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JUAN FERNÁNDEZ-MIRANDA Y JESÚS GARCÍA CALERO AUTORES DE 'DON JUAN CONTRA FRANCO'

“La conspiración monárquica fue el único intento serio contra Franco”

Juan Fernández Miranda y Jesús García Calero

Juan Fernández Miranda y Jesús García Calero

CALLEJA
Actualizada 12/04/2019 a las 18:07
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Durante los cuarenta años de su dictadura, Franco prácticamente no tuvo que hacer frente a intentos decididos de expulsarle del poder. Pero en 1948, cuando habían pasado solo nueve años desde el final de la Guerra Civil y tres desde que acabase la Mundial, una conspiración liderada por don Juan, hijo de Alfonso XII y padre de don Juan Carlos, que entonces tenía 25 años, reunió a casi toda la oposición antifranquista con la intención de que el dictador abandonase el poder. Franco estuvo siempre al corriente de los intentos de restaurar la Monarquía, gracias a los espías que le informaban de la actividad de los conspiradores. Juan Fernández-Miranda y Jesús García Calero han construido, a partir de los documentos que recibía Franco, un libro en forma de reportaje que reconstruye los antecedentes, el desarrollo y el final de una conspiración que pudo cambiar la historia de España. Los dos periodistas presentaron Don Juan contra Franco. Los archivos secretos de la última conspiración monárquica el 11 de abril en el Club de Lectura de Diario de Navarra.

¿Cómo surgió este libro?

Fernández-Miranda: Los dos trabajamos en Abc, somos los redactores jefes de política y cultura, recibimos juntos unos documentos históricos sobre esta conspiración. Publicamos en el periódico unos reportajes que eran fotos fijas de diferentes momentos, pero llegamos a la conclusión de que había que escribir un relato completo de la conspiración que urdieron estas personas contra Franco durante diez años y que concluía en los informes del año año 48. Fue el único intento serio de conspiración contra Franco después de la Guerra Civil.

¿Cuál es la principal aportación del libro?

García Calero: Hay varias aportaciones. Revelamos que, a muy pocos años de la Guerra Civil, cuando parece que solo hay poder, represión y mucha hambre, también hay política, por primera vez. Era gente que había estado en el bando ganador, en el bando sublevado, pero no estaba de acuerdo con que el régimen fuera una dictadura a imagen y semejanza de Franco. La segunda aportación es que el antifranquismo democrático no es solo el del exilio y de la izquierda, que conocemos más, que está en los libros de historia. Hubo en el bando ganador mucha gente que quería una recuperación democrática. Se movilizó con gran riesgo: hubo encarcelamientos, confiscaciones y multas. Demuestran su oposición de una manera llamativa, diciéndole a Franco por escrito, en papel oficial, con reuniones a la cara, que se tiene que ir, que no han hecho la guerra para que él implante una dictadura, que es necesario que se aparte para que llegue don Juan.

Fernández-Miranda: Encontramos un referente moral para la derecha democrática. La España por la que luchó don Juan es una España netamente democrática.

Sin embargo, don Juan insiste en la idea de una monarquía tradicionalista, una idea ya muy vieja a mediados del siglo XX.

Fernández-Miranda: Sí, pero cuando don Juan viaja a Estoril en 1947 intenta formar el bloque antifranquista más amplio posible. Comienza acercándose a los tradicionalistas y los atrae un poquito a las convicciones liberales y democráticas del siglo XX; después, a los militares más liberales; después, al Partido Socialista de Indalecio Prieto. Al final todo concluye en un gran pacto, que lo firman todos, desde la derecha más conservadora hasta el Partido Socialista (pero no el comunista), en San Juan de Luz en 1948. Diseñan una España democrática, que se puede equiparar al modelo británico.

García Calero: Ese pacto es el antecedente más remoto que tenemos de la Transición democrática, pero con una diferencia. No solo son personas que son capaces de ceder de lo suyo para un pacto que les incluya a todos, sino que lo hacen a ocho o nueve años de terminada la Guerra Civil. Si hablamos de la generosidad que hubo en los años 70, en este caso es mucho mayor, porque es la misma generación que había estado a tiros; todos tenían hermanos o familiares muertos. Es un ejercicio de reconciliación que es la primera vez que resuena. Es un rechazo absoluto de la monarquía falangista que quería Franco.

¿Y no fue más una unión contra un enemigo común que para lograr unos objetivos?

