'Caso Koldo' y el valor de los contrapoderes
"Las revelaciones en torno a esta presunta trama de corrupción ponen de manifiesto el papel clave de la Justicia, las Fuerzas de Seguridad y los medios como pilares y garantes del Estado de Derecho"

Publicado el 22/06/2025 a las 05:00
La actualidad política de nuestro país sigue sacudida por el demoledor informe de la UCO en torno al caso Cerdán-Ábalos-Koldo conocido hace apenas diez días. En buena medida, porque Pedro Sánchez y María Chivite, en su condición de secretarios generales del PSOE y del PSN, y presidentes del Gobierno de España y de Navarra, han decidido que, con las gravísimas revelaciones que se han conocido hasta el momento y que afectan a personas de su máxima confianza, su asunción de responsabilidades finaliza en las decisiones que han tomado hasta ahora.
Más allá de lo que termine por dirimir la Justicia en cuanto a los imputados, no les preocupa la indudable crisis de confianza que las informaciones en torno a la presunta trama de corrupción y la operación que sigue llevando a cabo el juez del Supremo y la Guardia Civil generan en los Ejecutivos que lideran y en el propio PSOE. Enrocados en su discurso y empeñados en dar la espalda a una tozuda realidad que les acorrala. Las revelaciones en torno a esta presunta trama de corrupción vuelven a poner de manifiesto el papel esencial de la Justicia y de las Fuerzas de Seguridad, y su labor insustituible como pilares esenciales de un Estado de Derecho democrático como el nuestro. No es la primera vez ni será la última.
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El intento de desprestigio desde las más altas instancias del Ejecutivo y de los socios que le acompañan a la labor de los jueces, con graves acusaciones de lawfare, se demuestra tan irresponsables como injusto. Y también el señalamiento a algunos medios de comunicación que llevan tiempo en el punto de mira de este Gobierno, en un intento por confundir a la opinión pública, tratando de desactivar todas las informaciones que no son de su agrado con el mantra de los bulos. Hará bien toda la clase política en respetar el papel de quienes tienen en su esencia ejercer como contrapeso y fiscalizador del poder. El problema no es de la Justicia, la prensa o las fuerzas de seguridad. Lo tienen quienes obran mal y deben afrontar las consecuencias en un sistema que respeta todas las garantías.