Con Ucrania más que nunca

Publicado el 25/02/2025 a las 05:00
La “gran traición” que reprochan los ucranianos a Trump no significa que el país invadido por Rusia se haya quedado solo. El día en que se cumplieron tres años del comienzo de la operación relámpago con la que el Kremlin pretendió eliminar a Zelenski, la Unión Europea viajó a Kiev junto a significativos aliados como Reino Unido o Canadá para reafirmar su compromiso político con todo lo que Putin pretende arrasar, ahora con la complacencia estadounidense: la integridad territorial de un país democrático que hace más de una década dejó clara su voluntad europeísta en la plaza del Maidán.
En fecha tan señalada, Bruselas quiso respaldar sus palabras de solidaridad con el anuncio del próximo pago de 3.500 millones en el marco de la ayuda plurianual a Ucrania. Un sustento imprescindible para la supervivencia de esta nación a la que la guerra ya ha arrebatado a miles de combatientes y civiles, además de los ocho millones de desplazados a otros países que sin duda aspiran a regresar, y a los que estimulará el anuncio de que la entrada en la UE podría producirse antes de 2030 si prosigue el ritmo de las reformas exigidas. La Unión quiere así trasladar esperanza al futuro Estado miembro. Un impulso que los Veintisiete han de aplicarse también a sí mismos ante la decisiva cumbre extraordinaria del 6 de marzo, en la que Europa deberá decidirse a encarar su propia seguridad.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
Que pasa por respaldar a Kiev y acompañarla para sentarse en la negociación para terminar con la guerra y conseguir garantías contra Putin. El reto exige a los socios comunitarios apuestas presupuestarias y políticas. Los 1.000 millones comprometidos por Pedro Sánchez precisarán aprobar las nuevas Cuentas públicas; y la justificación del gasto generará incomodidad dentro del propio Gobierno. La encendida defensa de la autonomía estratégica enunciada por el próximo canciller alemán, Friedrich Merz, tendrá que acompasarse con una OTAN tensionada por la desestabilización trumpista.