Opinión
"Cualquiera que conviva con niños sabrá lo desesperantes que pueden llegar a resultar los tics. Ese guiñar de ojos, esa tos tontorrona, ese fruncir los labios... Exasperantes, ¿verdad?
Acabamos de ver la película 'Incontrolable' en familia y nos hemos reído y sufrido a partes iguales


Publicado el 05/11/2026 a las 05:00
El hombre entra en el salón abarrotado donde le espera Isabel II. Va vestido con sus mejores galas escocesas y camina erguido para ser condecorado con la Orden del Imperio Británico, una de las más altas distinciones para un civil. Y allí, con todo el Palacio mirando, se detiene en el pasillo y manda a la mierda a la reina. Literalmente. Y a grito pelao. Un “Fuck the Queen!” que la ya desaparecida monarca encaja sin inmutarse antes de prenderle la medalla en su solapa y agradecer sus servicios. Con esta escena, a caballo entre la ficción y la realidad, arranca Incontrolable, una película que contribuye a visibilizar el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico tan cruel como incomprendido que provoca tics motores y vocales involuntarios en quienes lo padecen.
Acabamos de ver la peli en familia. He de reconocer que nos hemos reído y sufrido a partes iguales. Hay momentos hilarantes, como la catarata de tacos y gestos procaces que el protagonista intercambia dentro de un coche con otra pobre muchacha con Tourette. Pero también hay mucho dolor detrás de los castigos y burlas que el John Davidson real recibió en aquellos años en los que la enfermedad aún no se conocía. La tienen en Movistar Plus, y sólo por la actuación magistral de Robert Aramayo ya merece la pena verla.
Y, salvando las distancias, cualquiera que conviva con niños sabrá lo desesperantes que pueden llegar a resultar ciertos tics. Ese guiñar de ojos, esa tos tontorrona repetida, ese fruncir los labios cada cinco segundos... Exasperantes, ¿verdad? Nos ha pasado antes y nos vuelve a pasar ahora, con el enanillo. Y es normal. Dice nuestra pediatra que hasta un 20% de los niños tienen estos gestos pasajeros en algún momento de su infancia. Pero claro, una cosa es saberlo y otra mantener la paciencia. Por lo menos, a mí me cuesta. Y exploto: “¡Deja de hacer eso!”; “Se te va a quedar la cara torcida”, lindezas así que sueltas sin pensar en el daño que puedes hacer al pobre crío.
Y el título no podría resumirlo mejor: son incontrolables. Así que ya saben: ignoren, no recriminen e intenten relajarles. Prometo que yo me aplicaré el cuento. Porque nunca se sabe: quizá dentro de unos años sea uno de mis herederos el que insulte a Leonor al recoger el Premio Princesa de Asturias. Esperemos que no. O quizá sí.