Sánchez después del sanchismo

"El día que salga del poder su nómina de enemigos será infinita, como infinita será la lista de deudas por cobrar"

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Alfredo Arizmendi

Publicado el 10/06/2025 a las 05:00

Caen cascotes y polvo de las bóvedas sanchistas, y todo parece augurar un colapso más temprano que tardío. Una por una van fallando las claves y no son pocos los cofrades que, confiados antaño en la solidez del edificio, husmean hoy posibles vías de escape, no vaya a ser que se les venga todo encima. Donde antes se cantaban alabanzas al señor se barruntan sospechas de ruina. Son rápidas las ratas huyendo de los naufragios, y no van más lentos los “incondicionales” al declinar la estrella del sumo sacerdote. Yo no me fiaría. Cabe sospechar que el “Manual de Resistencia” esconda un codicilo, una disposición adicional para seguir resistiendo después de haberlo resistido todo.

Vivimos a menos cuarto de la hora del abandono. Una por una flaquearán las lealtades y “los nuestros” serán cada vez menos. Cada general -la Historia nos lo enseña-, defiende su provincia, y no hay mejor motivo para empuñar la daga -no hay otro, en realidad- que la certeza de ver que quien hizo tu fortuna ahora la pone en almoneda. A pocas jornadas de los idus de junio, en su ciudadela madrileña, Pedro se pregunta cuál de sus hijos le ha de traicionar. Sabe la respuesta: cualquiera. O todos, llegado el caso. Al fin y al cabo, son hombres y mujeres. No son Santos… ni santas.

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Se ha hablado mucho del final, de la derogación, de la enmienda a la totalidad del sanchismo. Pero ¿qué será de Sánchez cuando el sanchismo acabe? Hay episodios que nos permiten aventurar alguna hipótesis.

T.H.Elliot escribió que el mundo acaba “con una explosión, no con un gemido”. Ni lo uno ni lo otro se avienen con el entremés bufo que vivimos estos días. Si esto es el fin del sanchismo, si esta burla es en verdad el final de una época, este final vendrá entre carcajadas. La pléyade astrosa que se ha apropiado de eso que llaman “la conversación pública” no merece otro comentario que una risotada. Cualquier exégesis fuera del Código Penal los alza más de lo que nunca hubieran alcanzado a imaginar.

Pedro Sánchez no es ajeno a esta doctrina. El Sánchez del tenebroso Comité Federal del primero de octubre de 2017, en el que intentó perpetrar fraude, tras el que debió ser inhabilitado y repudiado; el Sánchez que se fue de gira con su grupo (no sabe uno si eran “Los Luises” o “Los Dalton” ); el Sánchez enamorado del retiro “en la paz de estos desiertos”; el de los cinco días dedicados -no nos engañemos- a hacer una exhaustiva y frenética ronda de consultas para saber la profundidad del albañal que le tocaría navegar en los meses siguientes; el Sánchez que se ha negado a sí mismo una, tres, cien veces; el que ha llamado resistencia a lo que en realidad es la flexibilidad de quien se retuerce sin romperse…ese Sánchez es más carne de burla -quién sabe si también de compasión- que de análisis sesudo. Lo sabemos nosotros, y lo sabe él, lo cual es mucho más peligroso

 

Pensaba don Gregorio Marañón que “el alma resentida, después de su primera inoculación, se sensibiliza ante las nuevas agresiones. Bastará ya, en adelante, para que la llama de su pasión se avive, no la contrariedad ponderable, sino una simple palabra o un vago gesto despectivo; quizá sólo una distracción de los demás. Todo, para él, alcanza el valor de una ofensa o la categoría de una injusticia. Es más: el resentido llega a experimentar la viciosa necesidad de estos motivos que alimentan su pasión; una suerte de sed masoquista le hace buscarlos o inventarlos si no los encuentra”.

Sánchez está en esa tesitura. Cualquier interacción es una ofensa personal, y si antes se tenía que ocupar de los del otro lado del muro, ahora empieza a tener trabajo en su parcela. El día que salga del poder su nómina de enemigos será infinita, como infinita será la lista de deudas por cobrar. ¿Realmente creemos que va a quedarse al margen, rumiando la derrota?

¿No es más prudente pensar que seguirá maquinando contra todo, como maquinó contra el PSOE hasta hacerse con él?

Si el sanchismo es la manera que tiene Sánchez de hacer las cosas (definición simple pero eficaz), quizá lo peor del sanchismo esté por llegar.

Alfredo Arizmendi Ubanell. Licenciado en Medicina (UNAV). Licenciado en Odontología (UAX). Master en Comunicación (UPF)

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