España y el pulso preelectoral
Al margen de qué ocurra con la legislatura española, el país camina hacia un ciclo de comicios que no puede ser la excusa para la parálisis de la acción de gobierno

Actualizado el 27/10/2025 a las 08:29
La confusa reapertura de negociaciones con el Gobierno conservador de Alemania para el reconocimiento oficial del catalán, el euskera y el gallego en la UE constituye uno más de los gestos ‘in extremis’ del Ejecutivo de Pedro Sánchez hacia Junts ante el nuevo órdago de los soberanistas.
Aunque ya el sábado Berlín echó agua fría al aseverar que su postura en este tema no ha cambiado, otra vez el movimiento peca de oportunismo y resta credibilidad al compromiso con una cuestión que habría merecido hace tiempo un entendimiento en clave de Estado.
Con el agravante de que el disenso entre el PSOE y el PP, y el hecho de que este sea uno de los precios exigidos por Carles Puigdemont y los suyos para sostener el mandato de Pedro Sánchez, transforma la gestión de ese plurilingüismo en un estandarte exclusivo de los nacionalistas. El lunes se comprobará fuera de España, en Perpiñán, hasta qué punto este guiño u otros hacen mella o no en Puigdemont, atenazado por la necesidad de hacer contantes y sonantes los compromisos que permitieron a Sánchez volver a ser investido presidente hace dos años.
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Pero por de pronto, la escalada de Junts ha incentivado la sensación de una legislatura fuera de control, en la que el propio presidente del Gobierno, agitando banderas de fondo -Gaza, el aborto o el cambio horario-, emite señales en código preelectoral aun cuando insista en que resistirá hasta 2027.
En todo caso, el país se adentra en un programado ciclo con las urnas en 2026 con dos citas ineludibles -Castilla y León y Andalucía-, otras dos en el alero -posibles adelantos en Extremadura y Aragón- y la incógnita, con Puigdemont al fondo, de si habrá generales antes de tiempo. Un eventual anticipo de los comicios extremeños y aragoneses, por la imposibilidad de los populares de sacar allí adelante sus Cuentas, interpelaría inevitablemente a un Sánchez dispuesto a seguir incluso sin Presupuestos actualizados en toda la legislatura, una anomalía en democracia. Sería deseable que la extrema polarización que ya soportan los ciudadanos no convierta las autonómicas en la excusa final para la parálisis.