Carta de los lectores

De ciclista a peatón, muchas gracias y perdón

Una persona se desplaza con un patinete eléctrico por el carril bici de Sarriguren
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Una persona se desplaza con un patinete eléctrico por el carril bici de Sarriguren
Una persona se desplaza con un patinete eléctrico por el carril bici de Sarriguren

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Eduardo Moral Merino

Publicado el 09/06/2025 a las 05:00

Creo que es bastante evidente que la Comarca de Pamplona está viviendo los albores del cambio en movilidad urbana. Los coches están, por fin, cediendo espacios a las bicicletas, los ciclistas se sienten más seguros y se lanzan a las nuevas ciclo vías para ir al trabajo, de compras o desplazarse por la ciudad en familia o con amigos.

Este cambio es imparable: cada vez más ciudades amplían y mejoran sus rutas ciclables. Cada año hay más campañas en redes sociales y en colegios para fomentar el uso de la bicicleta. Podríamos estar viviendo los inicios de un cambio que ya ocurrió en Países Bajos a principios de siglo. Como nuevo ciclista urbano, me siento entusiasmado por esta transformación. Esta forma de moverme es buena para mi salud - doy fe - y no tocar apenas el coche es bueno para el medio ambiente y para mi bolsillo. Todo es positivo, muchas gracias a todos los que están haciéndolo posible.

Pero no es perfecto, por un pequeño elemento negativo para aquellos con los que compartimos las calles. ¿Los coches? No, porque cada bicicleta es un coche menos en la ciudad. Son los peatones quienes están siendo perjudicados por este crecimiento implacable del número de bicicletas que, antes o después van a cruzarse con ellos. Ya era consciente de ello, y del creciente volumen de tráfico de dos ruedas, por eso soy de los que reduzco la velocidad y señalizo con el brazo mis cambios de dirección… me creía un ciclista urbano modélico, hasta que me he encontrado envuelto en una situación desagradable. 

En uno de los últimos carriles bici que unen Sarriguren y Ripagaina, esos que son tan anchos que parecen calles, coincidimos 4 ciclistas en un mismo recodo junto al que, además, paseaba una madre con su hijo pequeño. En ese momento las decisiones son rápidas, intentas evitar un choque, uno levanta la mano, otro frena en seco… 

El resultado: un susto para el niño. No pasó nada, pero pudo haber sido peor. La madre se quejó brevemente y quizá alguno le dedicó amable saludo, pero nadie se disculpó. Seguimos adelante, reordenados en el carril bici para continuar con nuestro camino. Compañeros de las dos ruedas, compartimos muchos espacios con peatones, más frágiles, por lo que hemos de ser más responsables, respetuosos y precavidos, teniendo en cuenta que empezamos a ser legión.

Peatones, os pido comprensión, a muchos ciclistas aún nos falta experiencia y educación. A la madre y a su niño os pido perdón por aquel susto, porque al final, moverse mejor también significa convivir mejor.

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