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Portugal

El Metro de Lisboa presume de arte para celebrar sus 70 años

Han organizado visitas guidas para visitar sus galerías

El interior del metro de Lisboa
El interior del metro de Lisboa.
  • EFE. LISBOA
Actualizada 28/04/2018 a las 11:32

El Metro de Lisboa celebra los 70 años de su constitución como empresa con una serie de visitas guiadas centradas en el patrimonio artístico y arquitectónico que encierran sus galerías, muchas de ellas engalanadas con azulejos.


Las esculturas que se exhiben en sus estaciones y especialmente los azulejos que decoran buena parte de sus muros constituyen un símbolo del Metro lisboeta, que nació como empresa en 1948 pero que solo comenzó a transportar pasajeros en 1959.


El metro de la capital lusa está unido al azulejo, cuya industria consiguió revitalizar como una forma de expresión artística en Portugal, explica Guilherme Rodrigues, trabajador del suburbano lisboeta durante 40 años y que, tras jubilarse, hace las funciones de guía.


"En la primera mitad del siglo XX el azulejo es prohibido en grandes fachadas por un decreto del Ayuntamiento de Lisboa, y con el Metro se revitaliza", asegura Rodrigues poco antes de comenzar una visita, para la que le espera una veintena de personas en la entrada de la estación de Avenida, situada en Avenida Liberdade, una de las principales arterias de la ciudad.


Las rutas guiadas comenzaron de forma mensual el pasado enero y continuarán, al menos, hasta julio. La responsable de comunicación del Metro, Sara Plácido, define la iniciativa como "un éxito".


"Colocamos los anuncios en la web y pasadas 72 horas ya habíamos llenado las inscripciones", señala. Preguntada por el motivo de esa aceptación, Plácido asegura que las estaciones del suburbano lisboeta "tienen intervenciones plásticas muy interesantes. Nosotros incluso decimos que nuestra red de estaciones es el museo más visitado de la ciudad".


Las estaciones por las que transcurre la visita cambian cada mes. La de abril recorre Marqués de Pombal, Campo Pequeno, Quinta das Conchas y Ameixoeira, aunque el punto de partida siempre es Avenida porque la estación mantiene las características arquitectónicas y decorativas del momento de su inauguración, en 1959.


Rodrigues aprovecha este marco para comenzar su introducción sobre la historia del metro ante la atenta mirada de los visitantes, en su mayoría de origen portugués.


El guía resalta la decoración de las paredes de la estación, compuesta por azulejos con motivos geométricos que representan ruedas y cruces de caminos. La artista que firmó estos trabajos, María Keil, "fue criticada por trabajar el azulejo porque era un soporte que se consideraba propio de la cocina y el cuarto de baño", explica Rodrigues.


Sin embargo, el azulejo acabó por imponerse en los primeros años del metro hasta tal punto de que se convirtió en un elemento obligatorio para decorar las estaciones. Keil fue una de las principales artistas que trabajaron en ello y decoró hasta 19 paradas diferentes durante los primeros años del suburbano.


"Es un óptimo elemento para el metro porque en el subsuelo hay agua y el azulejo, además de tener una función decorativa, tiene una función de impermeabilización e higiene", explica Rodrigues. "Y además, la materia prima es portuguesa", apostilla.


Sin embargo, durante los años 90 se concedió libertad a los artistas para elegir la decoración de las estaciones. Fue entonces cuando aparecieron en las galerías esculturas y paneles de mármol como los que pueden contemplarse en la de Campo Pequeno, con motivos taurinos en alusión a la plaza de toros del mismo nombre que se asienta a escasos metros.


En la estación de Marqués de Pombal, la decoración alude al estadista portugués, impulsor de la remodelación de la ciudad tras el devastador terremoto de 1755.
De nuevo los azulejos, esta vez los de la pintora María Menez, copan las paredes de la estación, a través de los que se realiza un recorrido por la vida del marqués. Metros más abajo, entre los andenes, una escultura de mármol realizada por João Cutileiro representa al político sin rostro. "Los hay que han dado la vuelta para intentar verle la cara", bromea el guía ante las risas de los visitantes.


Uno de ellos, José Sousa, ha acudido acompañado de su cámara y no ha parado de disparar en más de una hora de recorrido. "Soy un apasionado del metro. Los paneles de azulejos son una maravilla, vale la pena verlos", afirma antes de retomar el hilo de la explicación del guía.


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