Café Cream, las jarras baratas de Pamplona
En la Avenida de Bayona, Ignacio Mozaz insiste en mantener los precios que había antes, la clave de su éxito


Publicado el 16/10/2024 a las 20:00
Café Cream no entraba en los planes de Ignacio, pero cuando le llegó la propuesta de traspaso de este bar, vio que era una buena oportunidad, una persona de números que no dudó en el resultado del trabajo bien hecho. El proyecto nació en 1985 como un bar de barrio. “Nunca volverá a alcanzar el ritmo de los noventa”, así lo recuerdan sus clientes más veteranos. Un centro de reunión en el que abundaron los campeonatos de ajedrez, de billar y futbolín, que pasaron a convertirse en parte de la historia de la Avenida de Bayona.
Con la llegada de su nuevo propietario, Ignacio Mozaz Ochoa, hace algo más de un año, las ventas crecieron. Ahora cuenta con la ayuda de cinco empleados, su hermana está de encargada de lunes a viernes junto a un cocinero, aunque el fin de semana el equipo aumenta a dos camareros y un cocinero.
El número 41 de la Avenida de Bayona ha sufrido un “lavado de cara”, algo que le hiciese mejorar su aspecto manteniendo la esencia que siempre le caracterizó, “un bar de barrio, la casa de muchos vecinos”, así lo define su nuevo dueño. “Hay algunos que llevan bajando a Cafe Cream más de cuarenta años, a esos les cuidamos como oro en paño, entendemos que más que nuestra casa, es suya”, afirma.
Hace diez años, los anteriores dueños instalaron el modelo de “caña barata con algo de picar”, algo que decidió mantener Ignacio. Por eso la caña cuesta 1,20, y la jarra 2,20. Un precio competitivo y difícil de superar, además se sirve en vaso frío y de manera muy específica. Una decisión que les permite servir más de 400 jarras en un día. Las patatas bravas tampoco se quedan atrás, siendo uno de los favoritos. Además, una remodelación de la carta ha incluído más raciones y bocadillos elaborados, desde salsa de boletus a mayo trufada o cebolla encurtida y pastrami.
También cuentan con la oferta de menú, en la que se incluye bebida y patatas al bocadillo seleccionado. “Queremos que la gente vea que mejora nuestra calidad sin subir demasiado los precios, para que sigan pasando horas dentro del local y estén agusto”, reconoce el emprendedor.
El compromiso que une a Ignacio con el barrio le hace “mantener la esencia que siempre tuvo este bar”, aunque sueña con crecer, mejorar y aumentar la terraza. Quiere añadir actividades socioculturales e intentar sumar el éxito en días laborales, algo que le ayude a seguir dándose a conocer. “La media de edad es variada, todo el mundo es bienvenido, igual que viene gente joven, recibimos a familias adultas como a amigos de trabajo”, reconoce. Un bar variopinto y castizo que mantiene la tradición, variedad músical y precios atractivos.