Opinión
"¿No sería ese convertirse en protectoras barandillas un hermoso destino para todas las escopetas?"
"Muchos años después supe que efectivamente era además peculiar, ya que allí había vivido el mismísimo general Zumalacárregui y además, la barandilla de la escalera por la que se accedía a los pisos superiores estaba formada por cañones de escopeta"

Publicado el 07/05/2026 a las 05:00
Mi tío Manuel vivió en la calle del Carmen, en una casa muy peculiar. Nacida en el Ensanche, en un piso recién estrenado, no es extraño que la de mi tío a mí me pareciera vieja. Muchos años después supe que efectivamente era además peculiar, ya que allí había vivido el mismísimo general Zumalacárregui y además, la barandilla de la escalera por la que se accedía a los pisos superiores estaba formada por cañones de escopeta. Aunque subí muchas veces por ella nunca me percaté de tal construcción, pero mis hermanas mayores la recuerdan perfectamente. La casa, cercana al Redín, fue restaurada hace pocos años, y aunque mi tío ya había fallecido, y además hacía tiempo que la había dejado, estuve atenta a la transformación porque quería volver a ver la gran entrada de piedra y sobre todo la barandilla de cañones, pero no lo conseguí.
Siempre que iba encontraba cerrada la puerta, y cuando comenzaron las obras, andamios y herramientas impedían el paso, así que tan solo pude verla ya terminada y por supuesto desde el exterior. Pero sí me enteré de que no se había conservado la barandilla de cañones, con lo curiosa que tenía que ser, sobre todo original, porque, ¿habrá otra igual en el mundo? ¿No sería ese convertirse en protectoras barandillas un hermoso destino para todas las escopetas? ¿Estaría esta tan deteriorada que no pudo salvarse? Seguramente sería así, porque lo cierto es que el ayuntamiento que entonces tuvo en sus manos el lugar, se esmeró y es hoy de los más bellos de Pamplona. Sigue siendo un placer pasear por la zona de El Redín, aunque ya no haya cordeleros trabajando en su oficio, pero encaminarnos a la plaza de San José por el Caballo Blanco, o llegar hasta La Media Luna por el Paseo de Ronda es todo un lujo. Aunque habría estado bien hacer un alto en el paseo para poder contemplar de cerca la barandilla de la casa donde vivió Tomás Zumalacárregui.