"No faltan cargos, dependencias, organismos, sindicatos, leyes y protocolos en administración para garantizar la transparencia, pero cuando alguien denuncia lo que ocurre, se le aparta y se hace callar"

Publicado el 14/07/2025 a las 05:00
Bien a la sombra he estado revisando mensajes, noticias y vídeos —es difícil estar al día— y he visto cómo Jesmond Aquilina, eurodiputado socialista maltés, se durmió hace unos días mientras Chivite pronunciaba un discurso sobre algo del turismo sostenible. Qué hacía Chivite en Bruselas en el estreno de julio soltando un discurso a una sala casi vacía, mientras el nivel de fango de su partido no dejaba de ascender (eso sí que era insostenible), es algo que no se sabe muy bien. Quizá huir por no llorar. “Sánchez y Chivite deberían irse. Es imposible regenerar el partido desde el poder”, ha dicho con razón Arbeloa, pero de momento hacen oídos sordos y la presidenta, como el propio partido, ha optado por huir hacia delante y soltarnos un discurso.
Un discurso para un político es una forma de exhibir poder. Una forma de callarnos sin decir nada, una nuez hueca. Ahora me vais a escuchar. El capitán no abandona el barco, ha dicho Sánchez en su discurso, pero el ejemplo es malo, pues lleva a pensar en un naufragio, cuando todo se hunde. En Bruselas, en el comité de regiones, todos estaban pensando ya en vacaciones, y del discurso presidencial sólo quedó la siesta del fauno. Es lo que tiene este mundo viral. Mientras tanto, he leído en detalle las demoledoras declaraciones del funcionario que advirtió de ilegalidades en la obra del túnel de Belate, y cómo fue apartado de su puesto y desterrado a un hangar. Los detalles son estremecedores. Un error, dijo hace poco el consejero, sin sonrojarse.
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He aquí una metáfora exacta de lo que ha ocurrido: el gobierno encerrando la dignidad en un trastero. No faltan cargos, dependencias, organismos, sindicatos, leyes y protocolos en administración para garantizar —dicen— la transparencia, pero cuando alguien denuncia lo que ocurre, se le aparta y se hace callar. La limpieza consiste en borrar a Cerdán de las fotos comprometedoras. Eso sí que es tomar medidas. Para echarse a llorar si no estuviéramos ya acostumbrados o incluso dormidos como el roncante Aquilina.