Alimentación

Los niños que toman azúcar tienen más riesgo de sufrir ansiedad de adultos, según un estudio

La investigación, realizada con datos de más de 45.000 personas, apunta a que la alimentación durante los primeros años de vida puede dejar huella décadas después

Los autores señalan que los primeros 1.000 días pueden constituir una etapa especialmente sensible para determinados aspectos del desarrollo y que los factores nutricionales podrían influir en la salud mental a largo plazo
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Los autores señalan que los primeros 1.000 días pueden constituir una etapa especialmente sensible para determinados aspectos del desarrollo
Los autores señalan que los primeros 1.000 días pueden constituir una etapa especialmente sensible para determinados aspectos del desarrollo y que los factores nutricionales podrían influir en la salud mental a largo plazo

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Sara Nahum

Publicado el 09/10/2026 a las 05:00

Los primeros años de vida son una etapa clave para el desarrollo del organismo y del cerebro. También lo es la alimentación, que durante este periodo aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento, pero que podría tener efectos que van mucho más allá de la infancia.

Un nuevo estudio de la Universidad de Surrey, publicado en la revista Translational Psychiatry, ha encontrado una relación entre la exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida (desde la gestación hasta aproximadamente los dos años) y el riesgo de desarrollar ansiedad en la edad adulta. Además, dormir mal afecta al aprendizaje y aumenta el riesgo de problemas emocionales en niños

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los datos de 46.448 participantes del UK Biobank nacidos entre 1951 y 1956, una generación que vivió durante el periodo de racionamiento de azúcar en Reino Unido. Esta circunstancia permitió comparar a personas que estuvieron expuestas a diferentes niveles de disponibilidad de azúcar durante el embarazo y sus primeros meses y años de vida.

Y los resultados apuntan en una dirección clara. Las personas que estuvieron sometidas al racionamiento durante los 1.000 primeros días presentaron un 33% menos de riesgo de ansiedad que quienes no estuvieron expuestos al racionamiento. En concreto, el estudio obtuvo un cociente de riesgo de 0,67 para la ansiedad, una asociación que se mantuvo incluso después de tener en cuenta el consumo de azúcar en etapas posteriores de la vida.

Los investigadores también observaron que quienes habían tenido una exposición más prolongada al racionamiento mostraban una menor preferencia por los alimentos dulces en la edad adulta. Sin embargo, el consumo de azúcar en la edad adulta no presentó diferencias significativas entre los distintos grupos, lo que sugiere que la relación encontrada no se explica simplemente porque estas personas comieran menos azúcar décadas después. Boticaria García, recientemente se quejó en sus redes sociales de los menús infantiles de los restaurantes: "Les pedimos salud, pero les ofrecemos azúcar y grasas", denunciaba. 

¿Y qué ocurre con la depresión?

El trabajo también estudió la posible relación entre el consumo de azúcar en los primeros años y la depresión. En este caso, los resultados fueron menos sólidos. Aunque inicialmente se observó un menor riesgo entre las personas que habían vivido más tiempo bajo el racionamiento, esta asociación perdió significación estadística después de realizar determinados ajustes.

La relación con la ansiedad, en cambio, se mantuvo en los diferentes análisis realizados por los investigadores. También encontraron que el efecto parecía ser más acusado en las mujeres.

Los autores señalan que los primeros 1.000 días pueden constituir una etapa especialmente sensible para determinados aspectos del desarrollo y que los factores nutricionales podrían influir en la salud mental a largo plazo. No obstante, el estudio no permite afirmar que el azúcar provoque ansiedad, ya que se trata de un estudio observacional basado en una población concreta y en una circunstancia histórica excepcional.

Los propios investigadores plantean que estos resultados pueden ayudar a comprender mejor cómo el entorno nutricional durante las primeras etapas del desarrollo puede estar relacionado con la salud mental décadas después.

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