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Sanfermines 2022

Nadie se había olvidado de San Fermín

Desde primeras horas de la mañana eran muchas las personas que esperaban para ver al santo en el día grande de los Sanfermines

Ampliar Procesión de San Fermín 2022
Imágenes de la procesión de San Fermín este 7 de julio de 2022.JONAN BASTERRA
Actualizado el 08/07/2022 a las 07:08
Aquel obispo de Amiens (Francia) que murió en soledad en el año 303 degollado en la cárcel por no renunciar a una fe vivida en la clandestinidad, dos mil años después, congrega a una multitud en su ciudad natal. San Fermín, aquel que se dice que todo lo ve, si es así, ayer vería una ciudad entregada a su figura tras dos años de ausencia, con una procesión cuajada de ‘momenticos’ por las jotas en un recorrido que se inició a las diez de la mañana en la plaza consistorial.
Y San Fermín, como figura mecenas de las fiestas, merece una corte de cuerpo de ciudad: esto es, con la corporación vestida de gala (ellas de roncalesas, ellos de frac), y acompañada de la guarda de honor, timbaleros, comparsa, dantzaris municipales Duguna y Banda de Música La Pamplonesa. El cortejo partía hacia la Catedral para encontrarse allí con su cabildo encabezado por el deán Carlos Ayerra y el obispo Francisco Pérez. La comitiva se nutría también con la presencia de cofradías y hermandades de Pamplona.
La más antigua, la de San José y Santo Tomás, que en su día agrupaba a carpinteros y canteros sigue fiel a sus rituales. “Llevamos un ramo de flores y vestimos de traje. Pero no sabemos el origen de esta costumbre”, decía Alberto San Martín Jaúregui. Por delante, caminaban los de la Cofradía de San Isidro Labrador, de agricultores y hortelanos de la Magdalena. “Nuestro origen data del año 1500 y siempre portamos un manojo de cereal”, explicaba Merche Zabalza Goñi.
Un periodista de Diario de Navarra ha grabado los altercados desde dentroIván Benítez
En la comitiva, aparecía también el estandarte de San Francisco Javier, acompañado de la alcaldesa Laura Guindano y varios concejales con motivo del cuarto centenario de la canonización del patrón de Navarra. “Esto es un privilegio”, acertaba a decir la primer edil.
LOS 'MOMENTICOS'
Una Curia entonces tranquila concentró a toda la comitiva camino de la iglesia de San Lorenzo en un recorrido que siguió por Mercaderes, plaza Consistorial, San Saturnino y calle Mayor. Eran las once de la mañana cuando aparecía la figura de San Fermín en la puerta de la iglesia y en cuyo honor los dantzaris de Duguna se quitaban la txapela mientras que ellas se cubrían el pelo con una mantilla. La figura del santo iniciaba su recorrido flanqueado por representantes de las peñas, en su papel de crear un pasillo de seguridad en torno al santo. Isabel Eguiguren Ezquerro, de la Armonía Txantreana, era una de ellas. “Es la primera vez que vengo, con un poco de nervios porque no sabes cómo va a ser pero también muy emocionada”.
No era la única. Incluso algunos llegaban hasta las lágrimas al ver el santo enmarcado por una muchedumbre ya desde su primeros pasos por el paseo Doctor Arazuri. Y allí, poco antes de doblar hacia San Antón, llegaba el primer ‘momentico’. El grupo Canta et Yanta, con su director Jesús Martínez Osés a cargo de más de cien voces, entonaba una jota sumando así 29 años de presencia en la procesión.
Y en el ecuador de San Antón, llegaba otro con el escenario colocado en la plaza del Consejo para el medio centenar de integrantes de la Coral de Santiago dirigidos por Ricardo Ganuza. Marta Sola Jaso y Javier Aguerri Valencia fueron los solistas -como ocurre desde 2015- de una jota que, al terminar, hizo a Marta estallar en llanto. “Es que son muchos sentimientos encontrados porque te acuerdas de los que están pero de las que ya no”, comentaba. Junto a ella, Javier reconocía que le suponía un orgullo ese papel en solitario. “Y espero que la gente lo disfrute”, deseaba.
MÁS JOTAS
La comitiva siguió por Zapatería hasta desembocar en la encrucijada de Pozoblanco por Zapatería, para seguir por Zapatería hasta Calceteros, curva en Mercaderes para llegar hasta San Saturnino. En su encuentro con Jarauta, a escasos metros del ‘pocico’ donde la placa que cierra el agujero recuerda que allí San Saturnino bautizó a San Fermín, la comitiva se detuvo para escuchar el ‘Agur Jaunak’ del coro Napardi, quienes al regreso de la corporación ya sin el santo para acompañar al cabildo a la catedral, les ofrece un aperitivo. Pero antes había que llegar a la iglesia de San Lorenzo para asistir a la misa con el que culminaría el paseo de la figura santoral por las calles del Casco Viejo.
Y aún quedaba música para dedicar. Así, la cofradía de San Saturnino, mezclada con antiguos tunos de Pamplona, ponía en escena la tradición de la jota al santo que en 1978 comenzaron Ángel Mari Sanz con Joaquín Zabalza, de los Iruñakos. Y sin dar apenas un par de pasos, les tomaban el relevo las hermanas Ana Marí y Elena Leache Echalecu con Merche Bretos Noáin para otra jota.
Eran las doce y cuarto cuando se llegaba al final de la calle Mayor y una lluvia de 300.000 pétalos rojos y blancos caía sobre la comitiva, a modo de despedida de San Fermín que entraba en la iglesia de San Lorenzo para, en su capilla, presidir la misa en su honor. A las dos menos cuarto terminaba el acto religioso oficiado por el obispo y la corporación con la comparsa, dantzaris, timbaleros, guarda de honor y la Pamplonesa acompañaban al cabildo hacia la catedral. Pitidos y aplausos se entremezclaban a su paso por calle Mayor, San Saturnino y Mercaderes hasta quedar a los pies de la calle Curia, atestada de gente. Los rostros de ediles de NA+ y PSN+ se tensaban. Llegaba la parte amarga del final de la procesión.
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