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Isabel san sebastián periodista y escritora

“Las reliquias de Santiago fueron un gran impulso para la Reconquista”

Isabel San Sebastián en el club de lectura de Diario de Navarra

Isabel San Sebastián en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 02/11/2018 a las 19:17
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Tras el éxito de anteriores novelas como La visigoda y Astur, Isabel San Sebastián vuelve a los tiempos del reinado de Alfonso II el Casto con La peregrina, una novela histórica que viaja al origen del Camino de Santiago. Su protagonista, Alana de Coaña, se suma a la comitiva que encabezó el rey de Asturias para visitar la tumba del apóstol Santiago, recién descubierta en un bosque próximo a Iria Flavia (Galicia). Será un viaje marcado por las intrigas, los peligros y también las penalidades que conllevaba el peregrinaje en aquella época. “Durante toda la Edad Media y gran parte de la Edad Moderna, peregrinar a Santiago era algo durísimo, que entrañaba todo tipo de peligros”, destaca la autora, que recorrió parte del llamado Camino Primitivo, de Oviedo a Santiago. Con raíces navarras por parte materna, Isabel San Sebastián Cabasés (Chile, 1959) estuvo el pasado 29 de octubre en Pamplona para charlar sobre La peregrina en el Club de Lectura de Diario de Navarra.

¿El hallazgo de la tumba de Santiago está entre la historia y la leyenda?

El viaje que yo relato en esta novela existió. Hay un documento que se conserva en la Catedral de Santiago sobre una donación que realizó el rey Alfonso II el Casto a la basílica que él mando levantar sobre la tumba de Santiago. La donación se hizo en el año 834. En ese mismo documento se dice que el rey viajó al lugar santo. Eso es rigurosamente histórico. Fue el rey Alfonso II de Asturias quien certificó la autenticidad de las reliquias y mandó levantar en aquel mismo lugar una basílica y un monasterio.

¿Cómo se le ocurrió la idea de escribir sobre el origen del Camino de Santiago?

Fue leyendo una noticia sobre algunos de los acontecimientos que se estaban planificando para celebrar el próximo Jacobeo. El Camino de Santiago es un patrimonio formidable del que dispone España. Precisamente el origen del Camino se sitúa en un periodo histórico que yo conozco muy bien, el reinado de Alfonso II el Casto, que ya había novelado en La visigoda y también en parte en Astur. Había hechos históricos sobre los cuales podía fundamentar la crónica de esa primera peregrinación. Entonces opté por unir mi experiencia de peregrina con la información documental.

En su novela describe la ruta del llamado Camino Primitivo, que va de Oviedo a Santiago. ¿Hasta qué punto se metió en la piel de una peregrina medieval?

En honor a la verdad, hice la mitad andando y la otra mitad en coche. El Camino Primitivo es muy duro y abrupto, con muchas cuestas. Además, yo lo hice con una lesión en el pie, mientras me recuperaba de una rotura de ligamentos. Es un camino bellísimo, muy auténtico, que encierra el espíritu y la esencia de lo que debió de ser el Camino de Santiago durante siglos. Lo recuperó recientemente la Asociación Astur-Galaica de Amigos del Camino de Santiago. Hay etapas enteras en las que prácticamente no hay civilización, ni siquiera dónde abastecerte de agua, así que no te cuesta nada ambientarte.

Esta novela se iba a titular El primer peregrino, en alusión al rey Alfonso II el Casto. Luego lo cambió por La peregrina. ¿Qué ganaba la historia siendo contada por una mujer?

Los protagonistas de mis novelas nunca son personajes reales. Me da mucho pudor meterme en la piel de un personaje histórico, me parece muy osado. En este caso, el hecho de que la narradora sea una mujer se debe a dos razones. La primera es que yo ya tenía a Alana de Coaña, una amiga literaria a la que poder recurrir para que fuera la cronista de esta peregrinación. En segundo lugar, a mí me resulta mucho más fácil meterme en en el corazón y en la piel de una mujer que en la de un hombre. La verdad, me apetecía recuperar a Alana. Es un personaje muy querido para mí y también para mis lectores.

Describe al rey Alfonso a través de la mirada de Alana. ¿En qué medida indagó en los motivos que le llevaron a mantenerse casto?

Esa es una de las intrigas de la novela. Sabemos que nunca se casó y que no tuvo descendencia, pero la historia no nos ha brindado las razones de esa castidad. Yo he hecho mi interpretación, basada en hechos históricos conocidos. Alana se pregunta por qué Alfonso se obstina en no casarse y en no engendrar un heredero, siendo rey de un reino que está acosado por un ejército musulmán muy superior en número y en fuerza, absolutamente determinado a aniquilar el reino de Asturias.

Y en ese momento tan crítico, las reliquias del apóstol Santiago cobraron un gran poder. ¿Hasta qué punto?

