Un más que delicado equilibrio

"Europa y, dentro de ella, la España que gobierna Sánchez, han de evitar convertirse en rehenes en una confrontación de impredecibles consecuencias entre Estados Unidos y China"

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Editorial DN

Publicado el 17/04/2025 a las 05:00

L A breve nota, sin aderezos de cortesía, con que la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos despachó “la conversación franca” mantenida este pasado martes en Washington por el responsable del departamento, Scott Bessent, con el ministro Carlos Cuerpo ha dejado impresa la huella del malestar que el acercamiento de España a China provoca en la Administración Trump que esgrime la amenaza arancelaria. Un disgusto que el propio Bessent había verbalizado hace una semana ante el viaje del presidente Sánchez a Pekín, equiparando, en este contexto, el refuerzo de los lazos comerciales con el Gobierno de Xi Jinping con “cortarse el cuello”. 

Una advertencia, en su crudeza, impropia de la deferencia diplomática con la que un estado soberano ha de conducirse con otro, en este caso el español, máxime cuando ambos se han venido operando como aliados hasta el disruptivo segundo mandato del magnate estadounidense. Pero una advertencia, también, que describe, aunque sea muy burdamente, el inquietante tablero geopolítico que pretende trazar el sinsentido de la guerra comercial emprendida por Trump. El hecho de que el presidente estadounidense decretara una moratoria en sus intenciones proteccionistas de 90 días excluyendo de la misma los productos chinos y que el gigante asiático reaccionara como solo él puede permitírselo -redoblando el pulso- redefine de facto un marco en las relaciones internacionales que apunta a un duelo banderizo por la hegemonía mundial.

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Europa y, dentro de ella, la España que gobierna Sánchez, han de evitar convertirse en rehenes en una confrontación de impredecibles consecuencias, polarizadora al extremo y llamada a tratar de dar tirones, hacia Washington y hacia Pekín, a unas democracias alejadas del autoritarismo político chino y desafectas hacia las veleidades populistas del trumpismo. La UE y España están en la necesidad de ensanchar sus alianzas económicas. Pero media un trecho entre que Trump sea el responsable del despropósito arancelario y abrazarse a Xi como “socio estratégico” sin calibrar con todo cuidado el movimiento.

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