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Turismo

Iturraskarri, un viaje al mundo rural de Navarra

Los caminos de Iturraskarri nos acercan a modos de vida antiguos, a la vida sencilla y dura que tuvieron los que habitaron en pueblos pequeños hace un siglo. El agua, el ganado, el tiempo, el cielo, la manera de desplazarse, tenían otro significado en aquellos tiempos. Un proyecto que ha recuperado más de 170 kilómetros de senderos, que recorren los valles asentados a la sombra de la mole de roca y aguas subterráneas de la sierra de Aralar

Vídeo Iturraskarri
Vídeo Iturraskarri
170 kilómetros de senderos por el patrimonio rural de Navarra.
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Vídeo Iturraskarri
  • Conocer Navarra
Actualizada 12/02/2021 a las 15:22

La sierra de Aralar se levanta imponente sobre los valles de la Barranca, Imotz y Larraun. Ara–lar, el hogar del altar. Una miríada de pueblos extienden sus caseríos en los valles que rodean a la montaña sagrada. Son los hijos de la montaña. Aralar, como buena madre, sacia la sed de sus hijos con el agua que sale de sus entrañas en forma de arroyos, ríos, nacederos y fuentes.

Las autovías que nos acercan rápidamente a San Sebastián o Vitoria hacen que muchos de estos pueblos pasen desapercibidos. Pero estos lugares poco conocidos, alejados de las rutas turísticas, tienen muchos atractivos que esperan ofrecer al visitante que se acerque a ellos con los sentidos abiertos y la predisposición adecuada.

Estos pueblos tienen el poder de ralentizar del tiempo. Cualquiera que esté sometido al estrés de la vida en la ciudad, a la exigencia de la inmediatez para todo, encontrará aquí la paz y la tranquilidad tan necesaria para el cuerpo y el alma. Esa calma siempre ha estado allí, en esos paseos tranquilos, sin prisas, cuando no es necesario mirar el reloj cada cinco minutos.

Tanto para ver y ¿por dónde empezar? Una excelente opción es seguir los senderos recuperados por el proyecto Iturraskarri. 170 kilómetros de senderos que comunican un total de 52 pueblos de la zona oriental de la sierra de Aralar.

Los caminos de Iturraskarri nos acercan a modos de vida antiguos, a la vida sencilla y dura que tuvieron los que habitaron en pueblos pequeños hace un siglo. El agua, el ganado, el tiempo, el cielo, la manera de desplazarse, tenían otro significado en aquellos tiempos. Seguramente, al comparar nuestra manera de vivir con la de entonces, podremos valorar lo que hemos ganado y lo que hemos perdido con el paso de las décadas.

También nos espera la naturaleza. Pero una naturaleza especial. Aquella en la que el hombre y el medio se relacionan de manera sostenible, no depredadora. Así, el río convive con el puente, el bosque con el prado, el jabalí con el caballo y el huerto con la agreste montaña. Y mientras disfrutamos de esta naturaleza también aprenderemos historia. Andaremos caminos que ya hicieron en la Edad Media los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela, visitaremos iglesias y ermitas que son muestra de la importancia del mundo espiritual para aquellos que vivieron a la sombra de la sierra de Aralar hace generaciones y conoceremos antiguas vías de tren que nos recordaran como se viajaba hace cien años.

 

 

UN PROYECTO SOCIAL

Iturraskarri es una inciativa de carácter social que empezó en el año 2006. Fue puesta en marcha por los Servicios Sociales de Base de la zona de Irurtzun facilitando trabajo y formación a colectivos con una especial dificultad para insertarse en el mercado laboral. En Iturraskarri participaron personas de diferentes nacionalidades y etnias, discapacitados, familias monoparentales y parados de larga duración.

Con su entusiasta colaboración se han limpiado y desbrozado los caminos que unen estos pueblos, se ha recuperado su trazado y se han señalizado adecuadamente con marcas de continuidad y paneles informativos. Muchos de estos senderos estaban invadidos por la maleza, olvidados y sin ninguna señalización.

