"Ojalá este día de San Fermín traiga algo de alegría: no solo de fiesta, ni de juerga, ni siquiera de felicidad, que es cosa un poco simplona, como de no enterarse de nada"

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Pedro Charro

Publicado el 07/07/2025 a las 05:00

Ojalá este día de San Fermín -un día que para alguien de Pamplona no es uno más- traiga algo de alegría: no solo de fiesta, ni de juerga, ni siquiera de felicidad, que es cosa un poco simplona, como de no enterarse de nada, sino de la modesta y rara alegría, tan cara, que siempre es un estado del alma, algo que no tiene razones ni obedece a nada, sino que es el don de despertar y saborear el hecho de estar vivos, mirar el cielo azul y los vencejos y tener el día por delante, el largo y pautado día de fiesta con sus citas y sus encuentros que tal vez se cumplan, o tal vez no, pues la alegría nunca es un plan cerrado, sino más bien un dejarse llevar, un fluir, un estado que está más allá de la voluntad y los propósitos, un regalo pequeño pero poderoso, pues hay quien conserva la alegría como un salvavidas incluso en medio de las adversidades, hasta en las situaciones más duras y comprometidas, y quien, por contra, está siempre ofendido y triste, ansía siempre lo que no tiene y no se conforma con nada, se impone que todo sea extraordinario y único, no quiere perderse nada, pero en realidad está ya harto y de vuelta de esa vida que es un esfuerzo que agota y desengaña. 

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Qué contraste con este mundo que hemos hecho lleno de cosas y ambición, donde los que gobiernan y deberían dar ejemplo se pierden por el podrido dinero, tan burdo, y nos engañan predicando lo contrario de lo que hacen, que esta pura alegría que viene de hacer lo que se debe, de no traicionarse a sí mismo, que tal vez viene de muy lejos, del niño que fuimos, aquel que jugaba en la playa, feliz y absorto y todavía nos acompaña. Esa alegría de la que he oído estos días hablar a Savater -un buen ejemplo de ella- y que no es, según él, sino la aprobación de la vida a pesar de la tragedia y el dolor que a veces conlleva, a pesar de que no sea siempre estupenda, algo, la alegría, que no engaña sino que se aviene a aceptar lo que hay y quiere vivir pese a todo y a veces se inflama y se contagia, que viene del corazón y nos hace seguir respirando.

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