Bruselas sufre la masacre que todos se temían
El Estado Islámico ha reivindicado unos atentados que se producen cuatro días después del arresto de Salah Abdeslam


Actualizado el 23/03/2016 a las 12:03
Se trataba de poner un número y una letra. Iba a pasar, seguro. Faltaba por saber el día, el mes, la hora... Los muertos. Y ocurrió ayer, el 22 de marzo de 2016, el 22M. Bruselas, como Nueva York, Madrid, Londres y París, ya tiene su crespón negro. De nuevo, el aeropuerto. De nuevo, el metro. De nuevo, inocentes. De nuevo, el caos, el terror yihadista del Estado Islámico. Al menos 31 personas perdieron la vida y más de 260 resultaron heridas, de unas "40 nacionalidades", como consecuencia de varios ataques terroristas en cadena que provocaron dos explosiones en la concurrida zona de salidas del aeropuerto internacional de Zaventem y una tercera en la parada de Maelbeek del suburbano, en las instituciones europeas, en el corazón de una ciudad que alberga a la UE y a la OTAN. Si los terroristas querían eco internacional, objetivo cumplido. El viernes, Bélgica cantaba victoria por cazar al terrorista más buscado del 13-N parisino, a Salah Abdeslam. Ayer, lloraba de impotencia y decretaba tres días de luto. "Temíamos un ataque terrorista y al final ha sucedido", admitió el primer ministro, Charles Michel, que matizó que era demasiado pronto para vincular ambos acontecimientos. Con corbata negra y visiblemente conmocionado, llamó a la "calma, a la solidaridad y a la unidad". Todos los sabían. Tras el 13-N parisino, era cuestión de tiempo. Sólo faltaba poner una número y una letra. Así ha sido.
El 22M comenzó a escribirse sobre las 8 de la mañana en el aeropuerto de Zaventem, situado a 11 kilómetros del centro de la capital comunitaria. Estaba atestado de gente, de hombres, mujeres y niños que se disponían a comenzar sus vacaciones de Semana Santa. Y allí, entre miles de inocentes, se produjeron dos explosiones consecutivas en la zona donde se factura el equipaje. Una de ellas muy cerca de las dependencias de la compañía American Airlines. El fiscal general de Bélgica, Frédéric Van Leeuw, aseguró que al menos uno de ellas la había protagonizado un kamikaze que se inmoló. Luego se confirmó que fueron dos y que un tercero escapó. Ahora, es el enemigo número uno. Caza y captura.
Según varios testigos presenciales, se escucharon varios disparos y gritos en árabe antes de producirse las deflagraciones. Luego llegó el silencio. Dos segundos, tres, cuatro... Una eternidad con ese maldito pitido en los oídos. Acto seguido, el pánico comenzó a expresarse con lloros, gritos, carreras desesperadas... Y muertos, de momento, 14, aunque no se descartan más. De los 94 heridos, 17 estarían muy graves, 23 graves y 66 leves.
El terror se trasladó a las 9.10 de la mañana al corazón de la ciudad. En este ocasión, el objetivo elegido era el metro. En hora punta, en el barrio europeo, en la parada donde cada día transitan miles de personas que trabajan en las instituciones europeas. ¿Casualidad? No. La explosión se produjo nada más abandonar la parada de Maelbeck. Todo ocurrió en pleno túnel, de ahí los dramáticos momentos que se vivieron con la gente huyendo como pudo de los vagones entre una intensa nube de humo. Según el balance ofrecido por el alcalde de Bruselas, Yvan Mayeur, al menos 20 personas fallecieron y 106 resultaron heridas, alguna de enorme gravedad. Ni en el metro ni en el aeropuerto se produjeron víctimas mortales españolas, dijo el ministro de Exteriores de España en funciones, José Manuel García Margallo. Bélgica, en alerta roja Nada más producirse los atentados, Bruselas se sumió en el más completo caos. Sólo se oían sirenas.
Las autoridades del país ordenaron inmediatamente el estado de máxima alerta (nivel 4 de 4) en todo el país, no sólo en Bruselas, algo inédito. Se cerró el espacio aéreo de la ciudad, las fronteras del país, los trenes dejaron de circular, las estaciones de metro se cerraron, los centros comerciales echaron la persiana y la presencia del Ejército en las calles se redobló recordando los días de noviembre en la que ciudad aprendió a vivir en el silencio de una alerta roja provocada por una decena de sospechosos que supuestamente estaban armados con cinturones de explosivos y kalashnikov. Entonces, el país salió ileso. Ayer no. 22M.
Mientras los servicios de emergencias redoblaban sus esfuerzos tanto en el aeropuerto como en el metro para intentar salvar el mayor número posible de vidas, la Policía y los artificieros trabajaban a destajo porque se temían que hubiera más bombas en el aeropuerto. De hecho, hubo una tercera que no explotó. Fuentes citadas por medios belgas aseguraron que se encontró un kalashnikov en el hall principal y un cinturón de explosivos sin detonar. Así que la masacre puso ser muchísimo peor. No sólo en Zaventem, también en el centro de la ciudad ya que se desactivaron dos paquetes sospechosos: el primero en la calle Art-Loi, donde se ubica la parada de metro siguiente a Maelbeck, muy cerca del Palacio Real; y el segundo en un campus de la Universidad Libre de Bruselas.
En paralelo, las unidades especiales antiterroristas comenzaron a realizar operaciones por varios puntos calientes de la ciudad que se prolongaron durante toda la jornada y la noche, Poco trascendió de ellas ya que la Fiscalía pidió expresamente a los medios que dejasen de radiarlas en las redes sociales para que los sospechosos no jugasen con ventaja. Lo que sí se confirmó pasadas las cuatro y media de la tarde fue la autoría de los ataques. Y sí, como esperaba fue el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). En el comunicado difundido, se confirma el uso tanto de cinturones explosivos como de dispositivos. "Los combatientes abrieron fuego en el interior del aeropuerto de Zaventem antes de que varios de ellos detonasen sus cinturones. Otro mártir detonó su cinturón explosivo en la estación de metro de Maelbeek", explica el texto, que atribuye las actuaciones a la decisión de Bélgica de participar en la coalición internacional contra el EI. Sólo quedaba por saber la cifra y la letra. Bruselas ya tiene su 22M. El Estado Islámico reivindica unos atentados que se producen cuatro días después del arresto de Salah Abdeslam.