Estos senderos son parte de la historia de estos valles. Cuando todavía no existían las carreteras eran fundamentales en la economía de estos pueblos. Por aquí circularon durante siglos mercancías, ganado y caballerías hacia los mercados de otras localidades. Fueron utilizados por los trabajadores de estos pueblos para ir al prado a dar de comer al ganado o al monte a pastorear las ovejas. Eran las veredas que los vecinos seguían para internarse en el bosque para cortar leña, cazar o buscar setas. También eran el eje vertebrador de las relaciones sociales y familiares. Eran el paseo que se recorría para visitar a la madre o a algún otro familiar o amigo, a la novia o al novio del pueblo de al lado, o para acudir a las fiestas donde quizás se conociera a esa persona con la que compartir la vida.

Estos caminos no sólo fueron utilizados por los habitantes de los pueblos de estos valles. También fueron senderos que llevaron a peregrinos hacia Santiago de Compostela por el valle de la Barranca y calzadas por donde penetraron desde muy antiguo celtas, romanos, visigodos y musulmanes trayendo sus influencias culturales y sus modos de vida. Al tiempo que se recuperaban estos caminos, el proyecto Iturraskarri también restauró un patrimonio etnográfico humilde pero importante del que forman parte, lavaderos, fuentes, ermitas, conjuraderos y potros de herraje.

Iturraskarri ha aunado de manera ejemplar la labor social con la conservación del patrimonio, la cultura y la naturaleza. El resultado final nos beneficia a todos. Por un lado a los pueblos de estos valles. Estos senderos reviven esa red de relación antigua que ha habido entre los habitantes de estas localidades. Y, por otro lado, se ha creado un producto turístico muy interesante, no sólo para los navarros, sino para todos aquellos que se acerquen a conocer Navarra. Como podemos empezar nuestra ruta en cualquiera de los 52 pueblos que unen los caminos de Iturraskarri, es muy fácil adaptar los recorridos a nuestras preferencias acomodándolos al tiempo que tengamos y a nuestras ganas de andar.

Además, una de las ventajas de estos senderos es que, en su mayor parte, pueden realizarse en familia, ya que los desniveles son modestos y los caminos se siguen sin dificultad por los más jovenes o aquellos que están menos acostumbrados al senderismo. Los 170 kilómetros de senderos recuperados de Iturraskarri tienen mucho que ofrecer. Tanto que podrían completar un libro. En las páginas de este artículo vamos a repasar algunos de los atractivos que nos esperan en esos pueblos y en esos caminos. Son sólo una pequeña muestra de lo que hay que ver, una invitación para calzarse las botas y empezar a recorrerlos.

 

 

PATRIMONIO ETNOGRÁFICO

Todos los pueblos que visitaremos siguiendo los caminos de Iturraskarri nos guardan una sorpresa. Puede que sea un caserón blasonado, un coqueta iglesia, unas panorámicas hermosas, un rincón apacible, una confortable casa rural o una interesante conversación con algún abuelo que, sentado en un banco, toma ese sol tan valioso en estas tierras de montaña. Si le pillamos de buen humor quizás nos cuente como se usaba el potro de herraje como el que se conserva en Mugiro. El potro de herraje o perratoki servía no solo para cambiar las herraduras de los animales, también en el caso de que hubiera que aplicarles algún tratamiento médico. Se construía en madera. En la parte frontal había un yugo donde se amarraba la cabeza de la res. Luego, por un sistema de rodillos y correas se suspendía al animal en el aire, inmovilizándolo. El potro de herraje se usaba con vacas, bueyes y caballos. El herrero utilizaba el martillo, las tenazas, el pujavante y los clavos. El pujavante era una especie de espátula alargada y plana. Con este instrumento se limpiaba el casco del animal dejándolo liso para colocar correctamente la herradura. Mientras los caballos llevaban cuatro herraduras, el ganado vacuno llevaba ocho, dos en cada pata. Estos potros de herraje estuvieron en uso hasta la década de los sesenta del siglo XX. Dejaron de ser necesarios cuando disminuyó la cabaña bovina y su función como animal de tiro fue sustituida por los tractores.

