Opinión

"Que las cosas se decidan desde fuera, que yo no sea capaz, que sea otro quien me libere -vale también para uno mismo- trae consecuencias"

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Pedro Charro

Actualizado el 12/01/2026 a las 07:55

Lo que está pasando en Venezuela ya lo debatió hace cinco siglos la Escuela de Salamanca, justamente en un contexto donde había irrumpido el continente americano, gracias a Francisco de Vitoria, Suarez y compañía, que, desde la universidad salmantina, aportaron al mundo el derecho de gentes, la idea de igualdad entre los seres humanos, fueran de donde fueran, defendieron a los indios, discutieron el derecho o no a la guerra y la conquista y pensaron una comunidad de naciones -totus orbis- basada en el derecho y no en la fuerza -algo todavía pendiente-, además de volver a la antigua vindicación del tiranicidio, que viene de Santo Tomás, y que justifica matar al gobernante cuando no hay otra forma de acabar con un régimen injusto, si bien advirtieron de que se trata de un recurso extremo. También de algo que atañe ante todo a los súbditos, son ellos los llamados a rebelarse, los ofendidos, porque las cosas se complican cuando al tirano se le depone desde una potencia extranjera que va contra él, pero sobre todo busca sus intereses. 

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Que las cosas se decidan desde fuera, que yo no sea capaz, que sea otro quien me libere -vale también para uno mismo- trae consecuencias. Quienes aplaudieron la entrada de Napoleón en España, los afrancesados, buscaban la modernidad y la ilustración para el país, pero el pueblo no quiso esa libertad y luchó en una guerra terrible, bajo el grito de “vivan la cadenas”. Acabar con el temible Sadam en Irak, que no tenía problema en gasear a su propio pueblo, e imponer la democracia -vaya contradicción- no trajo sino el caos y el enfrentamiento. La democracia, es decir, la mayoría de edad de los ciudadanos, que ya no viven sometidos a un padre severo que decide por ellos, no se puede lograr sin un proceso propio, una toma de conciencia, un despertar. Hemos visto una intervención militar digna de una película de acción, un tiranicidio televisado y en chándal, pero ese proceso está pendiente. La república no es del rey, sino del pueblo, escribió Vitoria, tan visionario.

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