Opinión
Un burdo intento de vigilar a los medios
"La lista de periodistas elaborada por la oficina de comunicación de Interior es un señalamiento peligroso y un grave error del departamento de Marlaska al que el Gobierno responde con tibieza"

Publicado el 14/09/2026 a las 05:00
El cúmulo de despropósitos que viene acumulando el Gobierno de Pedro Sánchez ha sumado un nuevo y sonoro capítulo. Una información publicada por El Confidencial ha permitido conocer un aberrante dossier elaborado por la oficina de comunicación del Ministerio del Interior, nada menos, con decenas de periodistas y personas de otros ámbitos que protagonizan tertulias nacionales en el que, además de sus fotografías y trayectorias profesionales, se recogen valoraciones sobre su supuesta ideología, su posición respecto al Gobierno de Sánchez o su cercanía a determinados partidos. Una lista, por cierto, en la que hay varios periodistas navarros y colaboradores de este periódico. Un señalamiento tan burdo y peligroso como la falta de contundencia en la respuesta a posteriori tanto del ministro Marlaska como el propio presidente Sánchez, que tildó el listado de “muy poco afortunado”, para a renglón seguido arremeter contra la oposición.
Este listado de periodistas es un intolerable ataque a la libertad de prensa y un grave error del Departamento de Fernando Grande-Marlaska que exige algo más que una disculpa, por mucho que el Gobierno le quite hierro al asegurar que se trata de un “documento interno”, aunque “inapropiado”. En un Estado maduro, la prensa fiscaliza a los poderes públicos en favor de la transparencia, la pluralidad y la limpieza del juego democrático, por encima de cualquier práctica, como la urdida desde el ministerio responsable, precisamente, de velar por la seguridad del país. Vigilar a los medios y etiquetarlos a su conveniencia es un burdo y vano intento de condicionar la independencia de una prensa libre, seria y responsable. Y se suma a un muy peligroso caldo de cultivo que se vive en los últimos tiempos, en los que compañeros periodistas han sido increpados, bien es cierto que por una minoría de ciudadanos, en concentraciones públicas mientras ejercían su trabajo. La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas y sus empresas, sino una garantía democrática por el bien de la sociedad.