Deporte y salud

Calorías frente a actitud y estilo de vida

¿Piensas que engordas simplemente porque aportas muchas más calorías de las que gastas?

Javier Angulo
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Javier Angulo

Publicado el 15/06/2026 a las 17:09

¿Eres de los que piensan que engordas simplemente porque aportas muchas más calorías de las que gastas? Desde hace décadas nos han hecho creer que el control del peso es una cuestión meramente matemática. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y fascinante, ya que nuestro cuerpo no funciona como una calculadora. Funciona como un sistema dinámico, inteligente y profundamente influenciado por nuestras acciones, pensamientos, emociones y hábitos de vida.

Cada día realizamos conductas que suman salud y otras que la restan. Hay decisiones que facilitan el adelgazamiento y otras que favorecen el aumento de peso, por su influencia en mecanismos oxidatidos, hormonales, neuronales y mitocondriales. Existen pensamientos que construyen bienestar y otros que provocan desgaste, modificando nuestra química cerebral, generando la secreción de neurotransmisores que favorecen la paz o la adicción y condicionando la forma en que nuestro organismo almacena o utiliza la energía.

También las personas que nos rodean influyen en nuestra salud. Algunas nos ayudan a crecer, nos impulsan a cuidarnos y nos proporcionan equilibrio. Otras generan tensión, estrés y desequilibrio emocional, factores que terminan reflejándose también en nuestro metabolismo “envejeciéndolo” y dañándolo.

Lo mismo ocurre con la alimentación. No todos los alimentos actúan igual sobre nuestro organismo. Hay desayunos muy calóricos que respetan nuestra fisiología, aportan gran parte de los nutrientes esenciales, sacian y favorecen una adecuada regulación hormonal. Por el contrario, existen otros que perturban las respuestas metabólicas, inducen a una resistencia a la insulina y predisponen al aumento de grasa corporal.

Las emociones también cuentan. Algunas multiplican nuestra energía y capacidad de adaptación; otras la consumen lentamente. El estrés es un buen ejemplo. Un estrés puntual, asociado a retos y acompañado de una respuesta positiva, puede movilizar recursos y favorecer un mejor rendimiento físico y mental. Sin embargo, cuando el estrés se vuelve crónico, rumiativo y persistente, altera el equilibrio hormonal, favorece la pérdida de masa muscular, aumenta el riesgo de obesidad y perturba la inmunidad.

La cena, el descanso y los ritmos biológicos tampoco son detalles menores. Hay hábitos nocturnos que dificultan la reparación celular, trastornan el sueño y perjudican la oxidación de grasas. En cambio, una cena adecuada y un descanso reparador permiten regenerar tejidos, fabricar colágeno, optimizar el metabolismo y despertar con mayor energía y claridad mental.

Por eso, más allá de las calorías, resulta fundamental eliminar aquellos factores que deterioran la salud metabólica: el alcohol, el tabaco, los fármacos innecesarios, los ultraprocesados, los azúcares refinados y el exceso de harinas de nula calidad nutricional. Cuando reducimos estas interferencias, nuestro organismo puede recuperar su equilibrio natural y las hormonas implicadas en la regulación del apetito, la energía y la utilización de la grasa funcionan de manera mucho más eficiente.

La verdadera solución no está en contar calorías. Está en transformar el conjunto de hábitos que nos empujan hacia uno u otro lado de la balanza.

El cuerpo escucha todo lo que haces. A menudo pensamos que nuestro organismo solo responde a lo que comemos, pero la realidad es que interpreta constantemente señales procedentes de todos los ámbitos de nuestra vida. La luz que recibimos al despertar, las horas que dormimos, el ejercicio que realizamos, la calidad de nuestras relaciones personales, nuestro nivel de estrés e incluso la forma en que hablamos con nosotros mismos envían mensajes que condicionan nuestro metabolismo. Por eso, dos personas que consumen exactamente las mismas calorías pueden obtener resultados completamente diferentes. Sus hormonas, su descanso, su masa muscular, su salud intestinal, su nivel de actividad física espontánea y su estado emocional no son los mismos. Y el organismo toma decisiones en función de todo ese contexto.

La importancia de la masa muscular. La masa muscular es uno de los grandes reguladores de la salud metabólica. No solo determina gran parte de nuestro gasto energético diario, sino que actúa como un genuino órgano protector frente a la resistencia a la insulina, la inflamación y el envejecimiento. Cada entrenamiento de fuerza es una inversión en salud futura. Mantener y desarrollar músculo no persigue únicamente una mejora estética; significa construir un organismo más eficiente, más resistente y con una mayor capacidad para gestionar la energía.

El papel del entorno. Muchas veces no es la falta de voluntad lo que nos aleja de nuestros objetivos, sino el entorno en el que vivimos. La disponibilidad constante de alimentos ultraprocesados, el exceso de pantallas, el sedentarismo y el ritmo acelerado de la vida moderna generan una presión continua sobre nuestra biología. Incluso vivir con la persona inadecuada te engorda y te enferma, puesto que la secreción crónica de cortisol provoca indirectamente una resistencia a la insulina, daña las hormonas anabólicas, aloca la inmunidad y te deprime. Por ello, cuidar la salud también implica diseñar un entorno que facilite las buenas decisiones y las buenas relaciones personales. .

Flexibilidad metabólica: la verdadera meta. Más allá de adelgazar, el propósito final debería ser recuperar la flexibilidad metabólica: la capacidad de nuestro organismo para utilizar eficientemente tanto la grasa como la glucosa según las necesidades del momento. Un cuerpo metabólicamente flexible tiene más energía, regula mejor el apetito, mantiene una composición corporal más saludable y responde mejor al esfuerzo físico y mental. Para ello debemos respetarlo, ya que una vez estropeado todo se ralentiza.

La transformación auténtica ocurre cuando mejoran todos los marcadores de salud, aumenta la vitalidad, se recupera la fuerza, mejora el descanso, se estabiliza el estado de ánimo y la persona vuelve a sentirse dueña de su cuerpo. Porque el éxito no consiste únicamente en pesar menos. Consiste en vivir mejor.

Selecciona bien tus comidas. Muévete cada día. Cuida tus pensamientos. Toma decisiones que te acerquen a quien quieres ser. Aprende a gestionar tus emociones. Reduce el estrés innecesario. Rodéate de personas que te aporten paz y crecimiento. Descansa profundamente. Cultiva el optimismo. Pinta cada día de tu color favorito y permite que tu organismo funcione como una máquina perfectamente engranada. Y no te peses en una báscula cada día cuyos dígitos no dicen nada importante y pueden predisponerte a generar un estrés innecesario. Y ya sabes que empezar la mañana con más estrés te hará “engordar”.

Aquí no basta con contar pasos o calorías; se trata de rejuvenecer y optimizar el metabolismo. Aplicando todo lo que hemos visto, podrás ayudar a tu cuerpo a funcionar de forma más eficiente, favoreciendo un peso saludable de manera natural, como les sucede a algunas personas que parecen no engordar jamás. El resultado de todas estas acciones será una menor grasa, más músculo, más equilibrio, mucha claridad mental, mayor energía y, sobre todo, mejor SALUD.

Reflexiona. Decide. Actúa. Tu bienestar es la suma de todo aquello que haces y piensas cada día.

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