El 2% del PIB en gasto de defensa. ¿Techo o suelo?

Publicado el 05/03/2025 a las 05:00
En la Cumbre de Cardiff (Gales) en septiembre de 2014, los socios de la Alianza Atlántica acordaron que para el año 2024 el gasto en defensa alcanzaría el 2% del Producto Interior Bruto (PIB). En la Cumbre de Madrid en junio de 2022, el presidente español Pedro Sánchez, ante la imposibilidad de cumplir el acuerdo, pidió una moratoria comprometiéndose a cumplir el objetivo para el año 2029.
Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el panorama OTAN, en cuanto aportación económica de los socios se refiere, parece cambiar, de forma que el 2% de Cardiff va a resultar suelo ya que el techo, según el presidente norteamericano, apunta al 5%, tres puntos más que el acuerdo que había hasta ahora y que según los expertos supondría un incremento del gasto en la Alianza de unos trescientos diez mil millones de euros cada año durante los próximos diez años.
La sociedad actual debe entender que las Fuerzas Armadas, la democracia o la Constitución van más allá del efecto que produce su utilización y que el votante tiene que saber que el estado del bienestar lleva implícito el gastar mucho más en defensa, aunque a nivel político se siga escurriendo el bulto en cuanto a la inversión en defensa.
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Conviene señalar que a día de hoy, España figura a la cola de su compromiso con la OTAN siendo su gasto en defensa del 1,28% y que la urgencia europea para aumentar el gasto militar empieza a atrapar a Sánchez, donde sus socios de gobierno no estarían de acuerdo con aportar más presupuesto al gasto de defensa y en contra de la propia OTAN o del aumento de buques estadounidenses en Rota.
Mientras que el presidente del Gobierno español afirma que está en juego la seguridad de Europa, el ministro de Asuntos Exteriores Alvares, reconoce que es impensable alcanzar ya el objetivo de inversión y que es difícil poner fecha a que España invierta el 2% del PIB según lo acordado. Así mismo, plantea la posibilidad de realizar una inversión conjunta en defensa por parte de la UE, algo que muchos de los socios europeos se oponen tajantemente.
Los indicadores no son neutrales, y ver a España en 2025 en el furgón de cola, en cuanto asignación de defensa se refiere, no parece vaya a agradar a Donald Trump.
Los recientes avances han venido reforzando la credibilidad de España como aliado, pero para continuar progresando paulatinamente hacia el objetivo acordado tendría que alcanzar el 1,39% del PIB en 2025, pasando de los diecinueve mil setecientos veintitrés millones de euros en 2024 a veintiún mil quinientos sesenta y cuatro millones, y reconducir el incremento presupuestario en los años siguientes para poder llegar al 2% del PIB prometido para 2029, considerando ese porcentaje como techo de gasto, cifra que se antoja como suelo ya que incluso el secretario general de la OTAN Marck Rutte ya apunta hacia un mínimo de gasto por encima del 3%.
¿Pero el 2% del PIB resulta una cifra muy alta? Conviene indicar que, en el caso de España, el presupuesto que se dedica a Educación gira en torno al 4,7% del PIB, con lo que estamos hablando de un gasto en defensa equivalente al 43% del gasto en Educación.
A la vista de lo expuesto, no cabe ninguna duda de que la UE se acaba de topar con uno de los momentos más complicados de su historia. La necesidad de alcanzar una independencia defensiva y de no requerir a su socio estadounidense ha quedado patente en un momento en el que la administración Trump ha dejado claro que Europa debe defenderse por sí misma, porque EE UU no va a estar siempre ahí.
Hay que señalar que el esfuerzo en defensa para cada país conlleva una vara de medir muy distinta y controvertida ya que evalúa el esfuerzo económico que hace cada nación, pero no refleja sus capacidades militares reales, como, por ejemplo, si disponen de barcos o capacidad de producción estratégica.
Va a ser necesario gastar bien el dinero en defensa y dimensionar mejor las estructuras de gestión y el personal necesario para sacar rendimiento a esas inversiones.
Finalizar recordando al filósofo italiano Nuccio Ondine que sostiene que, en el universo del utilitarismo, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía y una llave inglesa más que un cuadro, ya que es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para que puede servir la literatura o el arte. Y alguno se preguntará ¿para qué vale la defensa?.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional