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Víctor del Árbol, hijo de héroes de Torre Baró

"La literatura funciona cuando el lector cierra el libro y piensa en sí mismo"

Víctor del Árbol en el club de lectura de Diario de Navarra parea presentar Por encima de la lluvia

Víctor del Árbol en el club de lectura de Diario de Navarra parea presentar Por encima de la lluvia

Actualizada 20/11/2017 a las 12:01
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  • José Ignacio Roldán

"Las historias interesantes de verdad son de personas que, sin darse cuenta, hacen de su vida algo extraordinario. Todas las historias que me inspiran pertenecen a gente corriente de mi entorno". Una historia así está detrás de Por encima de la lluvia, la última novela de Víctor del Árbol, que el escritor barcelonés presentó en el club de lectura de Diario de Navarra el pasado 7 de octubre.

Víctor del Árbol no es partidario de lo que denomina género de no ficción, "yo a eso le llamo la no imaginación. Hablar de uno mismo, de su experiencia, y convertirla en un alegato narcisista, para mí no es literatura. Lo que haya podido vivir o conocer no tiene sentido si los que te van a leer no se identifican con la historia de los personajes. Si yo cuento la historia de Miguel y en realidad cuento la historia de mi abuelo, pero no soy capaz de añadir elementos con los que cualquiera se pueda identificar, me dirán: era tu abuelo, pero no me interesa. Si hablo de los malos tratos, pero no soy capaz de crear con palabras una persona en la cualquiera se pueda reflejar y con la que pueda interactuar, la literatura no sirve para nada". En su opinión, los escritores tendrían que ofrecer una perspectiva narrativa universal que interese a todos: "No es la historia, la anécdota lo que cuenta. Lo que cuenta es que cierres el libro y te pongas a pensar en ti mismo. Eso es lo que hace que la literatura funcione".

Héroes de la vida cotidiana

Por encima de la lluvia trata de la vejez y del olvido de esa experiencia acumulada. "Hay un momento en la vida en que quien ha vivido de verdad no necesita explicarse ni justificarse. Mi abuelo, tenía esa pose ante la vida, esa calma. Dejaba hablar y, cuando se pronunciaba, lo hacía con rotundidad. Mi abuela decía que era un filósofo de bar. Tenía la sabiduría de la vida, la de quien ya sabe quién es y no necesita contarlo".

En este punto, el autor vuelve a hablar de ficción inspirada en personajes reales, en héroes de la vida cotidiana. "No me interesan los seres extraordinarios, los grandes héroes… por eso no he cogido personajes históricos. Me interesan los normales y corrientes. La gracia, la chispa, está en encontrar lo extraordinario. Yo vengo de familia de héroes: mi abuelo no sabía escribir ni leer. Llegó a Barcelona en los 60 con su mujer y con 3 hijos. Llegaron sin un duro, con lo puesto y con aquellas maletas de madera. Se fueron a un cerro de Barcelona que se llama Torre Baró, una tierra de aluvión donde estaban los inmigrantes no podían vivir en la ciudad. Mi abuelo marcó una parcela con un saco de yeso, clavó cuatro estacas y allí levantó la casa donde nací yo. Para mi abuelo era normal, era lo que había que hacer, como tantas personas que emigraron en aquellos años. Llevarte a tu familia sin tener destino ni horizonte y apañártelas para que dos generaciones después su nieto fuera a la universidad y esté aquí. Eso es heroico".

Otro héroe fue su padre, que afrontó momentos de graves dificultades. "Nunca se cuestionó si lo que hacía tendría repercusión en el futuro. Las circunstancias le obligaron a buscarse la vida para mantener a sus hijos, para que yo pudiera ir a la escuela. Pero cuando le digo a mi padre que era un tipo duro, se ríe, como se reía mi abuelo, porque no le daban importancia. Simplemente era lo que tocaba".

Por encima de la lluvia

La inspiración para este libro le llegó a Víctor del Árbol sentado en un avión camino de Barcelona. "Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a esta novela. Quería escribir sobre el viaje. El viaje no es desplazarse, el viaje te tiene que cambiar por dentro. Y quería escribir sobre la vida como viaje y sobre la vejez. Mi abuelo siempre me decía que para ser viejo hay que merecerlo. Yo no sabía cómo enfocarlo y en un viaje de promoción de Bilbao a Barcelona se sentó a mi lado un señor de unos 70 años muy cuidado, atildado, su mostacho prusiano, gemelos, traje y que había trabajado en una oficina bancaria. Me puse a pensar en ese señor, cómo habría llegado hasta ahí, su vida… y pensé que podría ser el protagonista de mi novela. Y de hecho, lo es".

Cuando empezaron a descender, supo cómo se iba a titular el libro. "Me dijo que estaba lloviendo, pero nosotros estábamos por encima de la lluvia. Ese señor estaba por encima de la lluvia, estaba por encima de todo".

La vejez

Víctor del Árbol confiesa que la ha escrito Por encima de la lluvia para sí mismo "porque necesitaba responderme a la pregunta de qué es para mí la vejez, en qué momento de mi vida estoy yo. Porque estoy a punto de cruzar ese ecuador en el que ya empiezas a huir más hacia atrás que hacia delante".

Sin embargo, deja claro que la novela no está escrita para ancianos, sino para todos porque "todos vamos llegar a viejos. La enfermedad nos quitará la dignidad y llegarán la soledad y el miedo". Ese miedo lo traslada a los protagonistas, Miguel y Elena, dos septuagenarios que sienten ese miedo y se rebelan porque se dan cuenta de lo que les queda por vivir. "La imagen de los demás ancianos viéndolos irse de la residencia para emprender el viaje de su última vida es una metáfora. Cuando uno decide arriesgarse y salirse de la ortodoxia para entrar en el terreno de lo desconocido, la mayoría de la gente te desea que fracases porque ese fracaso justifica su miedo".

Víctor del Árbol diferencia entre vivir y sobrevivir. "Vivir lo hacen unos pocos. La diferencia es solo un paso, el primero, que es el más difícil y nunca es tarde para darlo. El viaje empieza con el primer paso". En su opinión siempre estamos a tiempo de dar ese primer paso. Él lo hizo cuando decidió abandonar los Mossos después de 20 años. "Mis compañeros, mi madre y mi padre (que se enfadó porque me metí policía) me decían que estaba loco por dejar el trabajo en plena crisis económica. Solo unos pocos confiaron en mí, pero me atreví, como Elena y Miguel. Envidiamos a los que hacen cosas y no nos damos cuenta de que lo único que han hecho es seguir su instinto".

El olvido

Esta novela habla también del olvido. Sobre los diferentes tipos de olvido. "Miguel quería olvidar el pasado y construye un presente para olvidarlo. Y cuando construye el presente, le llega el olvido de verdad impuesto por la enfermedad. Hay una frase de Elena que explica muy bien la diferencia entre ser viejo y ser joven. Dice que los viejos huyen hacia el pasado y los jóvenes hacia el futuro. Hay un momento en que recurrimos al pasado porque es un sitio seguro mientras que el futuro nos da miedo, cuando vives la muerte de cerca, te asustas. Sin embargo, el pasado ya no existe, es un cementerio con fantasmas, pero con la ventaja de que elegimos qué recordamos".

Los malos tratos

Esta novela es distinta a otras por muchas razones. Por trama, por estructura, tiempo narrativo y también por los puntos de vista. Por ejemplo, aborda los malos tratos desde el punto de vista del agresor, cuando habitualmente se trata desde la víctima. "Para entender el mecanismo de cómo funcionan los malos tratos hay que entender de dónde vienen y por qué. Nosotros somos lo que somos por el reflejo de los demás. Pues ahora imaginad que solo tenéis un referente y que esa persona os dijera que sois unos inútiles, que no servís para nada y que sin el estarías perdidos. Al final, caes. En la novela cuento el proceso de 'cosificación' de una persona y como a partir de ese momento con una cosa haces lo que quieras. Por suerte para Natalia está su padre. Los padres quieren a pesar de sus hijos".

Y frente a la violencia de género, la ley no es suficiente. "Más allá de que sintamos compasión o rabia, quiero que se sepa que con la ley no basta para eliminar esa lacra. Es un problema cultural metido en ADN de nuestra sociedad y hay que cambiar paradigmas desde pequeño. Con la represión no se acaba. Mi personaje es un fracasado de la vida que tiene que asumir su papel gris, pero se niega y elige una víctima para vengarse. Esa víctima es su esposa a la que quiere arrancarle la personalidad y eso se hace aislándola. Primero se la aparta de su círculos de amistades, luego e los laborales y finalmente de los familiares".

Los extremismos y Cataluña

Uno de los escenarios de la novela es la ciudad sueca de Malmoe, donde se desarrolla una historia que tiene relación con la trama española. Víctor del Árbol ha escogido Malmoe por dos razones: como homenaje a Mankell y su comisario Wallander, que vive muy cerca, en la misma región de Scania, y por el auge de la extrema derecha en los países del norte de Europa. "Viajo por Europa y escucho un discurso un tanto cínico. Se habla mucho de la frontera sur, la nuestra, de la emigración, pero nos e habla de la frontera norte. La sur la controlamos, estamos acostumbrados a ella, somos tierra de aluvión y una sociedad mestiza. Pero en el norte, la emigración masiva es reciente. Eso ha generado unos movimientos nacionalistas y xenófobos muy fuertes porque de repente ven peligrar su status quo. El problema de Europa viene de ahí. Todos los movimientos de extrema derecha vienen del norte de Europa.

Escribirá sobre Cataluña cuando pase el tiempo. El escritor necesita perspectiva para no hacer panfletos. A mí me saldría la ira que llevo dentro y por eso necesito una visión alejada para ver lo que los demás no ven". Para él, estamos asistiendo a un momento histórico presidido por la posverdad "Dentro de 10 años, yo y toda una generación de catalanes escribirá sobre esto y de cómo Artur Mas montó todo esto para escapar de la cárcel".

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