Opinión
La evolución de la seguridad ciudadana en Pamplona
"Algunos portavoces políticos dicen que tenemos datos similares a otras capitales y que todo está bien. ¿Eso quiere decir que tenemos que acostumbrarnos a intentos de homicidios en espacios ocupados?"

Publicado el 08/10/2026 a las 05:00
En las últimas semanas, la comarca de Pamplona ha sido escenario de una sucesión de incidentes violentos que han vuelto a situar la seguridad ciudadana en el centro del debate público y político de la Comunidad foral. La concentración de sucesos de gravedad en un espacio de tiempo tan reducido, ha encendido las alarmas en diferentes sectores sociales y ha reabierto la discusión sobre si se trata de hechos coyunturales o del reflejo de un cambio estructural en los índices de delincuencia de la capital de todos los navarros. El análisis de la realidad delincuencial requiere observar con detenimiento la naturaleza de los últimos acontecimientos. En solo dos días se produjeron tres agresiones con armas blancas, con resultado de tres heridos graves, en puntos muy distintos de Pamplona. El apuñalamiento en el pecho de un hombre en el interior de una antigua ikastola Jaso, ocupada desde hace muchísimo tiempo, volvió a poner el foco sobre la gestión de los espacios urbanos abandonados. Ese mismo día, una reyerta tumultuosa en Buztintxuri en la que se emplearon navajas y bates de béisbol se saldó con un herido grave y la detención de tres personas. Posteriormente, el apuñalamiento a un alumno en un centro escolar completó las jornadas más complejas del año para todos los actores que trabajan en dar seguridad a Pamplona y no solo policías, si no, todas aquellas personas que una de alguna manera trabajan por una Pamplona más segura en todos los ámbitos de la emergencia.
En este capítulo cabe destacar la actuación de los recursos sanitarios, que gracias a trabajo evitaron que ahora estaríamos hablando de otro escenario. A esto se sumó, días más tarde, el despliegue en la calle Mercaderes del Casco Antiguo por un caso de violencia de género que requirió una intensa negociación policial. También tenemos que sumar la detención tras una ardua investigación de ocho jóvenes implicados en una agresión grupal a militares el día de la final del mundial de fútbol, varios de los detenidos en Pamplona y con una clara organización previa a la agresión, como así, lo ha indicado la instrucción judicial. Estos hechos no ocurren en el vacío, sino en un contexto donde los datos delincuenciales son interpretados de manera muy distinta según el prisma político. Pero la ciudadanía que día a día se mueve por nuestra capital, es sabedora de la realidad de nuestras calles y sobre todo es conocedora de cómo ha cambiado su forma de vivir, así como de convivir en los espacios públicos que como sociedad nos hemos dado.
Algunos portavoces políticos dicen que tenemos datos similares a otras capitales y que todo está bien. ¿Eso quiere decir que tenemos que acostumbrarnos a intentos de homicidios en espacios ocupados? ¿Qué tenemos que naturalizar que acuchillen a un menor en su instituto? ¿Qué personas armadas se atrincheren en el Casco Viejo después de un episodio de violencia de género? O que hordas de jóvenes que supuraran odio, agredan con barras de hierro a otras por animar a la selección. En mi opinión, cometeríamos un grave error si normalizásemos tendencias delincuenciales de otras ciudades, por el mero hecho de que nuestros datos estadísticos coincidan y que al político de turno no se le ocurra otra respuesta ante la cruda realidad. Que sí, que son datos reales, pero datos y tendencias que Pamplona nunca había tenido y que no tendría que naturalizar. Más allá de la batalla por el relato político, la realidad es que la percepción de inseguridad influye de manera directa en el comportamiento cotidiano de los vecinos.
Encontrar un equilibrio entre la necesaria exigencia de orden público y la evitación de discursos que generen un miedo infundado es el principal reto al que se enfrentan nuestras administraciones. Es por eso que Pamplona tiene que pensar qué modelo de ciudad quiere para su futuro y sobre todo hacia dónde tiene que dirigir su estrategia en materia de seguridad pública. Podríamos empezar por la mejora de dotación en medios materiales a las policías, la clarificación de los protocolos de actuación ante delitos grupales y el control estricto del uso de armas blancas. Son demandas transversales que superan las siglas partidistas. Solo a través de un análisis riguroso y una estrategia clara, alejada del ruido electoral, se podrá garantizar que Pamplona siga siendo el espacio cohesionado y seguro que tradicionalmente ha caracterizado a la sociedad pamplonesa.
Gustavo Galarreta Pérez es analista de seguridad y defensa.