Opinión
Escalada hacia ninguna parte
"De vuelta a la guerra abierta, Ormuz concentra los esfuerzos de EE UU para asegurar la navegación y de Irán, para mantener el control el mayor tiempo posible"

Publicado el 20/07/2026 a las 05:00
Ni tres semanas duró el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán. Ante un documento abierto a la interpretación, se podía prever que cada una de las partes esgrimiría la lectura más favorable a sus intereses. Pronto se vio que Trump, incómodo con la impresión generalizada de que había cedido demasiado para terminar con la guerra, se impacientaría ante la perspectiva de dos meses más de diálogo. Y que el régimen teocrático se aferraría a la letra de un pacto que no solo le permitía retomar la exportación de crudo sino también soñar con una alivio de las sanciones. Quizá, en la imaginación del presidente estadounidense, Ormuz podía recuperar la fluidez casi de un día para otro. El estratégico estrecho concentra los esfuerzos de Washington y Teherán en esta escalada hacia la guerra abierta. Mientras los ataques cruzados que se registran cada jornada y Trump llama a sus adversarios a regresar a la negociación y anuncia medidas que descarta a las 24 horas. Fue el caso de su intención de “hacer mucho dinero” en Ormuz con la aplicación de un peaje del 20% a cada buque, mucho más oneroso que el que fija Teherán.
La idea, abandonada por presión de los aliados del Golfo, dio paso después a un supuesto acuerdo de “enormes inversiones” de los países árabes en EE UU del que nadie más da razón. La protección estadounidense no convence a armadores y capitanes. Los escasos buques que cruzan Ormuz lo hacen a satisfacción de Irán, que busca prolongar el control de la vía marítima todo lo posible. Una apuesta arriesgada. Los iraníes mantienen la capacidad de dañar aún más las bases de EE UU en la zona y la producción petrolífera y gasística de las monarquías árabes. Pero si el republicano contraviene la Convención de Ginebra y ataca deliberadamente plantas de agua y almacenes de alimentos, serán los civiles los que sufran un castigo aún mayor que, en lo inmediato, no torcerá el brazo del régimen. Los ayatolás no sentirán la presión de dar explicaciones, creciente en el caso de Trump de aquí a noviembre.