En Mugiro, además de visitar el potro de herraje, también podremos disfrutar de una excelente panorámica de la escarpada muralla montañosa de las Malloas. También veremos caserones que conservan la rampa al sabayao o desván donde se almacenaba el grano o la paja para que los animales comieran en invierno.

En Etxarri también encontraremos otro potro de herraje. Pero lo más original dentro del patrimonio etnográfico de este pequeño pueblo es el conjuradero que está junto a la iglesia parroquial. En un tiempo en que la buena marcha de la cosecha significaba la diferencia entre pasar cómodamente el invierno o pasar hambre, las tormentas suponían la peor de las pesadillas. El pedrisco podía acabar en unas horas con la cosecha, echando a perder el duro trabajo realizado durante todo el año. Ante este temor, era habitual pedir la protección divina para alejar las tormentas y evitar sus perniciosas consecuencias. Esta práctica casi mágica de rezar contra los desastres climatológicos está enraizada en las épocas más antiguas de la humanidad, cuando era la naturaleza quien dominaba al hombre y no al revés.

Aunque en la jerarquía eclesiástica no eran bien vistos los conjuros contra las tormentas, era práctica corriente que, en muchos lugares, el párroco del pueblo, en presencia del vecindario, elevara al cielo sus letanías en las entradas de las iglesias, en la torre más alta del pueblo o desde algún balcón expuesto a los vientos. En algunos pueblos se llegaron a construir pequeños templetes, los conjuraderos, dedicados a tal fin. Era como si de esta manera el conjuro contra las nubes y la bendición de los aires tomara más fuerza cuando se ejercitaba desde estas curiosas capillas al aire libre.

El conjuradero de Etxarri es muy sencillo. Cuatro pilares que sostienen una techumbre a cuatro aguas. Hay que imaginarse al cura del pueblo en su interior dirigiendo sus plegarias en dirección al muro pétreo de las Malloas cuando los negros nubarrones empezaban a superar los afilados picos de la montaña y el retumbar de los truenos hacía que cundiera el nerviosismo entre esas gentes que vivían del campo.

Otra muestra de patrimonio etnográfico en los pueblos de Iturraskarri son los lavaderos. Durante mucho tiempo han quedado abandonados y olvidados debido al progreso (¿quién no tiene una lavadora en su casa?). Pero el lavadero no sólo era el lugar donde se lavaba la ropa. En ese entonces también era un espacio de reuniones femeninas, de risas, de conversaciones, donde se cantaban canciones y donde los cotilleos y las noticias provocaban los más variados comentarios. De esta manera el trabajo se hacía más llevadero. Y es que el trabajo que las mujeres realizaban en el lavadero era duro, con agua muy fría, a veces helada. No era raro tener que romper el hielo de la superficie del agua para poder lavar en lo más profundo del invierno.

Estos lavaderos son hoy un monumento que recuerda el trabajo y sacrificio, muchas veces olvidado, de esas mujeres que, ante todo, velaron por el bienestar de sus familias desde la humildad y el anonimato. Encontraremos lavaderos en muchos pueblos. Oskotz, Albiasu, Arribe y Lekunberri son algunos de ellos. En el de Lezaeta los puestos individuales de lavado hacen que sea fácil imaginar a las mujeres frotando la ropa una y otra vez contra la fría piedra. El de Astitz está en un tranquilo paraje a las afueras del pueblo. Aprovecha un nacimiento de agua para llenar una gran pila. El sendero que desde Astitz lleva al lavadero es parte de los caminos de Iturraskarri. Hace décadas sería habitual ver por aquí caminando a las mujeres llevando la colada sobre sus cabezas. Eso ha cambiado. Lo que no ha cambiado es el camino y el paisaje. Tampoco esos prados donde pastan tranquilos los caballos.

