Tradición

Las Tres ZZZ, las botas que dan la vuelta al mundo gracias a Hemingway

Ernest Hemingway popularizó las botas de Las Tres ZZZ, empresa con 153 años de historia que actualmente produce 12.000 unidades al año

Héctor Pérez, gerente de Las Tres ZZZ, en la fábrica taller, junto a las botas que reciben para su puesta a punto
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Héctor Pérez, gerente de Las Tres ZZZ, en la fábrica taller, junto a las botas que reciben para su puesta a puntoEDUARDO BUXENS
Héctor Pérez, gerente de Las Tres ZZZ, en la fábrica taller, junto a las botas que reciben para su puesta a punto

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Pedro Gómez

Actualizado el 09/07/2026 a las 11:10

En el despacho de Héctor Pérez González, gerente de Las Tres ZZZ, hay un mapamundi con decenas de chinchetas. Las colocan extranjeros que han visitado la fábrica de botas de vino por algún motivo especial. Las últimas chinchetas son de Winnemucca (Estados Unidos), Filipinas y Namibia. 

“De Filipinas vino un chico joven, de 18 o 20 años, que residía en Barcelona y su padre le había encargado una bota. Optó por venir expresamente a Pamplona a por ella. Compró dos más para regalar”, relata Héctor Pérez, pamplonés de 51 años que lleva diez en este negocio fundado en 1873

Aquel año Gregorio Pérez, afamado botero de Almudévar (Huesca), se asoció con el pamplonés Eusebio Iglesias. En 1902 Gregorio se quedó con todo el negocio y el 1916 cambió la denominación, Las Tres ZZZ, por el nacimiento el 1 de febrero de sus trillizas, Carmen, María Caricias (Cary) y Pilar Pérez Daroca, las “tres zagalas”.

Fue un acontecimiento en la ciudad. Cuando Ernest Hemingway acudió por primera vez a Las Tres ZZZ a comprarse una bota en 1923, las mellizas tenían siete años. 

Es posible que estuvieran correteando por la tienda taller de la calle Comedias número 7. La actual fábrica, en la calle Miluce 6, tiene un retrato de las zagalas a esa edad, elegantemente vestidas.

Hemingway descubrió la utilidad de las botas en un viaje en autobús a Burguete para pescar. El episodio quedó reflejado en la novela 'Fiesta', publicada en 1926. En una jornada calurosa, numerosos pasajeros llevaban la bota para refrescarse. 

El novelista describe el siseo del chorro al entrar en la boca y la habilidad de un joven que levantaba bien los brazos y apretaba el pellejo con fuerza. Como todo principiante, el novelista americano terminó con un reguero por la barbilla y algún lamparón.

A Héctor Pérez no le consta que se conserve alguna bota de Hemingway en la casa museo de Cuba o en otros lugares. Sí que hay varias botellas originales de licor, vajilla, cañas de pescar... 

“Las Tres ZZZ le debe mucho a Hemingway porque gracias a él se internacionalizó”, admite Héctor Pérez, pero destaca que si la marca cogió fama fue también por una innovación introducida por Gregorio Pérez. “Empezó a coser a máquina en lugar de a mano. Esto reducía los errores y tener que descartar pellejos”, apunta.

Las Tres ZZZ llegó a tener una plantilla de 40 personas y una producción de 70.000 unidades. Ahora hay media docena de trabajadores, que sacan al año 12.000 botas. El 40% se exportan.

“Y buena parte de las que se venden aquí terminan fuera”. El trabajo sigue siendo muy artesanal, aunque también hay innovaciones, como las botas de latex y neopreno, que son aptas para más variedad de bebidas.

El gerente de la empresa señala que además de la venta online en la propia web, las botas también están disponibles en Amazon. “Sus almacenes en Estados Unidos tienen un stock”. 

Además, hay clientes internacionales, sobre todo en Argentina, Chile y México. Y en España trabajan con distribuidores para llegar a las tiendas de souvenirs y de artesanía de lugares turísticos. Y buena parte se distribuyen por las tiendas de Pamplona. Ahora son días intensos. 

“Por ejemplo, el bar La Botería todo los años nos hace un buen pedido, con el nombre del establecimiento. Mucha gente que va a los toros le pide”, señala. En este bar de la avenida Roncesvalles hubo una famosa botería. “No era de la empresa pero era el que más botas de Las Tres ZZZ vendía y también las arreglaba”, afirma.

Aunque se apellide Pérez, el actual gerente no tiene relación de parentesco con la familia fundadora. “Yo trabajaba en el sector cárnico y vi la oferta de trabajo y me presenté. Es un trabajo muy gratificante por la cantidad de gente que conoces y sus historias”. 

Los actuales propietarios son biznietos del fundador. Las trillizas no tuvieron descendencia pero sí su hermano Gregorio Pérez Daroca, muy aficionado a la fotografía.

Héctor Pérez acumula gran cantidad de anécdotas. Una de esas historia que recuerda con cariño es la de una australiana que hacía el Camino de Santiago después de superar un cáncer. 

“Me contó que su padre se murió cuando ella tenía 7 años. Para superar la tristeza, su madre decidió dar la vuelta en mundo en barco con sus hijas. Pararon en Fuenterrabía y vinieron un día a las fiestas de San Fermín y compraron una bota. Le quedó ese recuerdo feliz de infancia. Cuando luchaba contra el cáncer pensó que si se recuperaba, haría el Camino de Santiago y compraría una bota. Y así lo hizo”, relata.

A la fábrica también acuden muchos descendientes de emigrantes vascos y navarros, pastores y leñadores que llegaron a América con la bota en la maleta como artículo de primera necesidad.

“En una ocasión vino un americano que tendría unos 80 años. Su padre era de Ochagavía y emigró cuando la guerra. Todo lo que se pudo llevar fue la ropa que tenía, un poco de dinero y una bota de vino. El hombre lloraba al ver las botas colgadas y acordarse de su padre”, expresa.

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