Desde nuestra mentalidad contemporánea es muy difícil comprender el valor que podían tener unas reliquias como las de Santiago, pero en aquella época la religión y la política formaban una unidad. El hecho de que uno de los doce apóstoles hubiera elegido para su eterno descanso un bosque perdido, próximo a Finisterre, en ese pequeño reino cristiano que resistía al asedio musulmán, significaba la diferencia entre la supervivencia y la aniquilación. En ese momento, las reliquias de Santiago supusieron un impulso formidable a la consolidación del reino de Asturias y al inicio de la Reconquista. Creyeron que el apóstol Santiago había aparecido allí para ejercer de protector de España, tal como había dicho Beato de Liébana.

Curiosamente, esta es la primera novela que se escribe sobre el origen del Camino de Santiago.

La verdad, es algo inexplicable. Fíjate lo que han hecho en Inglaterra con los mitos artúricos, o en Francia con Carlomagno y la dinastía de los Capetos... Ni siquiera hay una película española sobre el Camino de Santiago. Está The Way, pero en fin... Las motivaciones son buenas, pero hay cada gazapo histórico y cultural... Otra de las razones por las que quise novelar esta primera peregrinación jacobea es que me daba cierta rabia que el Camino de Santiago lleve el apellido 'Francés'. Lo digo sin acritud alguna hacia los franceses. Tengo un yerno francés al que quiero un montón, estudié en un Liceo francés, me encantan la educación y la cultura francesas... Pero el Camino de Santiago es español, no es francés. Me parecía importante reivindicarlo.

Como novelista, se la ve especialmente cómoda en el mundo medieval. ¿Qué le hace conectar tanto con esa época?

Me gusta mucho la Edad Media porque es un periodo muy mágico y simbólico, que deja mucho espacio a la fantasía. Sé que mi imagen pública es muy distinta, pero yo tengo mucha imaginación. Mi padre nos contaba historias cuando éramos pequeños. Una de ellas era sobre un caballero que se llamaba Don Quintín de Pamplona, porque nuestra madre era de Pamplona. Era un caballero medieval un poco borrachuzo al que le gustaban las tabernas, pero que luego rescataba doncellas con mucho valor. Y luego me gusta mucho la Edad Media española porque es el tiempo en que se construyó España.

¿Mira hacia esa época con nostalgia?

Sí, probablemente haya algo de nostalgia. Me produce una gran fascinación volver a ese momento en el que existió ese impulso, ese coraje y esa determinación por crear un proyecto común y compartido. Ahora estamos viviendo el proceso inverso, con una desvertebración, desunión y multiplicación de intereses cada vez más cortoplacistas y miopes. Estamos regresando a los reinos de taifas. También siento nostalgia desde el punto de vista de determinados valores que para mí son importantes, como el honor, la valentía y la lealtad. Creo que esos principios estaban más vigentes en la Edad Media que en nuestra época.

¿Hasta qué punto el personaje de Alana es un alter ego de Isabel San Sebastián?

Tenemos elementos comunes, tanto biográficos como de carácter. De hecho, en esta novela ella tiene la misma edad que yo. Las dos somos mujeres enérgicas, fuertes, a las que la vida ha obligado a sobreponerse a grandes pérdidas, pero no nos hemos rendido ante la adversidad. Alana y yo nos parecemos mucho, también en los defectos. Las dos somos muy curiosas, muy cotillas. En determinadas circunstancias es algo positivo, en otras no tanto.

En este libro incluye un agradecimiento a quienes la han soportado mientras escribía la novela. ¿Tanto han tenido que aguantar?

No sé si les pasará a otros escritores, pero cada vez que escribo una novela, convivo con mis personajes y con mi historia durante las 24 horas del día. A veces incluso me despierto de noche y me levanto a escribir notas de algo que se me ha ocurrido. Quienes están junto a mí, saben que durante dos años voy a estar abducida por la novela. Sé que resulta muy incómodo para quienes conviven conmigo, porque tu mente está ausente. Solo recupero mi vida normal en los seis meses que siguen a la publicación de la novela, cuando aún no me he puesto con la siguiente.

En La peregrina recupera al detalle las costumbres de la época, incluso describe platos de la cocina andalusí. ¿A quiénes recurre para documentarse?

En el aspecto de la cocina me ayudó un amigo cocinero que es cordobés, Juan Pozuelo. Le pedí que me investigara algún plato de la cocina mozárabe altomedieval. Ya voy tejiendo mi red de influencias a la hora de pedir ayuda para documentarme. Tengo a un librero de cabecera que me suele proporcionar documentación y también recurro a mis amigos de la universidad o de las instituciones. En el caso de La peregrina, Benjamín Alba, miembro de la Asociación Astur-Galaica del Camino de Santiago, me brindó una ayuda impagable al acompañarme en el Camino y mostrarme lugares maravillosos. Él me contagió su pasión por lo que representa el Camino, también en su faceta más espiritual y profunda.

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