 

 

EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA BARRANCA

Una de las rutas más interesantes de los caminos de Iturraskarri es la que lleva desde Egiarreta a Arriazu pasando por Uharte Arakil, Irañeta, Ihabar e Hiriberri. Este recorrido de casi 20 kilómetros sigue en buena parte un antiguo Camino de Santiago. Actualmente el Camino de Santiago se dirige desde Pamplona a Logroño pasando por Puente la Reina, Estella y Viana entre otras localidades. Este recorrido fue favorecido por los monarcas navarros para fomentar la repoblación con el avance de la Reconquista. Anteriormente el Camino de Santiago partía de Pamplona hacia Vitoria por el valle de la Barranca, siguiendo el ancho pasillo formado por las sierras de Aralar y Urbasa.

Podemos empezar la ruta jacobea de Iturraskarri en la ermita de Santiago de Itxasperri, una pequeña joya del románico que se encuentra a poca distancia de Egiarreta y que está dedicada al santo del Camino. La ermita se encuentra rodeada de un área recreativa donde no faltan columpios y toboganes para los más pequeños. El paraje tan agradable y apartado donde hoy se encuentra Santiago de Itxasperri no siempre fue así. La ocupación humana de la zona es distinta de la que era en el pasado. Donde hoy hay 15 pueblos hubo en la Edad media más de 30. Esta despoblación se produjo sobre todo en el siglo XIII debido a la inseguridad creada tras la conquista de Álava y Guipúzcoa por Castilla. El valle se convirtió en la frontera de los reinos, más expuesta a incursiones, correrías y saqueos. Esto hizo que muchos habitantes del valle buscaran seguridad trasladándose a Pamplona o Estella entre otros lugares. Por eso muchas de las ermitas que hoy vemos solitarias, alejadas de los pueblos, son en ­realidad las iglesias de esos despoblados.

Santiago de Itxasperri es un ejemplo de estas iglesias de pueblos desaparecidos en la Edad Media. Hasta hace unas décadas, cuando la agricultura tenía un peso mayor en estos valles, se realizaban procesiones para bendecir las tierras. Estas procesiones solían pasar por estas ermitas. Es como si estos sólidos edificios religiosos, que han aguantado el paso de los siglos, fueran los guardianes de los campos. Como si los santos a los que están dedicadas fueran a propiciar la buena marcha y la abundancia de la cosecha. Además de estas procesiones, la ermita de Santiago de Itxasperri también recibía la visita, hasta los años 70 del siglo XX, de la junta del valle de Arakil. Era habitual en muchos pueblos que la corporación municipal se reuniera en iglesias y ermitas. La celebración de los pactos, acuerdos o contratos junto a territorio sagrado daba más solemnidad y validez a los mismos. Hoy puede parecer extraño, pero no lo era en un mundo donde la espiritualidad y la religión era parte muy importante del día a día de los habitantes del valle.

Santiago de Itxasperri tuvo cofradía, de la que formaban parte tanto eclesiásticos como seculares. Celebraban misa una vez por semana. Peregrinos, cofrades, alcaldes y procesionantes hoy han sido sustituidos por curiosos, turistas y senderistas que se acercan a disfrutar de esta hermosa construcción románica. Santiago de Itxasperri fue declarada Bien de Interés cultural en el año 1993. El edificio actual está datado a comienzos del siglo XIII y tiene un único ábside semicircular, característica habitual en la mayoría de las iglesias del románico rural navarro.

Generalmente se encuentra cerrada, pero podemos ver su interior si nos acercamos a la pequeña portada que se encuentra en la fachada occidental. En la puerta, un orificio hecho al efecto nos permite visualizar el interior de la ermita. La imagen de Santiago es moderna. Parece que la imagen original fue robada. Mejor imaginar que decidió marchar a otro lugar donde volviera a tener la compañía de esos incansables andarines de bordón y concha. Y como antiguos peregrinos seguiremos la ruta hacia Egiarreta. Cerca de la iglesia parroquial se encuentra el lavadero. Es otro de los elementos restaurados gracias al proyecto Iturraskarri. El lavadero de Eguiarrieta es uno de los más interesantes, ya que no solo cumple esa función, al mismo tiempo es abrevadero y fuente.