Fernández-Miranda: El móvil inicial fue el antifranquismo. Todos tienen en común creer que no merece la pena que España, después de la Guerra Civil, se meta en una dictadura. Ahí está el esfuerzo de cesión, de reconciliación, para llegar a un acuerdo común en el que se establece un modelo para España que supone un salto de 30 años. Si don Juan hubiese logrado la jefatura del Estado, el Plan Marshall [ayudas americanas para reconstruir Europa tras la Guerra Mundia] habría llegado a España. Se habla de que España forme parte de lo que después será la UE; de los derechos fundamentales, de igualdad, de derechos sindicales. De una España que no llegaría hasta 1978. Y les une que estaban siendo espiados continuamente, en todas sus comunicaciones... Franco tenía noticia cierta de todo lo que estaban haciendo. Es lo que aportan estos documentos. Franco recibía boletines periódicos que contaban quién se había reunido con quién, que fulano había recibido una cara de zutano... Y Franco iba subrayando estos documentos, que sirven como un espejo de la personalidad del dictador. Se ve qué le preocupa, qué le cabrea, a veces subraya con fuerza, a veces pone una nota azul de algo que considera positivo. Estaban escritos solo para que los leyera Franco. Estos documentos cuentan con pelos y señales qué pensaban, cómo se reunián. Era una conspiración muy seria, pero Franco, que era muy listo, antes de reprimir a los militares les va quitando el mando de las tropas. En ocasiones da golpes encima de la mesa, y manda alguno al exilio, o le impone una multa. Esa conspiración tenía los pies de barro porque ninguno de los que estaba allí, sobre todo don Juan, iba a pasar por el peligro de que hubiera una confrontación. Querían que Franco se fuera, pero no querían derrocarle.

¿La restauración de la Monarquía hubiese sido bien recibida? Gil Robles decía que la Monarquía no despertaba entusiasmo alguno.

Fernández-Miranda: Eso ocurre por dos motivos. Por una parte, Franco se preocupó mucho de aplacar todos los sentimientos monárquicos. En la prensa española don Juan era maltratado y vejado. Cuando don Juan Carlos llega a España en noviembre de 1948 no se recoge en la prensa, y no llega a Madrid, lo detienen en Villaverde para que no haya monárquicos recibiéndole en la capital. Y, por otro lado, es cierto que la sociedad de España en los años 40 está muy castigada y que no quiere líos. Esta es una conspiración de las élites para configurar una alternativa. ¿Cómo se hubiese recibido a don Juan? Si hubiese llegado con el apoyo de los países que habían ganado la guerra entendemos que habría sido bien acogido. Tal vez no por los comunistas, pero sí por los demás.

García Calero: Si algo influye en que don Juan pierda el favor de los países aliados, que están ganando la guerra, es que Franco, que es muy astuto, a medida que Stalin se va convirtiendo en un peligro, sugiere que Stalin está favoreciendo a don Juan para que haya un gobierno débil y poder derrotarlo. Franco se presenta ante los aliados como su mejor baza frente a Stalin y les convence de que, aunque ha apoyado a Hitler y Mussolini, sobre todo ha hecho una guerra contra el comunismo.

Después de que la conspiración fracasase ¿hubo un sentimiento de traición cuando don Juan entregó a don Juan Carlos a Franco para su educación?

Fernández-Miranda: En el año 47, cuando don Juan llega a Estoril y conforma el germen de lo que sería su consejo privado, hay un debate interesante, que recogemos en el libro. Uno lo lidera José María Gil Robles y otro Pedro Sainz Rodríguez. Gil Robles es partidario de conseguir ese gran bloque antifranquista por la vía del diálogo. Esa vía concluye en agosto de 1948 con el pacto de San Juan de Luz. La otra estrategia es la de Sainz Rodríguez, y es la de asumir que Franco no va a ceder el poder y puede seguir en él muchos años, y que si la sucesión no puede ser en don Juan, al menos que pueda ser en don Juan Carlos. Y hace que su mano derecha no sepa lo que hace su mano izquierda. Los que están negociando el pacto de San Juan de Luz se sienten traicionados cuando conocen la reunión del Azor [un encuentro entre Franco y don Juan en el yate del dictador]. Indalecio Prieto dijo: “Tengo tales cuernos que no sé cómo voy a salir de esta habitación”.

García Calero: La cuestión es que don Juan le ofrece a Franco que venga su hijo, no se lo impone el dictador. Y a la larga eso se traducirá en que no es la monarquía de Franco la que se va a imponer, sino todas las ideas que tenía don Juan. El hecho de que cuando muere Franco, en 1975, Juan Carlos hereda todos los poderes absolutos que tenía Franco y tarda unos meses en devolverlos y elaborar una Constitución, calcada de los ideales de don Juan, demuestra que termina triunfando la baza de don Juan.

Aunque eso fuera a costa de que don Juan Carlos se convierte en rey en un país en el que no hay monárquicos.

Fernández-Miranda: Si hay algo común en los 40 años de Franquismo es que en ningún momento hubo un tratamiento positivo de la monarquía, aunque también intentó no pisar ningún callo, no fuera a ser que se le levantara. Es cierto que cuando Juan Carlos estaba en España Franco trató de patrimonializarlo, pero ese es el juego que tuvo que jugar Juan Carlos, y daría para otro libro.

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