Cartas de los lectores

Respeto y calidez en Virgen del Camino

Acceso al Hospital Universitario de Navarra, antiguo edificio del Hospital Virgen del Camino
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Acceso al Hospital Virgen del Camino
Acceso al Hospital Universitario de Navarra, antiguo edificio del Hospital Virgen del Camino

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Bruna Guesso Scarmagnan Pavelski

Publicado el 06/04/2025 a las 05:00

Quisiera expresar públicamente mi gratitud al Centro de Rehabilitación del Hospital Virgen del Camino, en especial al doctor Oblare y a la fisioterapeuta Elena Morán Tirador. En cada una de mis visitas he sido recibida con respeto, sensibilidad y calidez. Ese trato se extiende a todos los pacientes que acuden allí. Cada día, mientras espero mi turno en la sección de termoterapia, antes de comenzar las sesiones con Elena, observo los pasillos repletos de historias diferentes, pero similares en esperanza: personas mayores que caminan lentamente, pero con determinación, niños en proceso de recuperación y jóvenes que, así como yo, afrontan secuelas de accidentes o cirugías. Todos acudimos para mejorar nuestra calidad de vida, pero en ese hospital es fácil percibir algo más que la recuperación física.

Se percibe humanidad, cariño y vocación en cada sonrisa y en cada gesto amable de los profesionales que nos acompañan. Particularmente, me conmueve una escena que se repite cada jueves: una joven madre que habla dulcemente en euskera con su bebé, pero cambia al castellano para interactuar con el personal médico. En esos pequeños detalles veo reflejada la esencia más pura de la vida, en su diversidad, cercanía y ternura.

Cuando llega mi turno en el gimnasio, Elena siempre me recibe con una sonrisa, empatía y un profesionalismo que raya en lo quirúrgico, combinando técnica y precisión; lo hace con un cariño que alivia hasta los días más difíciles. Aunque algunas jornadas duelen más que otras, aprendo que ese sufrimiento se convierte en amor por la vida misma. Por su parte, el doctor Oblare siempre cálido, atento, además de muy competente, me brinda confianza y tranquilidad en cada consulta. Por todo ello, mi gratitud se extiende a todo el Centro de Rehabilitación, porque cada pieza humana que lo compone es imprescindible en el camino hacia nuestra recuperación.

Como sucede en el libro 'Las gratitudes', obra sensible y poética de la escritora Delphine de Vigan, percibimos en cada rostro, en cada mano extendida y en cada sonrisa, historias personales que se entrelazan y nos enseñan que rehabilitarse es, ante todo, reencontrarse con la vida.

Gracias de corazón al Centro de Rehabilitación del Hospital Virgen del Camino, por cuidar no solo nuestros cuerpos, sino también nuestra alma y hacerlo siempre con la máxima humanidad.

Bruna Guesso Scarmagnan Pavelski

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