Tras refrescarnos con el agua de la fuente de Egiarreta seguiremos camino siempre con las moles calizas de Aralar cercanas. Montaña y agua. Siempre estarán presentes en nuestros paseos por los caminos de Iturraskarri. Así pasa también cuando, tras dejar atrás el pueblo de Irañeta, atravesemos el río Arakil por un bonito puente medieval, otro de los atractivos de la ruta.

Pero el monumento más importante lo encontramos poco antes de llegar a Uharte–Arakil: la iglesia de Santa María de Zamartze. Está declarada BIC desde 1983. Era la iglesia de un pequeño monasterio dedicado a San Marcos (Zamartze en euskera). Del antiguo monasterio queda la iglesia románica construida hacia mediados del siglo XII. La iglesia, como la de Itxasperri, responde en su tipología al románico rural, con una sola nave y ábside semicircular. Destaca su portada adornada con motivos geométricos y vegetales con influencias de la desaparecida catedral románica de Pamplona y de la escuela del Maestro Esteban. El ábside está orientado hacia el este, hacia la salida del sol, tal como era habitual en los templos cristianos.

Las campañas de excavaciones arqueológicas que se sucedieron desde el año 2002 evidenciaron que en este lugar, en el siglo I a.C, mucho antes de que se construyera el monasterio cristiano, estuvo la Mansio de Aracaeli, un asentamiento romano que daba servicio a los viajeros que recorrían la calzada romana que unía Burdeos y Astorga. Esta calzada era una de las vías de comunicación principales del norte de la Península Ibérica hace 2.000 años. Además del rico muestrario de piezas romanas, en las excavaciones del antiguo cementerio aparecieron conchas que acreditan la existencia de un hospital de peregrinos en el monasterio medieval. En la Edad Media el monasterio dependió de la catedral de Pamplona. Hoy también depende de la diócesis de Pampona–Tudela y se ha convertido en casa de espiritualidad. Destino muy adecuado para un lugar que desde su origen dio asistencia y reconfortó a los peregrinos que pasando junto a la montaña sagrada se dirigían hacia la tumba del apóstol Santiago.

Dejamos atrás Zamartze para continuar camino. Entre monumentos, sendas y bosques acabaremos la ruta en el lavadero de Arruazu, otro de los lavaderos restaurados por el proyecto Iturraskarri. El Camino de Santiago es uno de los ejes que estructura las rutas de Iturraskarri. Otro es la Vía Verde del Plazaola.

 

 

PLAZAOLA

La red de senderos Iturraskarri coincide en parte con la Vía Verde del Plazaola. La Vía Verde del Plazaola sigue la vía del tren que comunicaba las ciudades de Pamplona y San Sebastián. Este tren de pasajeros estuvo en funcionamiento desde el 1914 hasta 1929 en que fue sustituido por otro más moderno y veloz. En 1953 las lluvias torrenciales destrozaron buena parte de las infraestructuras de la vía. El importante coste que suponía la reparación de los daños y el predominio progresivo del autobús de línea hizo que el tren fuera abandonado como medio de transporte para unir las dos ciudades.

Dada la intrincada geografía de los valles por donde pasaba el tren hubo que construir 66 túneles y 32 viaductos y puentes. Estas infraestructuras, que son muestra del progreso de la época, más el hermoso paisaje por el que discurre la ruta, convierten a la Vía Verde de Plazaola en un atractivo turístico de primer orden. El viaducto más interesante es el que salva el barranco de Gulina. Tiene 185 metros de largo y es el más largo de todo el trazado. Sus 18 ojos alcanzan los 13 metros de altura máxima. Todavía se conservan fotos antiguas donde se ve a agricultores trabajando los campos de alrededor del viaducto con buey y arado mientras el tren atravesaba el viaducto de Gulina. Verían a aquella ruidosa máquina de hierro con curiosidad y extrañeza. El progreso se abría paso y, poco a poco, llegaba a todos los rincones.

