Encierro 

30 años de la muerte de Matthew Peter Tassio

Se cumplen este domingo tres décadas de la cornada mortal sufrida por el norteamericano de 22 años Matthew Peter Tassio en la plaza Consistorial

Instante del impacto del asta derecho de ‘Castellano’ en el cuerpo del joven Matthew Peter Tassio
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Instante del impacto del asta derecho de ‘Castellano’ en el cuerpo del joven Matthew Peter Tassio
Instante del impacto del asta derecho de ‘Castellano’ en el cuerpo del joven Matthew Peter Tassio

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 12/07/2025 a las 23:41

El 15 de julio de 1995, Thomas y Cinthya Tassio quisieron conocer a todas las personas que habían acompañado a su hijo en sus últimos instantes de vida. Por las crónicas de entonces, reproducidas en los aniversarios de años redondos como los 30 actuales que median de la cogida mortal en el encierro, querían conocer los pormenores del triste desenlace. “Fue muy doloroso. Ellos querían conocer el porqué de la muerte de su hijo. Les explicamos la realidad”. La entereza con la que afrontaron aquel terrible trance, dentro del comprensible sufrimiento por la pérdida de un hijo, provocó un sentimiento de admiración en su interlocutor, el alcalde de ese momento, Javier Chorraut. La muerte sorprendió a Mattew Peter Tassio, originario de Illinois (Estados Unidos) en la plaza Consistorial, al paso de la manada de Torrestrella. Pamplona enmudeció por el súbito impacto del sesgo de una vida joven donde cada mañana de Sanfermines el peligro avanza a lo largo de 848 metros.

Y el riesgo ante las astas de seis toros se mide en segundos y milímetros, que pueden ser de salvación o tragedia. Para Matthew Peter Tassio, de 22 años, la conjunción de las variables de tiempo y espacio fueron fatales. Tropezó con el infortunio cuando se trastabilló con el francés Philipe Berroute, de 25 años, que fue evacuado al hospital con un fuerte golpe en la cabeza. En medio de la confusión y la desesperación por huir de la inminencia de la manada, con el cuatreño de Torrestrella Castellano a la cabeza, trató de incorporarse. Su decisión fue inoportuna. Olvidó, en parte por desconocimiento –había hecho escala en Pamplona en un viaje por Europa junto a su amigo James Quinn–, la máxima que aconseja permanecer en el suelo al paso de los toros. Reaccionó como un resorte al instinto de supervivencia sin prever sus consecuencias. Ligeramente adelantado, Castellano impactó contra su cuerpo. Una cornada “limpia” le atravesó el abdomen. Hace cinco años, en los Sanfermines suspendidos en la desescalada de contención del mal de la pandemia, el recuerdo volvió a la mente de Ángel Albéniz Ansorena, responsable del puesto del Ayuntamiento de Cruz Roja de 1995. Imposible olvidar aquel instante, que tres década después permanece intacto en la memoria colectiva. Los adjetivos de impactante, espectacular o sobrecogedor no han perdido su vigencia en la película rebobinada de la tragedia.

"HELP ME, PLEASE!"

Cuando sobrevino la fatídica cornada, no faltó tiempo para los primeros brazos de auxilio. Ángel Albéniz siguió con la mirada al joven malherido. Intentaba reincorporarse para luego desplomarse. “La gente no se atrevía acercarse mucho porque se veía que la cosa era grave”. Una de sus compañeras en el puesto de Cruz Roja, Jasone García Amézqueta, se aproximó, como él, con premura. Matthew trataba de aferrarse a la vida con su brazo tendido, una pregunta en el aire y una súplica: “What happenned to me? Help me, please!” (¿Qué me ha ocurrido? ¡Ayúdame!). Un mensaje desgarrador. Su evacuación fue rápida. Entró en el Hospital Universitario de Navarra a las 08.09 horas. Los servicios médicos certificaron su fallecimiento a las 08.50 horas. 41 minutos de suspense, entre la vida y la muerte. Todo, fugaz. Era jueves y una temperatura agradable (19 grados) había recibido a Pamplona. El trágico suceso enfrió el cuerpo y el alma de la ciudad, que se aprestaba a vivir las últimas horas de la fiesta.

James Quinn, también estadounidense de Glen Ellyn, en Illinois, había corrido en otro tramo el encierro. Al terminar, se dirigió a la consigna de la estación de autobuses donde había quedado con su amigo Matthew. Su espera, en compañía de compatriotas que había conocido en Pamplona, se prolongó hasta las diez y media de la mañana. Desconocía de su paradero. La inquietud derivó en un hondo lamento cuando personal de Protección Civil le dio la triste noticia que digirió como pudo. La fatalidad interrumpió su periplo de ocio, que contemplaba su regreso a Barcelona al día siguiente. No pudo ser. Los dos amigos habían llegado a Pamplona diez horas antes para sumarse a la fiesta, que acabó en aflicción.

Los padres de Matthew llevaron a cabo las gestiones para la repatriación del cuerpo de su hijo. Su recuerdo quedó en Pamplona. Fue un día como hoy hace 30 años.

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