"El guiñol político-mediático favorece la presencia de tipejos de tres al cuarto"

Publicado el 07/06/2025 a las 05:00
No aparecen por casualidad. Su entrada en escena responde a un cruce de guiones planificados con el fin de mantenernos en vilo, atentos a esa sucesión nerviosa de pequeños acontecimientos efervescentes que nos crea la ilusión de pertenecer a una ciudadanía comprometida y responsable.
Sin necesidad de bajar a las cloacas, esta clase de personajillos secundarios pululaba siempre a la sombra de los partidos y en sus aledaños. Pero en tiempos mejores de la democracia se dejaban ver poco. Se contentaban con el papel de correveidile multiusos o de lacayo de confianza dispuesto a mancharse las manos a cambio de unas migajas de reconocimiento.
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Ahora salen a la luz y reclaman una recompensa mayor. Ya no aceptan ser pobres diablos al servicio del jefe porque han visto que en la era de los influencers el que no corre, vuela. Además conocen la importancia de elaborar relatos y se ven capaces de construir el suyo propio por encima de partidos, parlamentos, jueces y medios de comunicación. Es verdad que son el síntoma de una putrefacción; pero no de la política, sino de unas artes narrativas que antes estaban al servicio de los sucesos y ahora ponen el centro en los personajes. La videocracia vigente ha descubierto que es más rentable fabricar personajes simples y de trazo grueso que complicarse en argumentos sutiles como la vida misma, porque el ciudadano-espectador de hoy se ha dejado seducir por la vagancia. No quiere historias que desentrañar sino rostros en los que reflejarse. Prefiere retratos antes que relatos. Del mismo modo que el peso de las series en las plataformas descansa en los actores que las pueblan y no en los hechos que narran —tan a menudo de forma desganada—, el guiñol político-mediático favorece la presencia de tipejos de tres al cuarto con tal que sirvan para avivar las emociones polarizadas del público. Al contrario de las épicas del momento que languidecen como piezas desperdigadas de un puzle a medio completar, las caras de estos buscavidas de la actualidad ofrecen certezas. Aunque solo sean las de despertar vivas pasiones a favor o en contra, armar barullo, embarrar la contienda y volvernos cada día más estúpidos. Que seguramente es de lo que se trata.