Otro paraje donde el caminante podrá tomar una bonita foto es el del viaducto que se encuentra en la confluencia de los ríos Basaburua y Larraun, cerca de la venta de Urritza, en el tramo entre Latasa y Lekunberri. A tan sólo unos metros aguas arriba de este viaducto hay un puente medieval que también salva el río. Muy cerca del viaducto de Urritza encontramos uno de los túneles del Plazaola. No todos los túneles del antiguo tren Plazaola están abiertos al senderista. Es por motivos de seguridad ante la posibilidad de desprendimientos. Pero en este caso podemos atravesarlo.

En Irurtzun hay uno de los túneles clausurados, pero a unos pocos centenares de metros podemos contemplar un puente de un sólo ojo que cruzaba la vía. ¿Y qué mejor lugar para acabar o empezar nuestro paseo por una antigua vía de tren que una estación?

En Lekunberri, este edificio se ha convertido en oficina de información turística, y en ella nos pueden facilitar toda la información necesaria tanto de la Vía Verde del Plazaola como de los senderos de Iturraskarri. Junto a la antigua estación se conserva un tramo de vía y un vagón de tren convertido en lugar de juegos para los más pequeños. No hay tiempo para más. Seguro que volveremos para conocer otros pueblos, otros rincones y otros caminos. Los senderos de Iturraskarri son un viaje al tiempo de nuestros abuelos y abuelas. Las alpargatas y las abarcas las hemos sustituido por nuestras modernas botas de montaña. Pero ese rico mundo rural continúa. Cuando volvemos a él, cuando conocemos sus historias, cuando lo recordamos, lo mantenemos vivo. Y, mientras recorremos estas veredas, quizás nos demos cuenta de que el tiempo no sólo se puede medir en minutos y en segundos. También en amaneceres, atardeceres y en los tañidos de las campanas de esa iglesia lejana.

 

 

CAMINOS QUE UNEN PUEBLOS

Estos son los 52 pueblos que unen los caminos de Iturraskarri: Aginaga, Aizkorbe, Albiasu, Aldatz, Alli, Arribe, Arruazu, Arruitz, Astitz, Atallo, Atondo, Azkarate, Azpirotz, Baraibar, Betelu, Cía/Zía, Egiarreta, Ekai, Eraso, Errazkin, Errotz, Etxaleku, Etxarren, Etxarri, Etxeberri, Gaintza, Goldaratz, Gorriti, Gulina, Hiriberri, Ihabar, Intza, Irañeta, Iribas, Irurtzun, Izurdiaga, Latasa, Lekunberri, Lezaeta, Madotz, Mugiro, Muskitz, Oderitz, Oskotz, Satrustegi, Uharte Arakil, Uitzi, Urritza, Urritzola, Uztegi, Zarrantz y Zuhatzu. Los senderos se han señalizado con marcas naranjas. El trazado de los senderos puede consultarse en www.iturraskarri.plazaola.org/mapa/

 

 

MUCHAS RAZONES PARA VOLVER

Los caminos de Iturraskarri se pueden compaginar con otros caminos y senderos que recorren la zona y que nos acercarán a otros muchos atractivos. Estos son sólo algunos ejemplos:

  • Santuario de San Miguel de Aralar.
  • Cuevas de Mendukilo.
  • Castillos de Aixita, Gorriti y Orraregi
  • Nacederos de Iribas y Araxes
  • Balcón de los buitres y ermita de la Trinidad de Erga desde Irurtzun
  • Monumentos megalíticos de la sierra de Aralar
  • El casco antiguo de Lekunkerri con sus grandes caseríos

 

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