Opinión
Más inversión, más industria

Publicado el 04/08/2026 a las 05:00
Hay momentos en la historia de una región que marcan un antes y un después. En Navarra, uno de ellos fue sin duda la aprobación del Programa de Promoción Industrial en abril de 1964. Más de sesenta años después seguimos viviendo, en buena medida, de aquella decisión. Conviene recordarlo porque hoy vuelve a hablarse mucho de industria. El Gobierno de Navarra acaba de aprobar una nueva Ley Foral de Industria y Fomento Empresarial que llegará al Parlamento este otoño. El debate es oportuno. La pregunta también: ¿qué necesita realmente Navarra para fortalecer su industria? Quizá la respuesta pueda encontrarse precisamente en aquel programa que transformó una Navarra agrícola y emigrante en una de las regiones más industriales de España. Cuando se aprobó el Plan de Promoción Industrial Nacional, Navarra había quedado fuera de los polos de desarrollo impulsados por el Estado. En lugar de resignarse, un pequeño grupo de personas decidió actuar. Capitaneados por Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta, entendieron que el futuro de Navarra dependía de crear empresas, atraer inversión y generar empleo. Su objetivo era muy claro: favorecer las inversiones, evitar la emigración de los jóvenes, atraer capital y desarrollar la actividad económica en toda la Comunidad foral. Para lograrlo utilizaron las herramientas forales disponibles: incentivos fiscales, subvenciones, suelo industrial, infraestructuras y formación profesional. Pero, sobre todo, aportaron algo que hoy sigue siendo imprescindible: rapidez en la toma de decisiones.
Los testimonios de quienes participaron en aquella transformación resultan reveladores. Los proyectos se resolvían en cuestión de días. Las entrevistas con potenciales inversores eran continuas. Las empresas encontraban interlocutores que buscaban soluciones y no obstáculos. La Administración entendía que su función era facilitar la actividad económica. Los resultados son conocidos. En apenas una década cerca de 200 empresas se acogieron al programa para crear nuevas instalaciones o ampliar las existentes. Se generaron alrededor de 20.000 empleos industriales. Nacieron o crecieron compañías que todavía hoy forman parte de la realidad económica navarra. Surgieron nuevos polígonos industriales. Y llegaron proyectos tan decisivos como AUTHI, posteriormente Volkswagen Navarra, auténtica piedra angular de nuestro desarrollo industrial. Aquella estrategia sentó las bases de una estructura productiva que todavía hoy explica buena parte de nuestra prosperidad. Actualmente la industria representa cerca del 27% del PIB navarro -aunque bajando en los últimos años- y emplea a más de 74.000 personas. Pero no somos una isla aislada; la competencia es cada vez más elevada y otros países y regiones nos están tomando la delantera.
La futura Ley Foral de Industria, que en otoño iniciará su trámite parlamentario, comenzó a elaborarse a principios de 2024. Ha requerido más de dos años y medio de trabajo y la participación de centenares de personas e instituciones. El texto contiene más de cien artículos y numerosas declaraciones de principios. Sin embargo, cuesta identificar medidas capaces de producir una transformación comparable a la que logró el Plan de Promoción Industrial. La diferencia está en el enfoque.
El plan de 1964 partía de una pregunta muy concreta: ¿qué necesitamos hacer para atraer empresas e inversiones? La discusión actual parece centrarse en cómo ordenar procedimientos, crear estructuras o definir objetivos generales, cuando el objetivo debiera ser el mismo: ¿qué necesitamos hacer para atraer empresas que inviertan en nuestra comunidad y que las existentes recuperen su apuesta inversora anterior? Apostando por las inversiones la comunidad crecerá, innovará y prosperará, ya que existe una alta correlación entre inversión productiva y valor añadido, similar al PIB. Pero en la actualidad Navarra viene perdiendo atractivo inversor frente a otros territorios. La inversión empresarial se ha reducido prácticamente a la mitad desde la crisis del 2008. La productividad muestra signos de estancamiento. El absentismo va en aumento y resulta inasumible para multitud de compañías. La dimensión media de nuestras empresas continúa siendo reducida. Las infraestructuras estratégicas avanzan con lentitud, eso las que avanzan. Y la presión fiscal sobre empresas y profesionales no ayuda a mejorar nuestra posición competitiva. Resulta significativo observar lo que están haciendo otros territorios. Vizcaya ha presentado recientemente un amplio paquete de medidas fiscales orientadas a atraer talento, favorecer el arraigo empresarial y estimular la inversión. Paralelamente, continúa avanzando en mecanismos de agilización administrativa y en el impulso prioritario de proyectos considerados estratégicos. La cuestión no es si debemos copiar exactamente esas medidas, sino si Navarra está compitiendo con la misma intensidad para atraer empresas, inversiones y profesionales.
La verdadera política industrial consiste en crear las condiciones necesarias para que las empresas quieran instalarse, crecer e invertir. Y para ello se necesita confianza, estabilidad y una rentabilidad razonable. Si se transmite inseguridad jurídica, si los impuestos crecen año tras año, la carga regulatoria se dispara, no se desarrollan las infraestructuras necesarias y se deja de confiar en la Administración, los inversores paralizan sus decisiones de inversión y buscan otros lugares más atractivos para la expansión de sus negocios. La inversión empresarial permite acceder a las nuevas tecnologías, apostar por la innovación, atraer talento, mejorar la productividad y competitividad para, de esta forma, poder pagar mejor e indirectamente aumentar los ingresos fiscales para conseguir la sostenibilidad en el sistema de pensiones y mantener unos servicios públicos de calidad. Navarra no necesita una nueva revolución industrial. Me atrevería a decir que tampoco necesita una Ley de Industria. Necesita poder volver a competir.
José María Aracama Yoldi. Vicepresidente del think tank Institución Futuro.