Opinión 

Maristas: crónica de un despropósito

"Tenemos así un edificio, teóricamente protegido, en vías de vandalización, y unos cooperativistas de viviendas sociales inmersos en una pesadilla"

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Manuel Sarobe

Publicado el 08/10/2026 a las 05:00

Dice el refrán que lo que mal empieza, mal acaba. Esta máxima es perfectamente aplicable al culebrón en torno al antiguo colegio de los Maristas, al que se ha sumado recientemente un nuevo y funesto capítulo. Hagamos memoria. La Congregación de los Hermanos Maristas decidió trasladar el centro educativo de la pamplonesa calle Sangüesa a Sarriguren aduciendo falta de espacio y obsolescencia del edificio originario, con cuya venta se pretendía financiar la operación. Tras una fallida reconversión en hotel, se optó por revalorizar el inmueble permitiendo su uso residencial. Para encubrir el pelotazo, junto a los 48 pisos de lujo se proyectaron otros 108 protegidos. Dar cabida a tanta vivienda requería, además de elevar dos plantas más el edificio existente, perpetrar en su patio dos nuevos bloques de 7 alturas, solo 2,7 metros más bajos que las genuinas torres, y distantes apenas 7,2 metros del colegio. Pero había un problema: el inmueble, obra del hoy repudiado Víctor Eusa, goza de una protección de grado 2, lo que comporta severas limitaciones. El quijotesco ingeniero Francisco Galán denunció un sinfín de infracciones. Todas sus alegaciones fueron desestimadas. El Grupo Arrasate, entidad gestora del agrado de Bildu, tenía muy claro que nada detendría el proyecto, pues inició la comercialización mucho antes de su aprobación definitiva. 

¿Qué tenemos hoy? Pues un bodrio. Es incomprensible que se permitiera incrustar dos mamotretos -nuestros particulares ‘Algarrobicos’- en el patio de un edificio catalogado, porque dicho espacio libre era un elemento consustancial al conjunto arquitectónico: lo oxigenaba y permitía su contemplación. ¿Se imaginan un caballete tapando la Gioconda? Pues eso. Se puede atentar gravemente contra un edificio sin tocar un solo ladrillo. Pero la agresión no acaba ahí: ahora toca arrancar la cubierta original para recrecerlo… A juicio de las historiadoras del arte, Mercedes y Asunción Orbe, “con esta agresiva intervención del colegio de Maristas de Eusa permanecerá la piel, la corteza, pero le roban el alma y su rica expresividad arquitectónica. Y todo esto es irrecuperable”. Acabamos de saber que la empresa Obenasa, finiquitadas las viviendas de lujo, ha renunciado a construir las sociales alegando graves trastornos económicos y organizativos provocados por los incumplimientos que han retrasado su inicio. Sepan que los números no salen, fundamentalmente, porque acondicionar este viejo edificio para viviendas es muchísimo más caro que derribarlo y levantar uno nuevo. Este último contratiempo puede resultar ruinoso para los afectados, pues los sobrecostes constructivos generados por las guerras en curso obligarían a reintegrar las subvenciones ya concedidas si se superase el precio máximo del módulo de VPO y VPT, además de provocar la pérdida de la calificación definitiva de los pisos como viviendas protegidas. Mercadona, ante este panorama, ya renunció a principios de año a la licencia para abrir un supermercado en esta manzana… 

¿Quiénes son los culpables de todo este desaguisado? Hay unos cuantos. Los Hermanos Maristas, que incurrieron en uno de los siete pecados capitales, la avaricia. Los técnicos municipales, que avalaron esta chapuza; los mismos funcionarios que a usted, querido lector, le volverán loco cuando solicite una licencia para la obra más nimia. La otrora prestigiosa Institución Príncipe de Viana, que ha pasado de proteger nuestro patrimonio histórico a validar las infumables ocurrencias de los políticos. Las administraciones implicadas -Ayuntamiento de Pamplona y Gobierno de Navarra- que se quitan de en medio ahora que pintan bastos. Es una pena que en ninguna de ellas hubiera un Lorenzo Serena que pusiera pie en pared ante tanto despropósito. Los adjudicatarios, que quizás pecaron de ingenuos al pensar que podrían acceder a una vivienda barata en el mismísimo centro de la ciudad... Tenemos así un edificio, teóricamente protegido, en vías de vandalización, y unos cooperativistas de viviendas sociales inmersos en una pesadilla, mientras los propietarios de los pisos de lujo disfrutan ya de los suyos. Cualquiera que lea esto pensará que solo la abominable derecha especuladora puede ser la responsable de semejante fiasco. Pues no, detrás de este sindiós está Bildu. “La culminación de este expediente -presumía esta coalición cuando se aprobó- es para EH Bildu una gran noticia porque es la demostración que frente a iniciativas como Salesianos que priman el cemento, los intereses privados y la desestructuración de la ciudad, hay otra forma de hacer las cosas cuidando el entorno, recuperando edificios referenciales y primando el interés común y la vivienda protegida” … 

Don Tancredo Asirón dice que esto no va con él. Me pregunto si un personaje únicamente preocupado por la heráldica municipal merece seguir cuatro años más de alcalde. El primer edil de facto, el oscuro Joxe Martín Abaurrea, tendrá que explicar, a su vez, por qué apoya sistemáticamente al Grupo Arrasate, condenado en Álava por irregularidades en una promoción, mientras deja tirados a los beneficiarios de VPO y VPT. Recuerden que la entrega de las viviendas libres se supeditó a la de las protegidas, hasta que Abaurrea liberó a la controvertida gestora guipuzcoana de esta valiosa garantía. ¿Arderán las calles ante tamaño desastre? Pues no, porque solo los abertzales deciden cuándo y por qué se toman las rúas pamplonesas, y está claro que, por ese asunto que tanto les salpica, no toca hacerlo. ¿Este es el progresismo de Bildu? El caso Maristas representa un monumento a la especulación en detrimento del urbanismo sostenible. Una chapuza con la que tendremos que convivir, para vergüenza de unos cuantos pillos e irresponsables. Una pena. 

Manuel Sarobe. Notario

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