la catedral y a ésta le siguió el Palacio Real.

Poco se sabe con certeza de cómo era por lo que hubo que deducir y dejar visibles los elementos que aportasen alguna información siguiendo las informaciones en el Archivo referentes al Palacio. Desde el siglo XVI y ya en tiempo de Carlos I, las reformas fueron importantes para adecuarlo a residencia de un virrey. El primero en vivir allí, tras casi treinta años de abandono desde la conquista de Navarra en 1512, fue el virrey marqués de Cañete quien tuvo que hacer frente a reformas para adecuarlo a la nueva función de residencia de la primera autoridad civil y estable del reino. Estas reformas se llevaron a cabo con un sentido meramente práctico sin apenas interés estético- artístico de tal modo que en el siglo XIX, cuando ya deó de ser Palacio del Virrey, las modificaciones lo habían dejado irreconocible.

Avanzamos siguiendo la lisa pared actual de la antigua estructura en nuestro camino hacia el Paseo de Ronda y doblamos la torre de esquina mientras vemos que la piedra nueva protege la pared inicial francamente deteriorada siguiendo las leves formas dejadas por los contrafuertes. Se taparon ventanas, se consolidaron otras, y en el Paseo de Ronda vemos la que fue la nevera, cerrada por efecto del vandalismo…

Próxima a la ella, y añadida a la forma medieval, las instalaciones de Archivo se distinguen por el diferente tratamiento de la piedra. Una parte asemeja un castillo y la otra es una forma cúbica. Pero, curiosamente, el volumen de la torre apenas se aprecia desde aquí. Estas formas se aprecian desde la Rochapea cuya vista es para muchos la más interesante. Curiosamente, desde el río, la protagonista es la torre de esquina sin que se asome apenas la espectacular del Archivo, por lo que el palacio aquí alcanza su dimensión aun integrado en las murallas del siglo XVI con las que forma un conjunto armónico.

Abierta no hace muchos años, cada vez más frecuentada por la amplitud de los paisajes y por el paseo hasta el portal de Francia, esta ronda dedicada a Catalina de Foix, supone un atractivo innegable y un homenaje simbólico a esta última reina de Navarra independiente, que salió desde este palacio hacia Bearne en julio de 1512 poco antes de la conquista del reino.

 

LA MEMORIA ESCRITA DE NAVARRA

El Archivo Real y General de Navarra custodia la memoria escrita de Navarra, más de mil años de historia plasmados en testimonios manuscritos, únicos y originales. Documentos procedentes de instituciones hoy extinguidas y de personalidades y familias navarras ya desaparecidas, que nos hablan de una identidad común y de unas raíces que nos identifican como pueblo y comunidad histórica. En ellos se funden las más diversas tipologías documentales, las escrituras más particulares y una miscelánea de lenguas, encabezadas por el romance navarro y el castellano, reflejo de la riqueza y pluralidad de las gentes que habitaron esta tierra.

Tras los imponentes muros de los depósitos se custodian los documentos más relevantes de la historia de Navarra, testimonio de una singularidad construida a través de los siglos. Algunos de ellos de tanta trascendencia como el Fuero General de Navarra, el Libro de Armería del Reino de Navarra, el Privilegio de la Unión de los Burgos de Pamplona, las actas de juramento de los fueros y coronación de los reyes de Navarra o las actas de reuniones de Cortes. Otros, más desconocidos pero no menos importantes, como los miles de procesos judiciales y escrituras notariales, resultan fundamentales para conocer la otra historia, la que permite adentrarse en las vivencias de los navarros a través de los siglos.

Todos ellos conforman un caudal ingente, instalado en más de 25.000 metros lineales de estantería, cuya antigüedad y contenido informativo convierten al Archivo Real y General de Navarra en uno de los archivos históricos más importantes de España y en uno de los más singulares a nivel europeo. Un patrimonio documental que continúa en constante crecimiento gracias a las transferencias administrativas y, especialmente, al compromiso de numerosos ciudadanos, que con la entrega en donación de documentos de personalidades, familias y entidades, garantizan la consolidación de la institución como el archivo de todos los navarros.

 

UNA APUESTA DE FUTURO

El Archivo Real y General de Navarra ha consolidado su compromiso con el pasado a través de una decidida apuesta de futuro, en alianza con las nuevas tecnologías y los recursos técnicos más dinámicos. Un equipo de profesionales se ocupa, a diario, del cumplimiento de esta misión, con vistas a proteger los documentos y a garantizar el acceso a la información que contienen.

