"Hacer el amor y no la guerra es sin duda el programa secreto de estas chicas, como de cualquier veinteañero con los sueños intactos"

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Pedro Charro

Actualizado el 03/08/2025 a las 22:07

En Soria, en el camino machadiano que va a San Polo y San Saturio, los álamos vigilantes junto al Duero, pasarelas y merenderos, a la caída de la tarde hay un festival de música al aire libre bajo un cielo azul purísimo que se resiste a echar el telón, y una feria con puestos de torreznos y longaniza muy concurridos, y desde el escenario, que apenas se divisa entre el humo de la fritanga, llega un tema de Nina Simone y la gente baila, los niños corren, los abuelos cabecean. Paseando junto a los puestos, mirándolo todo, muy juntas, hay un grupo de chicas con velo, con vaqueros y ojos brillantes y oscuros que, según me cuentan, son de El Cairo y estudian allí español, que es una lengua que crece. Una lengua que las ha traído hasta aquí, pues a veces las lenguas separan pero también unen.

Egipto es un país lleno de jóvenes, en plena ebullición, nada que ver con nosotros, y estas chicas miran fijamente a las mujeres que bailan y beben cerveza, puede que con algo de envidia. En El Cairo viven 15 millones, hace ahora más de 45 grados y gobiernan, como siempre, los militares, pero hay un viento que sopla hacia la libertad, algo que nunca termina de abrirse paso en esos países, como si no la merecieran. Aquí el viento del río refresca el ambiente y revuelve el velo de estas chicas. “Toda una vida estaría contigo. No me importa en qué forma, ni cómo ni dónde, pero junto a ti”, cantan desde el escenario en versión rockera a quienes, como ellas, tienen toda la vida por delante. Un gran plan, aquí y en El Cairo.

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Muy cerca hay un puesto de kebab con la bandera palestina. Una tragedia muy cercana a estas chicas, que no se acercan, como si fuera algo que dejaron atrás, que nunca se arregla. “Yo recuerdo aquel día que nos fuimos a nadar, en el río aquel”, suena ahora y ellas sonríen. Hacer el amor y no la guerra es sin duda el programa secreto de estas chicas, como de cualquier veinteañero con los sueños intactos. Poner una flor en el caño del fusil. Demostrarnos que el mundo puede ser mejor. El Duero pasa, como un Nilo modesto, camino del mar.

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