Francisco Tinahones, endocrino: "No financiar los nuevos fármacos para la obesidad es una discriminación"
La pandemia de sobrepeso podría ser historia con terapias tipo Ozempic, cuya segunda generación ya promete resultados más potentes, según el presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición


Publicado el 28/02/2026 a las 19:15
Francisco Tinahones es el nuevo presidente electo de la Sociedad Española de Endrocrinología y Nutrición (SEEN), una especialidad médica que experimenta en la actualidad una inesperada revolución por la irrupción de las nuevas terapias. Tanto, que la obesidad puede estar camino de ser historia, aventura este médico referente.
No hay especialidad que experimente un auge como el de la endocrinología. ¿Qué sucede?
Nuestra especialidad es muy amplia, pero atiende enfermedades que están incrementando su incidencia de forma brutal: diabetes, obesidad, alteraciones de lípidos... Es lógico que sea una de las áreas con más consultas.
Quizá la pregunta deba ser a qué se debe este boom que cita.
En nuestro país, más de la mitad de la población no tiene un peso adecuado y la causa es multifactorial. Por un lado, vivimos en un entorno 'pesogénico'; es decir, que nuestro hábitat tiende a contribuir a esta pandemia. Ha cambiado nuestro estilo de vida, la actividad física en los trabajos ha desaparecido, la oferta de alimentos es ahora generalizada y, sobre todo, de alto contenido calórico y, por último, tenemos hambre. Esto se debe a nuestra biología, que está preparada para acumular grasa.
¿Cree que hay conciencia de esta realidad y sus riesgos?
Hemos hecho un estudio reciente y vemos que todos los sujetos con obesidad -o un porcentaje muy alto- asumen que deben perder unos kilos. Hay un giro en materia de concienciación y está empezando a verse la obesidad como una enfermedad, que es como hay que verla y afrontarla.
Está reconocida como tal, pero no tratada en España. Al menos, no con fármacos.
No está tratada igual que otra enfermedad. Todavía existe el estigma sobre quienes la padecen, que son tratadas como si tuvieran falta de voluntad. Algunos sectores sanitarios, incluso alguna administración pública, lo ven como algo que hay que abordar desde la prevención y decirle a las personas que tienen que cambiar sus hábitos, cuando no es tan fácil. Cuando lo intentamos, fracasamos en un porcentaje altísimo. Las herramientas terapéuticas que teníamos antes eran muy poco efectivas, pero ahora sí lo son (los antagonistas del GLP-1, tipo Ozempic), y mucho, pero no las cubren los sistemas públicos de salud. Esto supone una discriminación de una enfermedad con respecto a otra.
¿El problema es el precio? En otros casos los tratamientos son millonarios y se cubren.
No, el problema es que afecta a mucha gente. En casos como los que cita, como los oncológicos, por suerte no es así. Con la obesidad hablamos de un 20% de la población afectada. Nuestra postura es que hay que empezar a pensar en financiar estos fármacos, por ejemplo, en casos de obesidad grave. Estamos sometiendo a sujetos a cirugías cuando podrían alcanzar los mismos resultados con estas nuevas terapias. No podemos negar la evidencia en individuos que tenían muchas enfermedades derivadas de la obesidad que han desaparecido tras recibir este tratamiento.
¿Hay conversaciones avanzadas para la financiación?
Sí, de hecho, a nosotros como SEEN se nos ha pedido que informemos oficialmente de nuestra postura. Ahora mismo este tema está en el debate político y esperemos que salga pronto alguna decisión, al menos para un porcentaje determinado de pacientes obesos que puedan beneficiarse de unos fármacos que, literalmente, les cambian la vida.
¿Tiene detectado el movimiento en contra de estas terapias, especialmente en redes?
Sí, sin duda. Estamos probablemente ante el área médica con más 'fake news'. Estos fármacos han tenido periodos de seguimiento de más de seis años. Los mensajes por la pérdida de masa muscular, etc., son obviedades. Pasa igual con las dietas y por eso aconsejamos la actividad física. No se puede negar que sea un efecto secundario en cualquier pérdida de peso. Sin más.
¿Y el temido efecto rebote?
Pues igual que si a un paciente con hipertensión le quitan el medicamento vuelve otra vez a subir la tensión, con estos vuelve el apetito. Estos fármacos deben verse como tratamientos a medio o largo plazo. Son para pacientes con obesidad o alguna enfermedad metabólica, no para quienes tienen un normopeso y se quieren quitar cuatro kilos para ir a una boda. Lo que sucede ahora es que es difícil mantenerlos a largo plazo por su precio.
Defina 'medio o largo plazo'.
Dependerá, pero si pensamos que es una enfermedad crónica, pues tendrán que estar a largo plazo. La mayoría de los estudios que hay son a seis años.
La semaglutida y la tirzepatida son ahora los principios activos para la obesidad. ¿Serán superados pronto?
Sí, y con un resultado brutal. En nuestro hospital estamos probando más de diez moléculas nuevas. Los resultados de algunas de ellas se acercan a los de la cirugía bariátrica, con pérdidas de peso superiores al 30%. Vienen fármacos incluso más potentes.
¿Cómo actúan?
La mayoría son moléculas que ya tenemos en nuestro aparato digestivo. Desde ahí, mandan señales al cerebro para decirle que hay alimento suficiente, que no hace falta comer más. Pero esas señales las tenemos reguladas a la baja porque hemos pasado hambruna durante toda nuestra existencia. Digamos que están programadas para llamar al cerebro con los nudillos y las nuevas moléculas envían las señales con un timbre potente.
Pensábamos que el apetito estaba en el cerebro, pero no. ¿Era el error clave?
Sí. Curiosamente, hemos diseñado moléculas que fueran directamente al cerebro en el siglo pasado y no hemos tenido éxito. Ahora, pensando en el intestino, hemos encontrado la diana.
¿Qué diría a tanto detractor de estos medicamentos?
Les pediría que hablaran con el 80% o 90% de los pacientes a los que le ha cambiado su calidad de vida. De tener diabetes a no tenerla; de tener apnea del sueño y dormirse durante el día, a no tenerla; de tener un hígado lleno de grasa a no tenerlo. Parece haber una lucha porque se cree que, tras estos medicamentos, los nutricionistas pierden su espacio, pero es al contrario: ahora son más necesarios.
¿Será la obesidad algo del pasado como lo era el hambre?
Puede ser. Hace más de treinta años que investigo y no podíamos ni soñar que llegaran a existir moléculas de esta potencia.