Opinión
España, en el peligroso juego mundial
"Lo importante es no distanciarnos de Europa y, si es posible, arrastrar a la Unión hacia posiciones más dignas y activas frente a las humillaciones de Trump"

Publicado el 21/04/2026 a las 05:00
El baile político internacional desquicia a cualquiera. Educados en la verdad absoluta según la cual “los amigos” eran los estadounidenses y “los enemigos” los rusos, ahora resulta que los presidentes de ambas potencias se han hecho amigos y comparten su inquina contra Europa a la que prefieren débil, dividida e irrelevante. Se han hecho amigos ahora Trump y Putin, o quizás lo fueron siempre, según la leyenda por la cual el ruso, a través de los oligarcas de su influencia, salvó a Trump de la bancarrota inmobiliaria tras la crisis de 2008. Si se observa a los países europeos, detectamos miradas estrábicas: en Italia se admira a España y se distingue con nominaciones mediáticas y titulares elogiosos a su presidente, Pedro Sánchez. En España se admira que el parlamento italiano unánimemente aplaudiera a la líder socialdemócrata, Elly Schlein, cuando apoyaba a la primera ministra Giorgia Meloni, a pesar de las diferencias ideológicas, ante los ataques que recibió de Donald Trump. Un escena similar de unidad y de rechazo a la injerencia extranjera es impensable en España. O la política hispana lleva incorporado un germen de destrucción, o se ha llenado de personajes de los que definía así el inefable Alfonso Guerra, y consta en el Diario de Sesiones del Congreso: “Hay algunos que sufren mucho internamente”. El arrojo inicial de Pedro Sánchez, que le puede costar caro personalmente, (ojo con las advertencias de Netanyahu), cantando en solitario el “No a la guerra”, se ha visto amortiguado días después porque otros países y líderes se han sumado a su posición para enojo de Trump, de Putin y otros “señores de la guerra”. Las dos incorporaciones más sonadas han llegado desde Roma: Giorgia Meloni rompe su idilio con Trump, y quizás también con Elon Musk, ganándose el desprecio público de la Casa Blanca. Y por si fuera poco rompe el acuerdo de defensa con Israel.
Además, el Papa León XIV, sorprendentemente en silencio en las primeras semanas de la guerra y casi desde su elección, se despacha con una aseveración devastadora: “Que los tiranos que asolan el mundo y gastan miles de millones en guerras (…) no utilicen la religión para intereses personales, militares y económicos”. Realmente el papa Francisco era un hombre muy inteligente. Vio venir el peligro del segundo desembarco de Trump en el máximo poder político y le puso enfrente no a un africano, o un europeo timorato, o a un asiático de escasa relevancia y resistencia limitada, sino a un cardenal blanco, norteamericano, de Chicago, aunque su vida pastoral la desarrolló en Perú, que no se arredra ante las embestidas verbales de su paisano, el multimillonario neoyorkino. Al alivio de Sánchez por la incorporación de Giorgia Meloni y el Papa a sus posiciones, se suma la asistencia a la Conferencia de Defensa de la Democracia en Barcelona de personalidades mundiales, como los presidentes de Brasil, México, Colombia y así hasta un centenar de países representados.
Quizás este despliegue internacional de Pedro Sánchez no le servirá para ganar elecciones en España, donde soporta desde el día en que ocupó la presidencia la mayor campaña de desgaste conocida. Lo posiciona como líder progresista mundial sí, pero el asunto es cómo afecta a España esta proyección internacional. Lo importante es no distanciarnos de Europa y, si es posible, arrastrar a la Unión hacia posiciones más dignas y activas frente a las humillaciones de Trump. Difícil y arriesgado juego; pero estamos en la mesa.
