Un nuevo curso político: tierra quemada

Desde los años del terrorismo etarra no sufrí tanto la España doliente: su tierra está quemada físicamente por un costado y políticamente por los cuatro

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Víctor Manuel Arbeloa

Publicado el 05/09/2025 a las 05:00

¿Qué otra cosa sino “genocidio” es el del pueblo palestino de Gaza, causado por el fanatismo suicida de Hamás y el fanatismo destructor y conquistador del Gobierno de Netanyahu, apoyado por su pueblo, a una con la complicidad del presidente Trump y del poder de EE UU? Desde nuestra impotencia, nos queda lamentar amargamente la impotencia de la ONU, la torpeza culpable de la Unión Europea y la insolidaridad inexplicable de la Liga Árabe y de los países que la componen.

Hasta ahora, en el festival internacional montado por Donald Trump —presidente votado y delincuente condenado, narcisista supremo y político aventurero donde los haya— para su mayor honor y gloria, quien ha salido verdaderamente glorificado ha sido el dictador ruso, Vladimir Putin. Sobre la alfombra roja tendida por el líder republicano al salir del avión en Anchorage, capital del estado de Alaska, otrora ruso, se ha librado guapamente de la orden de arresto dictada contra él por el Tribunal Penal Internacional y ha sido legitimado ante la vista del mundo entero como presidente prestigioso de Rusia, que puede codearse y hablar de tú a tú con el presidente del país más poderoso del llamado mundo libre y hasta engañarle una y otra vez. A pesar de inmensas pérdidas humanas y económicas, Putin va ganando poco a poco la guerra que desató desvergonzadamente en Ucrania y espera seguir teniendo unidos los territorios conquistados al nuevo imperio ruso soñado. Nadie se lo va a impedir, aunque la guerra terminara dentro de un mes.

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Los líderes de nuestra Unión Europea han ido apareciendo en ese festival como un coro de satélites comedidos y obsequiosos, invitados a los segundos platos. Nuestra Unión es muy joven, está en período de formación, no tiene ejército, no tiene una voz única, perdió a Gran Bretaña… es poca cosa para el sátrapa Trump, que acaba de ponerle un 15 por ciento de aranceles, como si fuera uno de sus muchos clientes deudores. Algo, sin duda, podrán hacer, sobre todo si pagan religiosamente los aranceles y le compran armas para ayudar a Ucrania mientras dure la guerra. Y, finalmente, paciencia y barajar…, esperando que al sátrapa se le pasen los dos años que le quedan de mandato.

Tierra quemada española. Quemada físicamente por uno de sus costados y políticamente por los cuatro. Desde los años de plomo del terrorismo etarra no sufrí tanto la España doliente: esta vez la de los muertos y heridos en los incendios; la de los pueblos arrasados; la de los campos y montes quemados; de las gentes transterradas y empavorecidas; del fanatismo de los pirómanos; de un Gobierno de vacaciones hasta el día octavo del excidio, impidiendo, probablemente, el acceso del rey, el primer consciente de la tragedia; y de una clase política que prioriza casi siempre su interés particular, aunque se queme la casa de todos. Nunca hemos visto más claro que la prevención es una asignatura pendiente de todos; que el Estado debe intervenir como tal sin esperar que le llamen, cuando ocurre la catástrofe en cualquier lugar de España; y que la opinión pública y el derecho penal deben incluir en el delito de terrorismo a los causantes directos de los incendios.

Las fiestas estivales han demostrado, un año más, a los “progresistas” blanqueadores y comilitones de EH Bildu, que la ETA política está lejos de desaparecer y que está vivísima, no solo en muchos ayuntamientos regidos por su programa político, sino en los permanentes homenajes dedicados a los héroes etarras: 'imitatio heroica'. Pintadas, letreros, brindis, bailes, canciones, conciertos, serigrafías en camisetas y pañuelos… Impunemente.

Con la “venia” de la autoridad. Con el silencio, cuando no la aquiescencia, de los “progresistas” blanqueadores. ¿Qué mejor lección para las generaciones presentes y futuras de que ETA fue una epopeya muy de agradecer? Lo cierto es que cada vez que intentan legitimar a ETA, intentan desesperadamente que ETA vuelva y persista entre nosotros.

En el momento en que más crece la pobreza nacional por la inmensa deuda pública y por los descomunales incendios, el Gobierno del autócrata Sánchez condona a Cataluña 17.000 millones de euros solo por ganarse los votos de los separatistas catalanes, para poder seguir en el desgobierno de la Moncloa. A los que añade, como innoble coartada, por no tener otro remedio, otros 66.000 al resto de las comunidades. Se premia así la irresponsabilidad de la Generalidad catalana en la intentona secesionista y se la equipara a otras comunidades mejor administradas, propiciando, además, el alegre endeudamiento a costa de los más responsables. ¡Nada de “quita” de deuda! La deuda se hace asimétrica e injusta. Y se hace pagar al Estado (que somos todos) los despilfarros y las francachelas de unos pocos. ¡Y eso lo hace el Gobierno “progresista” de la Nación!

Víctor Manuel Arbeloa. Escritor

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