Turbulencias financieras
"Los bonos a largo plazo suben y los países deberán pagar más dinero en el futuro por endeudarse"

Publicado el 06/10/2025 a las 05:00
El primer lunes de octubre está dedicado a la educación financiera. En algunos países este concepto ha pasado a ser un asunto de Estado: Alemania ha aprobado un programa educativo que enseña a los niños las bondades del ahorro desde los estudios de primaria. Es una manera de dar a conocer los problemas que podemos tener en el futuro si no administramos bien nuestro dinero. Dado un salario fijo, ¿qué es mejor? ¿Consumir lo que nos parezca y después ahorrar? ¿Ahorrar lo adecuado y después consumir? Recomendación: separar el 10% del sueldo y a partir de ahí, ¡a gastar!
Una persona sabe cuándo tiene turbulencias financieras: las cuentas no salen. Un imprevisto como una derrama, una visita al dentista o una avería que nos lleve el coche a la chatarra pueden provocar un gran problema en nuestro bolsillo…y en nuestra cabeza. El primer ahorro debe ser para afrontar sucesos inesperados. En las empresas el asunto es parecido: si los gastos superan a los ingresos aparecen los problemas.
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Sin embargo, en demasiadas ocasiones nos olvidamos de las diferencias entre gastos y pagos, ingresos y cobros. Aunque en términos contables los números son positivos, si tardamos en cobrar y estamos obligados a pagar cuanto antes también se afrontan situaciones que pueden llevar en una primera fase a pedir prestado (con los costes financieros que ello conlleva) y en una segunda fase a tener problemas de viabilidad para nuestro negocio. El flujo de caja, el cash o dinero que se ingresa cada mes en la cuenta bancaria es una variable prioritaria para mantenerse en el mercado.
El siguiente nivel es el Estado. En teoría, puede endeudarse cuanto desee ya que tiene una fuente de ingresos infalible: los impuestos. El asunto se agrava si tenemos en cuenta que los gobernantes no deben responder con su patrimonio en caso de errores o incompetencias. Por eso nuestros políticos tienen incentivos para pedir prestado más de la cuenta. Unos economistas piensan que todavía pueden pedir más dinero, otros que se han sobrepasado los límites. ¿Quién tiene razón?
La manera que tiene un Estado de endeudarse es emitiendo bonos, los cuales tienen un nominal de 1.000 euros. Un inversor tiene incentivos para comprar uno conforme el tipo de interés es más alto. Si adquirimos un bono a 5 años con un tipo nominal del 3%, tenemos derecho a cobrar 30 euros (el 3% de mil) cada año y a recibir, pasado el tiempo estipulado, los mil euros invertidos. Si compramos un bono a 20 años con un tipo del 5%, cobraremos 50 euros cada año y en el momento de la amortización del bono nos devolverán el principal de 1.000 euros. Más tiempo supone más interés ya que como van a tardar en devolvernos la inversión original no podemos disponer de ella y eso deber ser recompensado.
Los tipos de interés de los bonos a largo plazo indican la confianza que tienen los mercados en una economía determinada. En estos momentos están subiendo. Eso es una turbulencia financiera grave: los Estados deberán pagar más dinero en el futuro por endeudarse. En esta circunstancia muchos de los inversores cuya cartera está basada en acciones o activos financieros semejantes preferirán acudir al mercado de bonos. Es mejor asegurarte un cobro del 5% durante 20 años que comprar una acción que cotiza a 25 veces sus beneficios y no parece tener mucho potencial de revalorización. Si los gobiernos desean bajar el coste de financiación deben apretarse el cinturón.
Este fenómeno es una forma de transferencia de riqueza de los más “pobres” a los más “ricos” ya que el pago de los intereses de bonos es con cargo a los impuestos que pagamos todos; el cobro de los mismos es para los grandes fondos de inversión y para quienes se pueden permitir ahorrar durante mucho tiempo sin tocar su dinero.
Hay más transferencias semejantes. Los gobiernos tienen dos mecanismos para adquirir recursos de la ciudadanía aprovechando su ignorancia financiera. El primero es generar inflación. Como la deuda a pagar es la misma, en caso de inflación (la amiga de los deudores) la cantidad se reduce en términos relativos. No es lo mismo pagar 50 de un presupuesto de 1.000 que hacerlo de un presupuesto de 2.000. A seguir pidiendo.
El segundo mecanismo consiste en no deflactar el IRPF. Supongamos que nos cobran un impuesto del 10% por sueldos hasta 2.000 euros y un 20% para el tramo que va de 2.000 a 6.000 euros. Si sube la inflación un 50%, y ganamos 2.000 euros, nuestro salario debería subir en la misma proporción (hasta 3.000 euros) para mantener el poder adquisitivo. Si no se ajusta la tarifa nos van a cobrar de los 1.000 euros adicionales el 20% (200 euros) en lugar del 10% (100 euros) que correspondería.
Falta la turbulencia definitiva: cuando los inversores que llevan toda la vida en bolsa con acciones deseen venderlas para jubilarse, ¿quién las comprará, si los jóvenes no pueden ni adquirir una vivienda?
Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela.