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Ana Mari y Elena Leache: “La paciencia es un árbol de raíces muy amargas, pero con frutos muy dulces”

Basta descolgar el teléfono y escuchar para que su tono de voz, tan alegre como quien recuerda con pasión la vivencia de sus últimas vacaciones, transmita mucho más que positividad en una época complicada, donde la pandemia parece que ha dejado un rastro de nostalgia complicado de borrar.

Las hermanas Ana Mari y Elena Leache Echalecu, del grupo jotero Gracia Navarra, a las puertas de San Lorenzo.
Las hermanas Ana Mari y Elena Leache Echalecu, del grupo jotero Gracia Navarra, a las puertas de San Lorenzo.
Actualizada 19/05/2020 a las 06:00

Ella, con su nombre y apellidos, es a jota como el género musical es a una persona que no concibe verse arrebatada de uno de los bienes culturales que ya configuran nuestro saber. Dando por sentado que la suspensión de los Sanfermines era una moneda de cambio que en algún momento tenía que caer, a Elena Leache, de música Gracia Navarra (grupo creado en 1984 y que se rige por convenio con el Ayuntamiento de Pamplona junto a Ecos del Arga), la noticia le llegó en el lugar más apropiado. Aquel 23 de abril, a las doce del mediodía, en pleno Canto del Angelus, su corazón palpitó en la capilla de San Fermín.

“Con la puerta casi cerrada, sólo se admitía a dos personas, deferencia que agradezco sobremanera, ya que se me permitió rezar y practicar la voz todos los días”, cuenta quien admite que ejercitar la voz, aspecto fundamental para quienes la música es su motor de gasolina, resultaba complicado en casa. “Mi hermana teletrabaja, los vecinos tienen sus vidas, con niñas recién nacidas y estados de salud delicados que no se merecen ser alterados”, entiende.
De ahí que aprovechara las horas de la tarde, en las que menos ‘molestia’ podría generar para poner a punto sus cuerdas vocales. Eso, y guardar silencio. Una pauta complicada de seguir en la vida convencional y que en cuarentena tuvo su importancia. Tanto que, para quien se siente incapaz de tirar el tiempo por el balcón, exprimió en estudiar y componer nuevos temas. Y de ellos hablaremos.

¿Cómo está viviendo esta cuarentena?
Tanto mi hermana como yo hemos cumplido en todo, y con la mejor predisposición. Solamente hay una decisión que no comprendí nunca y fue el cierre de casi todas las iglesias. Quitando San Miguel, San Lorenzo, San Nicolás... las llaves se echaron en prácticamente todos los templos. Son momentos de rezo, en los que esos espacios se convierten en una vía de escape para llorar, emocionarse y reír. Son parte crucial de esta situación tan excepcional.

Pese a las restricciones, ¿es posible dar una vuelta a las cosas?
Aquella mañana fue una noticia de escalofríos. En el cuerpo y en el alma. Por ello, pienso que quizás sea el momento de reinventar las fiestas de San Fermín. Recuerdo nítidamente aquella vez, en junio de 2009, cuando nos reuníamos en el Palacio Condestable para presentar la candidatura ‘Pamplona, capital de la Cultura Europea’. En la mesa del folclore, la arqueóloga Mercedes Unzu nos lanzó este mensaje: Tenéis que reinventar la fiesta, con vuestra música y repertorio nuevo. Ese es el mejor recado que debemos retomar. Ahora más que nunca.

¿Apuesta entonces por echar la vista atrás para mirar hacia el futuro?
Desde entonces, hemos tratado de darle otro aire a la Ofrenda Infantil, a las Rondas de Jotas. Si el coronavirus nos ha cambiado la vida, que es así, la expresión sanferminera también. Lo que no significa que tenga que ser una derrota. Pienso en ese correo de Ana Elizalde, la alcaldesa en funciones en aquel momento, indicando que, cuando se pueda, los celebraremos. Fue otro punto de inflexión, de animación. Solo hay que esperar y tener paciencia.

¿Tendrá paciencia también la calle Mayor, donde usted vive, con la animación que ha tenido durante el confinamiento?
Si hay algo que nos caracteriza es la unión de barrio. Desde que una vecina, Conchi Sola, se fuera a vivir a al Soto de Lezkairu, las comidas dejaron de celebrarse porque era ella quien las organizaba. Pero este año ya hemos quedado y todos los vecinos saldremos a comer el 8 de julio a la calle. Y estoy convencida de que llegaremos hasta la calle San Lorenzo.

JOTAS A BARLOVENTO

Otra de las anécdotas de esta cuarentena fue su salida al balcón para cantar una jota que terminó siendo viral en redes sociales...
¡Y tanto! El domingo 15 de marzo estaba Javier Leoz quien puso en internet para escuchar el Riau-Riau. Me asomé al balcón a regar las plantas y Mikel Ollo, guía turístico, me preguntó si teníamos intención de cantar desde casa. Entonces nos lo planteamos y cantamos. Y ya sabes cómo funciona esto, la gente lo subió a redes sociales y tanto en Facebook como Instagram tuvieron un montón de reproducciones. Fue la locura. Y aproveché para pedir con la jota la bendición de San Fermín y Francisco Javier, por la que nos venía encima...

¿Se esperaban semejante magnitud?
Me costó muchísimo porque justo venía de hacer la Javierada y, de repente, la consigna de ‘quédate en casa’, ufff. El cambio fue un choque brusco, de blanco a negro. Vienes muy libre y feliz y, de repente, te cortan las alas.

De cualquier manera, su positividad no les ha dejado parar. ¿Me equivoco?
Para nada. Siempre con actitud. De hecho, me ha dado tiempo a escribir casi un diario. Tenemos mucho repertorio nuevo, hasta el año que viene o más (ríe). Entre cantar el Angelus y estudiar, así han sido mis días de cuarentena. Ahora esperaremos a ver cómo se gestiona el festival fin de curso, previsto para junio en Condestable, donde teníamos una actuación. Y ahí lo podríamos dar a conocer, o quizá ya lo dejemos para septiembre. Nos debemos siempre al convenio suscrito con el consistorio, así que esperaremos. En agosto también nos pueden llamar, todo dependerá de cómo evolucionemos.

¿Cómo les afecta la pandemia a nivel de Gracia Navarra?
De momento, el grupo, que somos unos 20 entre rondalla y joteros, tenemos aplazadas las actuaciones, que pasan de junio a noviembre, y de julio a septiembre. Así que esto puede ser un nuevo comienzo para un mismo fin, porque la paciencia es un árbol de raíces muy amargas, pero con frutos muy dulces. Siempre me lo dice el jesuita Alfonso Baigorri y es totalmente apropiado. Me he resignado con espiritualidad ignaciana y teresiana.

Una frase prometedora...
Desde luego. Tanto, que estamos a la espera de crear ahora en junio una asociación del archivo de la jota navarra, en una parte del edificio multifuncional Recoletas de Tafalla (cuentan con una primera subvención del Ejecutivo de 20.000 euros). Esto es así porque ya el 25 de febrero se declaró la jota navarra en el atrio del Parlamento de Navarra como bien de interés cultural. Un paso fundamental. Así que, de ir bien las cosas, en junio retomaremos esa intención que teníamos en marzo, cuando llegó el Estado de Alarma y nos revolvió las intenciones. Será nuestra guinda del pastel.


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