Incendio en la comarca de Pamplona
Retratos en la línea del fuego: "El humo se ha quedado parado sobre el valle"
Un recorrido por el valle de Ezcabarte de la mano de quienes pasaron la noche vigilando desde sus casas y de quienes trabajaron sin descanso para evitar que el incendio cobrara fuerza
Publicado el 27/06/2026 a las 05:00
Eran las ocho de la mañana. El sol apenas lograba abrirse paso sobre el valle de Ezcabarte. Hacía más de una hora que debía haber amanecido, pero una espesa cortina de humo, teñida de tonos anaranjados, cubría la comarca y se extendía sobre Pamplona. El silencio solo lo rompía el incesante ir y venir de los helicópteros del Gobierno de Navarra, que, un día más, volaban hacia el corazón del incendio.
Desde las siete, varios vecinos permanecían junto a la carretera NA-4210, entre Orrio y Makirriain. Contemplaban un paisaje irreconocible. Irrantzu Ciaurriz resumía una noche marcada por el calor y la incertidumbre. “Hemos dormido con las ventanas cerradas por el humo”, relataba. A su lado, Judith Zalba apenas ocultaba el cansancio. “Estamos disgustados. El fuego avanzó muy rápido. Gracias a los tractores se pudo parar. Hemos estado a punto de perderlo todo”.
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El incesante paso de los helicópteros acompañaba también a Juan Laquidain, que contemplaba el monte Elegi con resignación. A sus 90 años, aseguraba no haber visto nunca un incendio semejante. Solo encontraba un precedente, en 1978. “Fue algo parecido, pero no tanto. Se quedó a las puertas de Orrio. Eran fiestas y se suspendieron. Se quemó el mismo monte, aunque quizá algo menos”. Junto a él, Juan Elizalde pasaba el dedo por la carrocería de un coche cubierta de ceniza. Después levantaba la vista hacia un cielo inmóvil y susurraba: “El humo se ha quedado parado sobre el valle”.
Poco después, Juan subió a su todoterreno y condujo al periodista por la pista que asciende al monte Elegi para mostrarle el estado del colmenar que su hermano Carlos había perdido: treinta colmenas reducidas a cenizas. El recorrido era una sucesión de campos calcinados. “Mires donde mires, todo está quemado. Todo negro. Allí estaban las abejas. Supongo que las ha perdido todas”. Después señalaba la ladera. “Esto viene por no tener animales. Antes había mil ovejas y ahora no...”.
Sobre el vehículo seguían pasando los helicópteros, camino de los focos que aún permanecían activos en la cima.
El recorrido continuaba en Cildoz, donde la actividad tampoco cesaba. Junto a una furgoneta del 112 equipada con una larga antena, el técnico del Gobierno de Navarra Iñaki González trabajaba frente a un ordenador portátil. Había pasado toda la noche garantizando las comunicaciones de los servicios de emergencia. “No ha habido ningún problema”, explicaba.
A escasos metros, varios vecinos comentaban la noche vivida mientras repasaban las primeras noticias del incendio. Socorro Urdapilleta reconocía el agotamiento. “¿Cómo estamos? Con sueño. Estamos inquietos y, al mismo tiempo, tranquilos. Hemos pasado toda la noche pendientes del fuego. Aunque estaba controlado, no dejabas de estar preocupada”. La inquietud tenía un precedente. “Es la segunda vez en pocos años. Ahora solo esperamos que vuelva la normalidad... y que no se reavive”. En el pueblo, el alcalde de Cildoz, Félix Lecumberri, explicaba que durante la noche habían podido regresar a la hípica los más de veinte caballos evacuados el jueves a la plaza. “Ya no corrían peligro”.
MUESTRAS EN EL TERRENO
A las 11.48 horas, el recorrido por la línea del fuego llevaba la atención hasta el kilómetro tres de la carretera entre Makirriain y Orrio. Allí, dos agentes de la Policía Científica de la Policía Foral inspeccionaban la parcela donde comenzó el incendio. Recogían muestras para esclarecer el origen de un fuego que ya había arrasado cientos de hectáreas.
“Esta zona parece estable, pero empieza a levantarse viento”, advertía un técnico forestal. “Las pacas quemadas son como carboneras y las estamos cubriendo con tierra”. A pocos metros, varias mangueras seguían extendidas desde las viviendas próximas al punto donde comenzaron las llamas. Una pala mecánica removía el terreno mientras continuaban las labores de investigación.
Las consecuencias del incendio seguían siendo visibles en todo el entorno. “Las llamas saltaron al otro lado y subieron hasta el monte”, explicaban dos jóvenes de Villava que se habían acercado para contemplar los daños. Un brigadista forestal apenas tuvo tiempo para terminar la conversación. Al escuchar el crepitar entre la maleza, se colocó el casco y salió con una manguera hacia un pequeño foco. “El fuego puede reavivarse en cualquier momento. Estas horas son las más críticas por la inversión térmica”.
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El ir y venir de los helicópteros conducía hasta una balsa de agua de un vivero, en el término de Eusa. Allí cargaban agua, uno tras otro, mientras Javier Idoate seguía la operación desde la orilla. “Esto parece Vietnam con tanto cacharro”, describía el momento. El agricultor había estado empacando cereal la mañana anterior, a apenas quinientos metros del lugar donde comenzó el incendio. “Solo estuvimos por la mañana y el incendio empezó por la tarde. Menos mal que terminamos entonces”.
La jornada concluía sin dar tregua a los servicios de emergencia. A las 20.00 horas, el Gobierno de Navarra informaba de que el viento y la existencia de focos en zonas de difícil acceso seguían complicando las labores. “Se ha producido el relevo de efectivos terrestres. Durante la noche permanecerán trabajando en la zona seis brigadas de bomberos. Cruz Roja se hará cargo de su avituallamiento. La principal dificultad para la extinción continúa siendo el viento, que ha provocado que se reaviven algunos focos”, añadían.
Mientras caía la tarde, el viento seguía arrastrando el humo sobre las laderas ennegrecidas. Los helicópteros repitieron una y otra vez el mismo recorrido hasta el ocaso. Este viernes han intervenido cuatro helicópteros y dos aviones de carga en tierra.
Junto a las casas permanecían muchos de los vecinos que habían recibido el amanecer entre humo y ceniza. Cada uno aguardaba con su historia, su incertidumbre y la esperanza de que, con la llegada de la noche, el incendio dejara por fin de avanzar. Este viernes también dejó la imagen de un valle que pasó el día entero frente al fuego.