La organización de los fondos, la identificación de las series documentales y la descripción de los documentos, a través de herramientas informáticas y bases de datos, constituyen las tareas principales del tratamiento archivístico.

En el taller de restauración, especializado en obra gráfica y dotado del equipamiento más moderno, se devuelven a la vida miles de hojas en papel y pergamino, frágiles sellos de cera y antiguas fotografía en sus más diversos procedimientos y soportes, deterioradas por el paso del tiempo o por avatares diversos, garantizando así su preservación futura.

El trabajo del taller de digitalización permite, mediante la obtención de una copia digital en alta calidad de los documentos, ponerlos a disposición de los usuarios sin poner en riesgo la integridad de los ejemplares. Para ello se escanean con las lentes y escáneres más adecuados para cada soporte, página a página, los documentos más antiguos y emblemáticos, así como los más demandados por los ciudadanos.

 

VOCACIÓN DE SERVICIO PÚBLICO

El Archivo Real y General de Navarra es un archivo público, de acceso libre y gratuito, abierto a todos los ciudadanos. Ellos son los beneficiarios de las políticas de tratamiento archivístico que se realizan puertas adentro de la institución y a ellos van dirigidos los principales servicios de consulta directa y reproducción de documentos.

En estos momentos, el principal reto está orientado a permitir la consulta de los documentos a través de la red, desde cualquier punto y en cualquier momento. Es el nuevo concepto de patrimonio documental abierto. El acceso a algunos fondos documentales volcados, cuyo número se incrementa paulatinamente, ya es posible desde el portal Archivo Abierto, disponible en el sitio web www.archivoabierto.navarra.es.

El Archivo Real y General de Navarra ofrece a los ciudadanos infinidad de herramientas para solventar las dificultades que entraña la lectura de la documentación manuscrita. Los técnicos archiveros imparten cursos formativos de carácter gratuito dirigidos a los nuevos usuarios, para procurarles los conocimientos documentales necesarios que faciliten y potencien el rendimiento de sus investigaciones.

Pero la memoria escrita está al alcance de todos. Conocerla y disfrutarla también es posible a través de las exposiciones temporales, que tratan de acercar y dar a conocer el patrimonio documental de Navarra a todos los ciudadanos, así como de las visitas guiadas y jornadas de puertas abiertas que se organizan periódicamente con motivo de la celebración de diversas efemérides.

 

 

ALGUNOS MORADORES ILUSTRES DEL PALACIO

 

 

  • Carlos II “el Malo” (1349-1387)- que murió en la noche del 31 de diciembre de 1387 consecuencia de un incendio en su habitación mientras dormía.
  • Carlos III “el Noble” (1387-1425)- el rey que enriqueció los edificios más importantes del reino, entre ellos el Palacio de Pamplona, la Catedral (mausoleo), el Palacio de Tafalla y mandó construir el Palacio (Castillo) de Olite.
  • Blanca de Navarra (1425 -1441)- hija de Carlos III y Leonor de Castilla, quien consiguió que, tras largos pleitos con los obispos, el palacio fuera propiedad de los reyes de Navarra y no de la Iglesia.
  • Carlos Príncipe de Viana – (1441-1461) Príncipe heredero, hijo de Blanca de Navarra. A su muerte, la oposición del rey consorte, Juan II al reinado de su hijo dio paso a la Civil que dividió al reino entre agramonteses y beamonteses. El príncipe Carlos, no obstante, realizó algunas reformas en el Palacio de Pamplona continuando con lo emprendido por su madre, doña Blanca.
  • Catalina de Foix y Juan de Albret (1483-1512), (últimos reyes de Navarra. En vísperas de la entrada del Duque de Alba en Pamplona, salieron primero la reina y dos días después el rey desde este mismo palacio hacia sus dominios de Bearn. Entre sus fieles, Juan de Jaso padre del patrón de Navarra San Francisco Javier, presidente del Consejo Real y persona de confianza de los reyes.
  • Felipe II- 1592- el monarca visita Pamplona con motivo de rebeliones en la ciudad apoyando a Enrique IV y en oposición a la política del rey castellano.
  • Felipe IV- 1646- Visita de Felipe IV. Se conserva de entonces un cuadro de La Ciudadela pintado por Bautista del Mazo.
  • José Bonaparte- (1813)- Rey de España- pernoctó en el palacio en su huída a Francia tras la derrota de las tropas francesas en Vitoria.
  • Emilio Mola Vidal- (marzo 1936- junio – 1937) - coordinador y organizador de los preparativos del golpe militar de julio del 36 previo a la Guerra Civil.

 

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