Leer nos hace mejores

Leyendo conocemos otros países, otras regiones, otras personas, otras realidades. Leyendo soñamos, reímos, sentimos, aprendemos, imaginamos, evolucionamos. Sí. Leer nos hace mejores.

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Javier Otazu

Publicado el 15/09/2025 a las 05:00

Menudo debate se ha montado con las declaraciones de la 'influencer' María Pombo al afirmar que “leer no nos hace mejores”. A simple vista, la lectura de la frase tiende a comparar las personas que leen respecto de las que no lo hacen. Sin embargo, ¿por qué no compararnos con nosotros mismos según leamos o no lo hagamos? ¿Qué nos proporciona más desarrollo personal? ¿Leer, ver películas, estar tumbados en el sofá, divertirnos en una fiesta, las redes sociales o seguir a los creadores de contenido?

La mayor diferencia existente entre el ser humano y el resto de especies que habitan nuestro planeta es el uso de la palabra y del lenguaje. Gran parte de nuestro progreso es debido a la posibilidad de generar conocimiento y mantenerlo, primero en tablillas, después en libros. Es la forma de conocer con más profundidad nuestro pasado. La Historia. Por ejemplo, hace 3.000 años ya se podía leer en Babilonia, la ciudad más rica de la época, que “la juventud de hoy está podrida y es mala, impía y perezosa. Nunca será como la de antes, no podrá preservar nuestra cultura”. Es una clara pista que muestra lo poco que hemos cambiado a lo largo del tiempo.

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El escritor italiano Roberto Saviano lo tiene claro: “La palabra es pensamiento y no hay pensamiento fuera de la palabra. Cuantas más palabras seamos capaces de pronunciar, más se expandirá y fortalecerá nuestro pensamiento; con pocas palabras, volvemos a la caverna, a las supersticiones, al miedo a las sombras, al constante estado de alarma que no nos deja vivir”. El autor Douglas E. Noll afirma que “leer grandes obras de la literatura resulta una condición necesaria para tener una mente educada debido a las experiencias emocionales que describe”. Además, estos resultados están demostrados, tal y como lo recuerda Andrés Seoane: “Leer novelas va mucho más allá de la diversión o del placer estético: la ciencia más puntera demuestra que la ficción nos vuelve más críticos, desarrolla nuestra empatía y combate la epidemia de distracción”. El análisis de Robin Wall Kimmerer sobre el uso de su idioma y la forma que tenemos de ver la realidad es apasionante: “La arrogancia del inglés estriba en que solo obtienes categoría de animado y te haces digno de respeto y preocupación moral si eres un ser humano. Es un idioma basado en los sustantivos, algo que parece apropiado para una cultura obsesionada con las cosas. En una encuesta, niñas y niños conocen un centenar de logos y marcas diferentes, y solo una docena de plantas”.

Los avances tecnológicos también son una tentación para no usar la memoria o no leer: los buscadores o ChatGPT ('chati' para los amigos) proporcionan resultados inmediatos. “Como ocurrió con Sócrates cuando renegó de la escritura (creía que perjudicaba al pensamiento), han salido multitud de estudios que muestran cómo la gente que utiliza la inteligencia artificial, comparada con la que hace búsquedas de lectura, tiene una suerte de atrofia en algunas funciones. Pero eso no tiene que ver con la tecnología sino con el esfuerzo que se aplica, con la concentración sostenida en el tiempo y la capacidad de no distraerse, algo que la lectura exige”, expone Mariano Sigman.

Existen más opciones, además de las novelas. Las obras de fantasía nos permiten ampliar nuestra realidad, como recuerda el gran científico Carl Sagan: “La imaginación nos lleva a mundos que no existieron nunca, pero sin ella no podemos viajar a ninguna parte”. Así es como Albert Einstein desarrolló la teoría de la relatividad. Mediante sueños, August Kekulé descubrió la estructura de la molécula de benceno. “La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano”, dice Carmen Conde. Su efecto se amplifica si la escuchamos con los ojos cerrados, concentrados, flotando. Con ella.

Los ensayos nos permiten conocer los avances científicos: estudiosos del comportamiento humano, como Robert Greene —“el carácter débil neutraliza las demás cualidades”—; del lenguaje no verbal, como Teresa Baró —“te tratan según la imagen que tengan de ti”—; o de los sueños, como Rahul Jandial —“cuando se para un corazón, durante treinta segundos las ondas cerebrales muestran una intensidad brutal. Quizá no desaparezcamos en el silencio de la noche”—, nos ayudan a cambiar nuestra percepción de la realidad y a pensar de otra forma.

Los cuentos y las fábulas tienen enseñanzas que perduran a lo largo de años, años y años. La historia de los tres cerditos nos muestra las diferencias entre tener una casa de paja, otra de madera o una de ladrillos. La del zorro que no llega a las uvas y se consuela afirmando que “no están maduras” la hemos vivido, de alguna forma, todos. Leyendo conocemos otros países, otras regiones, otras personas, otras realidades. Leyendo soñamos, reímos, sentimos, aprendemos, imaginamos, evolucionamos. Sí. Leer nos hace mejores.

Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

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